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05 Jul 2008
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de: Conchi Moya, Raffaello, iobash, eterno, alfonso, llovizna, Victoria Guerrero
Hay una pequeña isla en la costa de Dajla (antiguo Villa Cisneros), llamada Isla Herne o Isla Truk. No muy conocida, en el tiempo en que los saharauis vivían en paz en su tierra era visitada por pescadores que recalaban en sus ricas y cristalinas aguas.
Quedé muy intrigada cuando escuché hablar de la Isla Herne, una joya al lado de la bella Dajla, la península amada, adonde llegó el famoso viajero Hannón. Nuestra amiga Maribel nos habló de sus recuerdos de niña de la isla mágica donde acampaba con su padre y vivió emocionantes aventuras.
Pero Isla Herne sigue hoy para mí envuelta en el misterio. Cuentan que la “Cerne” a la que se refiere el viajero cartaginés Hannón en su libro de viajes se corresponde con nuestra pequeña isla. El lo dejó escrito en su famoso "Periplo", donde afirma que construyó en el S. IV a de C. un edificio comercial en lo que sería la primera colonización del Sahara.
El periplo de Hannón fue un viaje de exploración que recorrió gran parte de Africa. Según el relato que del viaje dejó Hannón la flota partió de Cartago; entre cabo de Espartel y cabo Bojador se fundaron siete colonias y continuaron hasta llegar a un brazo de mar que llamaron "Cuerno Hesperico" desembarcando por un día a una isla denominada Cerne en el relato, enclavada esta última en la isla hoy conocida como Herne por los saharauis.
Este es el relato en palabras del propio viajero: "De día sólo veíamos bosque y más bosque, pero por la noche se encendían muchos fuegos. Oíamos el son de los tambores, las notas de las flautas y los címbalos y muchos gritos. El aire estaba lleno de perfumes. Los arroyos de turbulentas aguas se vertían ruidosamente en el mar. A causa del calor sofocante no podíamos desembarcar (…) Tras tomar a algunos lixitas como intérpretes navegamos hacia el sur a lo largo de la costa del desierto durante dos días y después un día más hacia el este y encontramos una islita de cinco estadios de circunferencia en el extremo más lejano del golfo (¿cercana al delta del río Senegal?). Nos establecimos allí y le llamamos Cerne. Por nuestro viaje consideramos que el lugar estaba completamente opuesto a Cartago ya que el viaje desde éste a las Columnas y desde éstas a Cerne era completamente semejante”.
Para finalizar esta evocación de la isla añorada, en la que sin embargo nunca he estado, sacamos esta definición del libro "Estudio general del Sahara", escrito por Eduardo Munilla Gómez y editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, en su colección Instituto de Estudios Africanos, IDEA, en 1973 en Madrid y en 1974 en El Aaiún. El libro está agotado y descatalogado, pero se pueden consultar dos ejemplares en la Biblioteca Nacional en Madrid. “La bahía de Río de Oro tiene la forma de un pez que se hubiese internado en tierra, con la cabeza en el fondo y con su ojo constituido por la isla de Herne y la cola sobresaliendo al océano. Su entrada tiene una amplitud de cinco kilómetros, siendo su anchura máxima de diez y su longitud de unos cuarenta. Su profundidad, en general, es pequeña. En el fondo de la bahía se encuentra la isla de Herne, que es una roca en forma de rampa ascendente, con bordes escarpados y con unas dimensiones de mil por doscientos metros”. Conchi Moya POEMARIO POR UN SAHARA LIBRE
La casa de Zarumilla Otra vez la cocina amanece vacía, repleta de sí misma. Unas migajas de pan tiradas en el suelo anuncian la muerte de la gata. El animal no ha cesado de lamer la mano del amo. Su aullido se oye a lo lejos, bajito, desde un lugar oculto, atrapado por el tiempo.
