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05 Jul 2008
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Adán miró a Eva, llegó la serpiente, de Janis Hagen |
Adán miró a Eva, llegó la serpiente, de Janis Hagen
Penumbras...
Esperaba su llegada con ansiedad. Se preparó para la ocasión. Un buen baño. Una pizca del perfume que compró en la farmacia y que cuida como si fuese verdaderamente francés. La ropa interior no era nueva, pero eso qué importaba ahora. Una camisa de hombre completaba su vestuario. Puso un pañuelo sobre la lámpara del living y otro en el velador del dormitorio. Sacó el vino blanco helado, que había comprado el día anterior. Dos copas. Un cd de Sandro, que repetía constantemente el mismo tema: ‘Penumbras’. Y el desodorante de ambientes con perfume a rosas, infaltable.
Todo estaba calculado. Todo estaba bajo control.
Él se miró unas mil veces en el espejo. Le salió un grano en la frente; no pudo evitar apretarlo, luego lo cubrió de talco tratando de disimular lo indisimulable y acomodó un mechón de su cabello tratando de taparlo. No sabía como quitarle brillo a su grasosa cara, asi que decidió que lo mejor era una fina capa de ese talco, como si fuese polvo volátil para maquillarse. Se volvió a mirar al espejo y se abrió la camisa para darle un toque de informalidad a su vestuario. Se olvidó del desodorante y de la colonia para despues de afeitar y así, salió con su palidez y su ansiedad por estar con ella. Justo cuando iba a tocar timbre, se le ocurrió que tal vez esto era una locura y que lo mejor era volver a su casa y quitarse el talco de la cara porque ya le estaba picando. Pero ya estaba ahí. Y si ella lo había visto?
Ella mientras tanto, decidió que era mejor maquillarse un poco, y ya que estaba iba a ponerse algo más decente; a ver si él se imaginaba cualquier cosa. El vestido azul que usó para el casamiento de su primo, era ideal.
Él temblaba tanto que no podía contener las ganas de salir corriendo. Y lo hizo. Llegó a su casa agotado y se lavó la cara blanca. Se tiró en su cama y lloró hasta quedar dormido.
Ella, desolada, bebió de las dos copas, se sentó a llorar, luego se ahorcó.
... y el maaaarrrrr se sintióóóóóó celosooooooooooooo...
Lázaro se levantó y andó...
... Y de repente Lázaro se levantó... y vio que se repartían sus ropas... su tienda... sus animales... sus tierras... entonces, decidió matar con sus propias manos a aquél que lo sacó de su apacible sueño... a aquél que repartía bondades sin que nadie se lo pida... a aquél que repartia sus ropas... su tienda... sus animales... sus tierras... buscó y buscó en la guía de teléfonos, hasta dar con el dr. Frankenstein quien le informó que aquél a quien tanto buscaba había sido asesinado por la mafia... entonces Lázaro abatido por su ira, viajó al lugar donde suponía se encontraban los mafiosos de los que había hablado el dr. Frankenstein... Y se encontró con un hombre pequeño y de sonrisa estúpida que llevaba un gran bonete y capa colorida... -Se lo que buscas, hijo- dijo el hombre disfrazado, -Pero yo no soy el jefe, Él ordena, yo obedezco-... Y fueron estas palabras las que sacaron de quicio a Lázaro... Entonces sacó una Smith & Wesson y la descargó en el pecho del pequeño ridículo. (Se supone que este fue el primer atentado contra un papa)
Evas, Adanes, y...
Eva le ofreció la manzana a Adán y éste, desconcertado, miró a la serpiente como preguntando qué debía hacer... Entonces, Eva le dijo:
-Ok, si prefieres la comida de tu mamá puedes quedarte con ella...
Adán, miró a Eva... Luego a la serpiente... Luego a Eva... Luego a la serpiente... Y eligió la manzana... Deliciosa, sabrosa, jugosa... Y cayó rendido a los pies de Eva, que al verlo en esa humillante postura le dijo:
-No creas que esto será siempre así... si quieres otra manzana tendrás que ganártela...
Y fue así como Adán terminó sus días trabajando en Macintosh... la empresa del padre de Eva.
