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29 Aug 2008
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De: Narca Azul, Diego, ana paciello
Oración. Tiento a ciegas la luz, rogándole al reloj una tregua ungida en sudor, que desplaza el tiempo como la sangre entre el cristal litúrgico y la música de las moscas
Entrando a saco en el laberinto de las astillas gimiendo por la lascivia esmalte de tu rostro, cayendo atravesada en el gran vértigo apéndice donde nunca amanece.
Los invidentes hurgaron entre mis grietas de mármol epidérmico que me cierran la boca, con fragancia a madera y papiro, me enfrento a la cicatriz invertida de un pasado no escogido.
Solamente la luz de tus ojos prenatales y el desnudo neutro de tu boca violácea insinúa el erotismo de la cremallera que abre tu piel como quien abre una herida
Escrito en el agua de algún timbre, habita: los astros no se alinean a nuestro favor…
y ya no me queda sitio sino tiempo…
.... Debió ser en esa arteria de vidrio prohibida que evoca placebos hechizándome toda, enganchada por el alambre del intenso deseo en el silencio de una cajas de cerillas...
Las mañanas en tu boca saben a musgo salvaje entre tu subterráneo y el péndulo de las Vegas. Masturbándome en la nieve hasta que vengas puesto de junio y de himnos gitanos hasta las cejas.
Debió ser en esos líquidos antiguos que se descuelgan por tu mirada de huella, despierta la piel, que escuece de pasado violado, la mano izquierda aprieta la válvula vertida de anhelos terracotas...
El yodo sobrevivido y azul escuece al metacarpo, y tú me hablas presocrático, del sentido de los vértices yo susurro la clave que esconde el poso de un tiempo intenso de café, rescatado de entre mis ojos de almacén.
Ya estuve allí, navegué por miméticos helechos, me atravesé con alfileres oxidados de acera, mordí al reptil que duerme junto al sonido de un casi silencio y puse el corazón en las uñas para arañar de frente al espejo, para esconder las manos calcinadas de voz.
Ahora bailo la danza de los 18 temblores sobre el calendario de mis fobias, postrada en el balcón inmortal de la lengua del sueño que envuelve tu alfombra-espalda de medianoches, escoriada de quebrantos ...
... y luego están los molares descolgados que gritan mojados en el humo de un silencio: -tengo una caja de cerillas- …
¿Ser?. Cuerpo extraño regurgita lágrimas de sangre infante, mente partida en la esquina del Boulevard de la demencia intensidad descreída en un mar de óxido, parido con el coño manchado de la tierra mordida.
Asfixia el eco de esa Siria come injertos, que desnuda las gentes y disfraza mi ser descargado el revolver de cabello enmarañado, Mayday Mayday exfolia mis adentros...
Y Llegan los ángeles por la izquierda de mi axila y me aplican amarilla metadona de metal. directa a la vagina con puntas de aire, tu huella, en mis entrañas vírgenes.
Despliego mis tímpanos para que me grites suave, debí ser la traficante reparte rojos más puta de todas las esquinas interrogantes.
Cesa la música justo cuando empieza el baile
Debí Ser Ser.
Stop. Te escondías entre el lenguaje especial de los suicidas, mordiendo párpados a la rareza partida Recuerdo el barro seco, sin marcas de viaje, estrangulando el frío de las mañanas ciegas.
Dibujando legañas en el metálico sueño de los malditos desgranando dedo a dedo la escoriada vertical de la columna que rota en trazos sin gracia matemática, busca prymer en el coma de la incertidumbre.
La radio me grita aquella canción de los Pixies, y en la calle lloran tréboles, uñas y cerrojos de antiguos burdeles. Sigo mirando, con los ojos de ver, apretando el vientre contra todo pronóstico, lanzando cuchillos desde el cajón de mis bragas,
Y en la radio siguen gritando: Sssssssstop...