El techo de la sala cae un día tras otro, un día tras otro, pero buscar el alimento diario siempre es anterior a todo derrumbe. Dentro de su propia esfera, el amo da vueltas con los abrazos abiertos y lee un libro de Mester Eckard. Recuerda a la gata huyendo de toda luz, escondida detrás del neumático de un auto descompuesto.
La poesía es ese verso loco de la carencia. Un insecto acurrucado sobre su propia cabeza mientras agoniza detrás de una pared derruida. Este es el gran engaño de lo real: abrir el congelador inservible y besar en los ojos al animal que chilla cada vez más bajito.
Despertarse junto a la poesía y no encontrar nada sino el papel en blanco como los ojos blancos de la gata. Hay que abandonar el cuerpo, extraviarlo, para que brote un verso como un alimento del padecimiento. Un verso que nos hunda bajo su resplandor de fuego. Un verso para aplacar la miseria.
Arrastrándose de espaldas a la Av. Perú, la gata impide el tránsito limpio de miles de autos que glorifican la velocidad. Pronto, la eterna angustia del derrumbe y el porvenir se encadenan. El amo persigue al animal abriendo la niebla con sus brazos. El eterno basural de las esquinas es el refugio del hambriento.
Sin embargo, el techo sigue cayendo, multiplicando infinitamente su caída. El cielo devorándose a sí mismo. Al fin, sólo llueve polvo dentro de la casa. Amo y gata, mano y amor extendiéndose. Brazos que mecen al animal como a un recién nacido. La poesía sirve para esto, ¿no, Enrique?
porvenir
he viajado toda la noche hacia un país cuya lengua desconozco y se han abierto profundas heridas en el seno de mi madre
estoy amargada contrita rezo en el pabellón de los condenados mientras el invierno me envuelve
esposo mira la oscura edad de dios se ha abierto ante mis ojos he puesto sal en mis párpados porque la luz del futuro me cegaba
la sangre que ha caído de mis ojos ha quebrado el invierno la he saboreado con el filo de mi lengua y he temblado al sentir mi propio ardor como en otro tiempo el ardor de la palabra que se astillaba en nuestros labios
amor mío hunde tus dedos torcidos en mis ojos de cera recuesta mi rostro ensangrentado bajo la lengua de un animal sediento
quiebra tu también el invierno pues sobre mi cuerpo he dejado hartas huellas de este inmenso dolor
Victoria Guerrero El Perú
Bordan las teclas, reciben en su cauce un silencio anhejo, y se esfuman en la noche, cuando apenas es una larga espera el cantar inquieto de los amantes ... Se pasean por el teclado, sin guardar las ansias ni los colores remotos que tuvieron: son los àngeles inspirados que vienen a buscar sus alas en las tabernas cuando se hace màs larga la madrugada en el ojo de la soledad... Sus suenhos empinados, sus alas rotas, y un punhado de polvo en las lineas de la mano, polvo de astros vìrgenes, desintegrados en sus màs ìntimas pasiones... Sì, son ellos, son los àngeles inspirados: se arrastran entre sospechadas lunas y vìas làcteas de un cosmos recièn alquilado... Huyen de los candiles que se mecen en las calles desiertas, y entran en los teatros, se sientan al piano improvisando una sonata sublime, y se oye un divino gotear de notas filtradas por las constelaciones de la armonìa, casi podrìan llorar un llanto de humedad calcàrea en los ojos... Luego se levantan del piano, saludan al pùblico que les tributa un largo aplauso, y dejan sus partiduras vacìas en el palcoescènico... sin que nadie entre el pùblico se atreva a reproducirlas.