Antes de que cante el gallo lo pasábamos mejor en la disco... (La negación)
"¿Tú darías la vida por mí? En verdad, en verdad te digo: No cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces. Juan 13,38
"(...) Entonces empezó a echarse sobre sí imprecaciones y a jurar que no había conocido a tal hombre. Y al momento cantó el gallo. Con lo que Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho (...). Y, saliéndose fuera, lloró amargamente." Mateo 26, 74
Jesús: - Y antes de que cante el gallo, me negarás... Pedro: - No te negaré... Jesús: - Sí, me negarás... Pedro: -No, no te negaré... Jesús: -Te digo que me negarás... Pedro: - Que no te negaré... Jesús: - Lo harás, me negarás... Pedro: - No lo haré... Jesús: - Sí lo harás... Pedro: - De ninguna manera lo haré... Jesús: - Debes hacerlo... Pedro: -Y por qué debería...? Jesús: - Porque así está escrito... Pedro: - No estoy de acuerdo con esa parte... Jesús: - No importa si no estás de acuerdo...!!! Pedro: - No lo voy a hacer!!!... Jesús: - Mira, pedazo de... lee lo que dice aquí... Pedro: - Ya lo leí, pero prefiero improvisar... dejarme llevar... Jesús: - No puedes improvisar, es una falta de respeto al autor!!!... Pedro: - Qué importa que quiso poner el autor, creo que ahí se equivocó, de ninguna manera te voy a negar, yo sé bien quien sos y lo tengo bien claro desde el comienzo...!!! Jesús: - Aqui dice bien clarito... antes de que cante el gallo...!!! Pedro: - Sé lo que dice, pero no tiene sentido...!!! Jesús: - Arruinarás la historia...!!! Pedro: - Ah, no lo puedo creer... Escúchenlo... ‘arruinarás la historia’... te crees dios, imbécil...!!! Jesús: - Te mataré bastardo..!!! Pedro: - Cómo te atreves a llamarme bastardo...??? Quién es más bastardo de los dos... O no leíste el libro... Bastardo...!!!??? Jesús: - Sos un hijo de...!!! Pedro: - Y tu madre...!!! Jesús: - No te metas con ella...!!! Pedro: - No fui yo quien se metio con ella... Bastardo!!!...
Y fue tal el escándalo que el director rompió lo escrito y se alejó, tal vez buscando otro rumbo, no sin antes rescatar al pobre gallo que se durmió esperando su parte... Se supo también, que el autor se fue con los Hare Krishnna... Luego se perdió su rastro.
Vómitos...
Uno vomitó una bota, el otro una medalla, uno más vomitó estrategias, otro de por allí juró que su vómito tenía ritmo marcial. Solo uno que miraba vomitadas ajenas, pudo vomitar sonrisas mientras gritaba: estoy vivo cabrones...!!!!!
La luz...
A ver dijo un ciego... Y vio... Sorprendido caminó hacia la luz deshaciéndose de su bastón ya inútilmente blanco. Cuando llegó a la luz lo encandiló de tal manera que lo encegueció. Mientras tanto, desde un rincón, su bastón sonrió irónicamente recobrando su blanca utilidad, pero él no pudo verlo.
El hechizo...
Buscó en un hechizo lo que creía inalcanzable. Con una extraña lista en sus manos, comenzó la desesperada búsqueda: una uña del dedo meñique de un anciano bengalí, cinco pelos de piel de tigre albino, una lágrima de hada envuelta en un pañuelo de seda azul, el colmillo de un vampiro de baja estatura, la risa de un pez espada del mar Mediterráneo, una piedra de la luna delicadamente molida con los dedos pulgar e índice, los ojos de un ciego de nacimiento... y así continuaba la extensa lista que parecía no finalizar nunca. La leyó una y otra vez. La leyó tantas veces que sus ojos se nublaban y su memoria flaqueaba, debía comenzar desde el principio. Fue tal su impotencia ante semejantes pedidos, que se sentó en una piedra junto al arroyo verde y comenzó a llorar sin dejar de mirar la extraña lista. Y ocurrió lo previsible, las lágrimas borraron cada una de las palabras que allí tenía escritas. Todo fue una mancha púrpura y deforme. Sintió que el dolor se apoderaba de cada uno de sus poros, sintió la cercanía del final inevitable. Perdió la noción del tiempo y del espacio. No entendía si estaba realmente sintiendo este pesado abatimiento o solo era una traidora pesadilla la que lo invadía. Se arrepintió de haber pedido la siniestra y tramposa lista. Se arrepintió de haber llorado sobre ella. Pero ya era demasiado tarde. Y cuando el sol negro se puso... Decidió hundirse en el verde arroyo. Y se hundió, se hundió tan profundo que llegó a la ciudad sumergida... Era un sitio bellísimo, increíblemente dorado, tan dorado que lastimaba los ojos. Se sintió completamente atraído por esa dorada belleza y avanzó caminando, como se camina en el agua... Lento... Muy lento... Como en un sueño... Lento y suave...