Narca Azul
¿Quien ganó la partida de la vida? ¿El que arrancó llantos, brazos, piernas, cabezas y regaló miseria a este mundo ya miserable? ¿O el que arrancaron de su tierra y resiste en sus adentros? ¿El que lee discursos preparados por miles de sirvientes, carroñeros y demás burda gente? ¿O el que escucha y sabe que mientes y sigue durmiendo incorrupta su mente? ¿El avaro que extorsiona y distorsiona que no tiene nunca suficiente? ¿O el humilde que disfruta de lo ganado con el sudor de su frente?
Todos perderemos la partida de la muerte pero sólo algunos ganarán la partida de la vida
Diego
...“por su radiante atmósfera de luces que oculta mi conciencia derramada, mis alas rotas en esquirlas de aire, mi torpe andar a tientas por el lodo; lleno de mí –ahíto- me descubro en la imagen atónita del agua,”…
José Gorostiza
un texto
-¿Qué hacés ahí sentado?, te estuve buscando.
-Hay Mariano, no sabes lo que pasó.
-Por la cara que tenés, debés haber visto un fantasma.
- No, que es serio.
- Bueno hablá, ¿qué pasó?
-Te cuento, pero no me interrumpas. Esta mañana llegué temprano, preferí venir hasta acá, estar cerca de la orilla, antes de ir al bar. Se ve que estaba muy concentrado en lo mío porque no lo ví llegar.
-¿A quién?
- No se, te dije que no me interrumpas, me llamó la atención porque traía una copa en las manos, de esas largas, elegantes, y la llenó con el agua del rió, pensé que se la iba a tomar, y también pensé, que le iba hacer mal el agua contaminada. Pero no, la puso sobre la arena, y empezó mirarla, descubriendo los destellos del cristal y la turbia transparencia del agua. Después susurraba para sí, lo primero que dijo fue una frase parecida a una canción de los Redondos de Ricota, esa de la epidermis, ¿te acordas? …“Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”... No, no era así, parecida.
El tipo miraba la copa, el río, las olas que hacían los barcos, las nubes, chapoteaba y se dejaba caer sin peso en la arena mezclada con barro. Hablaba de tal manera, que no podía dejar de escucharlo Su voz olía a canela, si, canela como la que le ponía mi abuela al arroz con leche. Y era tibia, su voz te abrazaba al escucharlo. No le entendía mucho, lo decía en difícil, sus palabras eran como una explosión de vida, como un gol de Central.
- ¡Eso es mucho decir.!
¿Qué paso después?, ¿qué más dijo el tipo?
-Ya me oíste. Su voz, toda su voz, un resplandor de especias, una melodía de rojos saturados.
- Pará un poco, estas divagando, ¿de qué hablás?, no se te entiende nada. ¿Para donde se fue el hombre?
- No sé, llegaste, y ya no estaba.
- ¿Sabes qué Tito? ¡Lo soñaste! te quedaste dormido y lo soñaste.
- ¿Pero que decís?, si aún sigo sintiendo el olor de canela y río.
- Sí, sí, pero vamos, levantate, un café doble te va aclarar el olfato.
El
Él dice "su" y no "la", el "su" dice de algo de un ente, un espacio, no se, algo si dijera "la" seria otra cosa, no entiendo bien pero él dice “su radiante” ¿cómo lo pudo decir así? tan simple, decir “su radiante” “por”, dice “por”, dice “por su radiante” pensándolo bien, dice que por su culpa. Sí, una culpa radiante, ¿no? pero no dice nada de culpa dice “por su radiante atmósfera”. Si, dice “por su radiante atmósfera” dice de una atmósfera radiante digo, ¿estaría contenta y radiante esa atmósfera?, no. Dice “por su radiante atmósfera” no dice ni contenta ni triste él dice “de luces”, sí, “dice luces” dice “por su radiante atmósfera de luces” repito ¿Cómo lo pudo decir así? “por su radiante atmósfera de luces”
ana paciello
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