Firenze, 22 giugno 2006 Raffaello
barcelona en el 2003
Recuerdo ciertas escenas de Barcelona. salir de la habitación abandonando a mis compañeros de viaje, comprar efedrina en la farmacia más cercana y consumir tres o cuatro pildoras de golpe.
en aquel cuarto dejaba a la mujer con la que me enrrollé pocos meses antes y con la que no podía hablarme puesto que ella había conseguido minar toda mi seguridad gracias a su incertidumbre tan poco acertada en una época en la que yo como siempre estaba desorientado y emocionalmente inestable.
el caso es que corría fuera de ese espacio lleno de ella y de sus amigas con las que no me llevaba y otra gente con las que charlaba agusto más o menos pero que no me interesaban, corría puesto de efedrina cerca de la estación de Francia, hacia unas calles llenas de graffitis espectaculares, verdaderas obras de arte urbano, y la calle estaba oscura, no era una de esas calles transitadas pero creo que recorrí cierta parte pensando a máxima velocidad procurando no recordar nada en absoluto.
en nuestra habitación donde convivíamos 18 personas había una americana interesante que no conocía y no estaba relacionada con Paula, la piva que me destrozaba con solo mirarla, comía manzanas y siempre la veías cepillandose los dientes, tenía por lo tanto una dentadura perfecta e irradiaba una amistosa armonía.
con tanta efedra en mi sangre no pude más que tener un pequeño ataque de ansiedad por lo que la dejé a un margen junto al resto de los habitantes y me dirigí al pub más cercano. aun teniendo 17 años me servían buenos whiskys a 5 euros la copa y yo observaba a las parejas y a los habituales tan acomodados en su zona. exclusivamente hablaba para pedir otra ronda.
en otro momento sucedió algo horrible. yo estaba con los compañeros de viaje en aquella habitación tan insoportable y había encontrado una botella de johnny walker en Chamartín justo antes de que cogieramos el tren hacia Barcelona, probablemente de un botellón en las puertas de la sala Macumba esa misma noche, yo me apropié de ella pensando que la necesitaría más adelante y estuve en lo cierto, aquella noche que la necesité fue la noche horrible en la que alguien tenía marihuana y yo fume bastante después y durante las copas de walker con cola, terminé en el balcón con una amiga de esta chica, de Paula, líandome con ella aunque a mí no me gustaba en absoluto simplemente creí que si la besaba a ella estaría en realidad besando cierta parte de la vida de Paula, chorradas. lo hice por despecho.
guardo aún así ciertos recuerdos muy buenos de aquel viaje, en concreto el viaje de vuelta a Madrid. en la cafetería del tren por la noche yo comencé a beber jack daniels solo porque era lo único que servían como whisky y mis compañeros jugaban a las cartas y hablaban y yo discutía con ellos hasta que finalmente me aburrí y no sé cómo me pasé a la cerveza en repetidas ocasiones comprando en aquella barra de bar del vagón restaurante, y me parece que fue a la quinta vez que un señor me dijo eh te invito a una cerveza y yo acepté encantado porque me lo merecía y me estaba quedando sin dinero, agradecido por su ofrecimiento charlé con este hombre que iba a Zaragoza desde Bélgica para ver a su primo, él era egipcio, al rato se nos unió un brasileño y entre todos nos costaba entendermos pero joder, lo hicimos, la cerveza ayudaba y todos teníamos una historia de verdad que contar, aunque terminasemos hablando de dios a las 6am, faltaban dos horas para llegar hasta Chamartín pero yo no podía más y me fuí a dormir, mis compañeros ya estaban allí, creo que desperté a alguno, pero no importaba pensé que por suerte acepté la invitación a aquella cerveza y aseguro que eso salvó aquel viaje tan suicida.
barcelona en el 2003 iobash
La sociedad del soslayo
El silencio que habla Y no dice nada devora nuestras vidas
las miradas Y no dicen nada
nos consumen
Dime que tienes Y te diré quien eres
Bienes inmuebles
Dime que quieres Y te diré que tienes
Lujo, confort
Cuanto más quieres más tienes
LA SOCIEDAD DEL SOSLAYO
Cuanto más tienes más debes
QUE NO DICE NADA
Dales el 99% y quédate con la vuelta NADA, NADA.