- Doctor, Bermúdez...!!! Venga urgente por favor...!!! Ha regresado...!!!!
Fábula...
C, el oso... se acercó al panal... y una abeja, que por lo vieja era la reina, seguro, trató de clavarle su aguijón. Pero C, el oso, que sabía más por sabio que por viejo, la agarró. Es decir, le dió con su garra. Y la reina, sucumbió. No murió, sucumbió, que no es lo mismo en este caso. La tonta se enamoró. Parece que al tenerlo tan gigantemente cerca, prefirió regalarle su miel a aguijonearlo. Y C, que no sabía de sus intenciones, abrió su enorme boca para gruñirle y sin querer se la tragó. Horas después, la cagó en el bosque.
El pedido...
Ella se acercó a la barra y pidió una margarita. El cantinero sonrió y dijo: - Amén. Hizo un pase mágico y le dió la flor que ella colocó sobre su desordenado cabello. Ella lo besó provocativamente y en un susurro dijo: - Ahora te quiero a vos... El cantinero sonrió y dijo: - Amén. Hizo un pase mágico y se perdió dentro de ella. Nadie volvió a saber de él y ella no pudo pedir más.
Leyenda...
La acción transcurre en un pequeño pueblo de algún lugar. Un día cualquiera. A una hora incierta de la tarde...
El muchachito le daba a la pelota sin descanso. La vecina lo puteaba. La siesta era más sagrada que la estampita desteñida del santo que tenía sobre la puerta de su casa.
Al pibe le importaba tres carajos... pumm... pummm.... pummmm... El cabrón le daba más y más fuerte y las chapas de la casa parecían bombas de estruendo.
Las amenazas cambiaban de intensidad:
- Voy a decirle a tu viejo y ya vas a ver pendejo...!!! - Te voy a pinchar la pelota...!!! - Te voy a cortar las pelotas...!!!
Y nada... el chico devolvía cada reprimenda con un tremendo patadón. Las casas se elevaban del suelo ante cada furioso puntapié. Y de pronto, sin que nadie entienda cómo, las casas quedaron suspendidas en el aire. El jovencito, boquiabierto, se acercó y con esa curiosidad que nadie podría haber evitado, se deslizó por debajo. No se sabe bien cuantos años pasaron luego de aquel extraño incidente y según se dice en el pueblo, el pibe nunca más volvió. Aunque algunos aseguran que el chico en realidad era mago, otros afirman que fue el 10 más famoso del mundo.
La escupida...
Desde el andamio todo se veía diminuto y los colores se alteraban al punto de parecer sepiados. No podía evitar sonreír desde allí mientras pensaba: “si te escupo creerás que tal vez empezará a llover... A ver si aquello de la velocidad es cierto... Entonces te partiría la cabeza o te sacaría un ojo. No, mejor no hacerlo, no podría vivir con eso. Aunque ganas no me faltan, lo juro”. Y el tipo escupió. Luego se asomó con esa culpa del que sabe que se mandó una cagada; pero ya estaba. El gargajo no tenía retorno. De pronto se escucha tremendo estruendo y nuevamente el asomar culposo fue inevitable. Pudo distinguir, con gran esfuerzo, que un gigantesco hoyo en la calle se tragaba automóviles, transeúntes, un camión cisterna, partes de una casa, un patrullero, la librería, un colectivo y todo lo que hasta hacía instantes se encontraba cerca del agujero. Luego el típico segundo de silencio desconcertante envolvió la zona. El tipo quedó petrificado y a punto de llorar. No sabía si bajar a entregarse a las autoridades luego de haber hecho semejante pelotudez y provocado tan trágicas consecuencias. No sabía si tirarse desde el andamio para que también lo tragase el agujero. No sabía si dar gracias al cielo por el poder de su saliva. No sabía. Y nunca supo porque el pánico le impedía saber. Y eso que le dijeron miles de veces que sólo fue una tapa de gas que saltó por el aire. “Delirio salival paranoide”, sentencia su história clínica. La cosa es que hoy el tipo, para evitar catástrofes, no escupe ni los carozos de aceituna y traga su saliva como si fuese agua bendita o lo contrario.
La musa...
El poeta le pidió: - ... déjame ver tu noche... Y la musa le arrancó lo ojos...
> Aki van correo de janis
de Janis Hagen
a 30 de Mayo 02, del tiempo de atrás de poesiasalvaje
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