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07 Aug 2008
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Buscar a los murtes en el infierno, Héctor J. Cediel |
Héctor J. Cediel
BUSCAD A LOS MURTES EN EL INFIERNO
Creo en la estancia del destino, morada de los sueños, aposento de las tormentas, de las albas y de las aguas. El fuego solo engendra fantasmas de las cenizas, cuando no son diáfanas las huellas de los muertos. Los murtes engendran al espíritu de la peor peste. El cáncer que corroe como un asalto a los falsos hombres; llegará el día en el que se apague su maldecida estrella y como ratas, se devoraran los murtes a gritos. Todo lo robado se precipitará por un helado despeñadero y sus almas colgarán como muertos del viento. Creo que existen ángeles que velan nuestros sueños, contra los relámpagos murtes y las pesadillas que expanden como una oscura sombra de vergüenza. Ellos los sepultarán bajo sal, para que no puedan volver a acceder al aire. Su recuerdo se lo llevarán las olas y el viento barrerá sus huellas; pero los versos e las canciones se encargarán de esterilizar la tierra que pisaron. Que se los traguen las arenas movedizas y los recordemos como una maldición para la especie. Buscad a los murtes en el infierno.
A LOS SOBREVIVIENTES DE UN PAIS SIN ESPERANZA
Somos los sobrevivientes de un país sin esperanza. Todos los que teníamos que morir, no hemos muerto. Aún se escucha el eco de los torturados y a baldados de agua se limpia la sangre derramada en vano. Nadie reclama ninguna victoria. Los desplazados ignoran los llamados de sus tierras. El país ha abierto las puertas de nuevo, pero nadie regresa. Aún están frescas las huellas de la tristeza. Ni siquiera la violencia encuentra una razón para desarmarse, ni el viento ha podido borrar las imágenes, ni los nombres de los genocidios. ¡Con esperanza se siembran luces y sueños! El país poco a poco se levanta con dignidad, después de haberse postrado de rodillas frente a sus propios hijos, para que aprendiéramos a perdonar y a olvidar. No hay derrotados ni ganadores, porque todos perdimos. Todos aguardamos con ansiedad la luz del amanecer, para salir de la oscuridad.
El aire que respiramos, necesita de un nuevo aliento. Aire para el aire. Aire para que no se marchite la semilla que germina. Aire más puro para sentir la primavera. Aire que nos devuelva las esperanzas y los sueños. Aire verde. Aire azul. Aire rojo. Aire amarillo. Aire sin aroma a tumba, ni a sombras, ni a heridas frescas. Aire que pregone nuevos vientos. Aire que nos permita regresar a la realidad y retomar el camino. Aire puro e inocente. Aire con aroma a mujer y a naturaleza fresca; a montaña y a sudor de trabajo. ¡Abramos todas las puertas y las ventanas! ¡Abramos nuestros corazones y nuestras almas, para que el aire barra las cenizas y tomemos con pasión un segundo aire!
La hambruna de los perros se cansó de desenterrar cadáveres mutilados. Los genocidas creen que enterrando los cuerpos, se borran las huellas del remordimiento. La mirada de los murtes siempre será amarga como el odio de las balas o el filo ensangrentado del machete. Hubo una luz hermosa en los campos, hasta que nos invadieron las sombras. Almas sin cuerpos, cuerpos sin almas. Todos intentamos reedificar sobre los escombros. Callamos. No es por indiferencia, ni ya es por miedo. Simplemente callamos y en silencio, nos atrevemos a dar nuevos pasos. Se nos olvidó orar y mirar hacia el cielo. El fuego solo sembró desolación y muerte. Ya no llueven mares de sangre, pero aún se escuchan malas noticias, que cual pregoneras, le gritan al mundo que aún hay heraldos de la muerte empuñando con una absurda demencia la espada. Aún tiritan muchos niños, mujeres y hombres, de miedo. Los ojos desorbitados de los sobrevivientes, a veces nos preguntan: ¿Qué hicimos para merecer este destino? Algún día, Dios levantará la cabeza, abrirá los ojos o nos volverá a mirar. Mares de odios y rencores, se tendrán que ahogar en el tiempo. ¿Qué tenemos que sembrar? Le pregunto a la vida. ¡Semillas! Semillas con amor. Semillas sin amargura. Simplemente siembren semillas, que ellas germinarán y darán frutas en abundancia.
ZOZOBRA EN LA VERGUENZA
Mi pecho es un mar de esperanzas y a la vez, un absurdo cementerio de ilusiones. Al oscultar, solo se escucha la agonía de los náufragos y se puede contemplar a los cadáveres flotando como maderos a la deriva. Ya no siento la brisa, como suspiros de la vida. Sé que debo descender hasta lo más profundo del abismo, hasta comprender las razones de las respuestas. Ahora mi piel se ha acerado y los espadazos rebotan. Me duele ver al hombre revolcándose en el fango como un murte o una rechoncha mujerzuela amonada, para brindarles sus polvos a los ángeles el infierno. Nada bueno engendran las almas, cuando prefieren las tinieblas a la luz del sol. La luz de la verdad, terminará quemándolos cual ratas y hasta las huellas de sus cenizas serán maldecidas, más de tres veces. Un murte es capaz de corromper a la sal y al agua pura; sin embargo con Belcebú y quienes no son congruentes con su discurso, conspiran como hienas desechadas por los conjuros satánicos. Nadie les alargará con amor la mano, para ayudarlos a levantar el suelo. Hieden como las letrinas, los parias y los apartidas. La vergüenza los obligará a mirar hacia el suelo o con una falsa insolencia gamberra, con la mirada zorruna de las hetaras, intentan resguardarse de las miradas que los humilla, por haberse envilecido y rebajado por tan poco. El tiempo se encargará de deshacer sus recuerdos y de sepultarlos cual carroña en el silencio. El resto de sus vidas será turbio y desasosegado, ya que tendrán que convivir como alimañas en ese pequeño infierno que construyeron, a su imagen o semejanza, como Ángeles del mal. La vulgaridad de los ramplones, simplemente resbala. La ordinariez chabacana se refleja en sus rostros, por ser los espejos e sus almas. La mirada de Temis es fría y contundente, como el filo de su espada justiciera. La rectitud y la probidad de la conciencia, es fruto de la razón y ecuanimidad de un espíritu sabio y con entereza. Hay castigos morales, que se encargan de hacerle justicia a los culpables y solo el poquito e honor que les quede, les permitirá como judas, elegir una opción. El fuego y el mar se encargarán de convertir en pesadillas sus sueños ¿Se justificó por tan poco, el vivir en ascuas y ocultando bajo una irónica máscara, la vergüenza de sus almas?
Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
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Nov 2007
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