Eterno
vosotros vivís cuando buscáis respuestas amáis cuando miráis al fondo y sois personas cuando entráis en los demás y tendréis todo si dais todo
alfonso
* Re: he arrojado mi corazón por ladera de azul cielo
Me arrastro. Me levanto con el cansancio en los párpados, como corteza, doliéndome de pena. Voy a tientas a la habitación del niño. Hago el biberón mientras tropiezo con las esquinas de la mesa y los armarios y el niño llora, enloquecido de hambre. Por fin me siento en el sofá y le doy el biberón. Pongo el telediario. Alguna matanza. Algún aniversario de la muerte de alguien. Algo dicen de la bolsa que me hace preguntarme a cuánta gente le interesará la bolsa. Cuando termina el biberón le beso los mofletes, frescos, tersos, rojos, varias veces, afinando la ternura hasta límites que no sé describir, como patitas de gorrión. Lo dejo en el suelo y me voy a hacer café mientras él se arrastra y grita. Un insecto boca arriba. Mientras el café se hace pego un trago de la botella de agua fría de la nevera. Voy a baño y meo y me lavo la cara. Tomo por fin la taza y llega uno de mis momentos de felicidad. El café.
Me arrastro durante todo el día. A veces pienso que soy igual que un jamón de york. Recuerdo, sí, que soy capaz de más conciencia, pero el cansancio hace que sueñe durante horas en llegar a casa y tirarme sobre la cama a leer el mundo perdido o el último mohicano. La felicidad: yacer y leer, comer, recibir besos y abrazos de gordezuelos genios, caricias de él, que se atarea cerca, historias de nacimientos y matanzas de bestias contadas por una voz de niño como una flor.
Creo que me estoy convirtiendo en corcho. La piel muerta de una verruga en la cara de la cajera del supermercado me recuerda a mi alma. Tengo sueños de serrín. Me lavo con toallas que regalaban en Ensidesa cuando era pequeña y que mi tía Luz mantenía en perfecto estado a lo largo de los años. Como fritanga congelada y yogures. Visto con ropas que parecen de otra persona.
Me he metido bajo las faldas de una señora que hablaba con otra de la ropa que había llevado a una boda. Me he encogido allí y me he sujetado a sus pantorrillas gordas para no caerme. He visto que sus venas sobresalían en algunas partes. Pensé que mi alma tenía la misma textura que la piel de esas venas, el material que alberga la sangre en movimiento. También mi alma es una especie de carcasa distendida que guarda un movimiento constante y adormecido. Me levanto, recojo, me visto entre llantos, el café es el momento más hermoso del día. De mis días.
Ha nacido una galaxia. Alabado sea el cielo. Aún está naciendo. O no. Quizá lo que ocurre es que aunque yo la vea ahora ha nacido ya hace millones de años y quizá ya haya muerto.
Ha nacido una galaxia. Ha muerto. Pero aquí nace ahora. Pero ha muerto. ¿Dónde? Allí podría flotar yo sin mi cuerpo, como quien hace el muerto en el mar caliente, nublado. Este verano me bañé en el mar mediterráneo bajo la luna llena. Era difícil no hablar de alguna diosa de nombre confuso. De su vientre. Había, además, unos animales pequeños que se pegaban a mi piel, unos caracolillos blandos que me daban miedo.
Pino, el friki, está a punto de llorar. Han lanzado su gorra encima de los armarios y busca desesperado una silla para subir a por ella mientras todos ríen. Me gustaría convertirme en Carrie y despedazarlos.
Si lo echan del trabajo perderá toda su vida en dos días. Perderá todo en dos días. Es horrible. Sólo necesita un lugar pequeño. Sólo un lugar pequeño.
La felicidad es un lugar pequeño. La desesperación es una boca abierta. La felicidad es un lugar pequeño.
llovizna - 10/10/2003 11:28
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