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05 Jul 2008
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Campanas de boda en la isla negra |
Fernando Luis Pérez Poza
CAMPANAS DE BODA EN ISLA NEGRA Cuando uno escucha que alguien divorciado/a se vuelve a casar, inmediatamente piensa en lo que dijo el boquerón sorprendido despues de dar una ultima pirueta en el aire para no caer en el aceite hirviendo: "Escapé de la sartén y me voy derechito a las brasas". Y, en cierto modo, la mayoría de las veces es así. Si la primera o anteriores experiencias matrimoniales han sido especialmente negativas al escaldado/a le cuesta volver a arrimarse al calor. Sobre esa base, y para no contribuir al incendio echándole más leña al fuego, la persona cabal adopta normas bastante rígidas como la de no asistir a bodas y demás actos sociales de esa índole o parecida, incluidos los entierros, consciente, en este último caso, el funerario, de que no le quedará más remedio que ir a uno: al suyo propio y eso porque lo llevan, no porque vaya voluntariamente. Por eso, como, a pesar de mis defectos que son muchos, me considero una persona cabal, aún me extraño de haber tomado la decisión de asistir el próximo siete de julio en Sardegna a la boda de mis admirados autores y, sobre todo, buenos amigos, Gabriel Impaglione y Giovanna Mulas. Tal vez he pensado que es una excepción que merece la pena porque durante los días que he convivido con ellos me han transmitido el mensaje, con su sola presencia, de que el amor existe y es posible, asunto que a estas alturas de la vida, por lo menos para mí, se había convertido en una rara especie de intelequia espiritual de poeta con reminiscencias becquerianas, más cercana al limbo de la metáfora y la semántica que al territorio de la realidad tangible. La noche silba su urgencia de oleaje / y te amo. / Desde esta ventana / sobre la montaña / la ciudad parece un retazo de vía láctea. Entre el remolino de las horas / la antigua barca recoge sus velas / y fondea / misteriosa / en el recodo de la medianoche. (De Alala, Gabriel Impaglione, libro dedicado a Giovanna Mulas) Es la ventana de su casa, Lanusei, un pueblo enclavado en la ladera de la montaña, o tal vez fuera en Nuoro donde Gabriel escribió estos versos, recién llegado a Italia desde la Argentina y que yo he tomado a boleo de su libro. Una ventana, en todo caso, que ha visto transcurrir dos años y medio de lucha por salir adelante, navegando la mayoría de las veces contracorriente, pero siempre con el objetivo en el horizonte de la literatura y el timón del amor marcando el rumbo. Un tiempo difícil que han tenido que pelar juntos porque traía puesta una cáscara un tanto dura, a veces incluso la del hambre, con cuatro churumbeles de Gio y dos de Gabriel a las espaldas. Aquí el amor / dicta su hora inexorable / mientras tanto / siempre. No sé qué hacer / con tantas palabras. / Callo. Y Te miro. (De Alala, Gabriel Impaglione) La poesía de Gabriel tiene a veces la sencillez del niño que lleva dentro. Carlos Oroza, uno de los "ocho poetas raros" españoles, entre los cuales se encuentra también Leopoldo María Panero, me decía paseando por el paseo marítimo de Samil, en la ciudad de Vigo, "hay que volver a la poesía del niño" "¿Leíste a Hölderling?". Pues Gabriel lo hace aunque no sé si leyó a Hölderling (me imagino que sí, pues sabe mucho de poesía). Es un niño grande enamorado que puebla su imaginario poético de constelaciones y transatlánticos y al que le basta un trozo de mar ante los ojos para soñar en voz alta unas cuantas horas. Un niño grande, de casi dos metros, que cuando te abraza, te deja presa la nariz en el sobaco. De Giovanna poco he leído. Con diez años menos que Gabriel tiene una dilatada obra literaria, principalmente escrita en prosa. Pero su personalidad trasciende desde el mismo momento en que la conoces. Su risa llena el Mediterráneo de azul como el balcón que hay en su casa junto a la chimenea. Cuando la escuchaba hablar en el Instituto de Arte de Lanusei al que me llevaron y en cuyas aulas compartí con ella y con Gabriel un coloquio con los alumnos, me di cuenta de su gran capacidad. Ahora que estoy metido en la harina de esto del italiano me he comprometido a traducir una de sus obras al gallego. Algo he avanzado ya y lo que he visto me ha gustado verdaderamente. Espero llegar a ser el puente, o al menos un gramo de arena del puente, que necesita para que su obra se convierta en universal. Lo que sí es cierto es que ha habido química y en el anterior viaje me sentí como en mi casa. Incluso llegué a decirles: "Como me encuentre con una sarda, "cojo" la guillotina de la editorial y me la traigo para aquí", elemento imprescindible para el desarrollo de mi trabajo. A lo que Gabriel, haciendo un juego de palabras semántico, otorgándole a la palabra "coger" el significado que tiene en latinoamerica, me respondía: "No cojas la guillotina, que es muy periculoso". ¡Qué no se preocupe Gabriel que no "cogeré" la guillotina en el sentido que él dice, por la cuenta que me tiene! Y, ahora, que estoy llegando al final de este escrito, se me ocurre que la boda de Gabriel Impaglione y Giovanna Mulas es un gran acontecimiento para toda la comunidad literaria de los que circulamos por Internet y que deberíamos hacer algo especial con ese motivo.Tal vez un regalo de bodas, no algo valioso en el sentido material de la palabra, sino espiritual o que, al menos, contribuya a mantener viva la llama de esa magia que los ha atrapado, a pesar de la distancia transoceánica que los separaba, y que hace que sigan unidos, a pesar, también, de los tiempos difíciles que han tenido que atravesar hasta llegar aquí. Yo le llevé algo mágico a Gio, cuando estuve hace unos meses allí, un colgante de Sargadelos, cerámica gallega, que la protege de todas las brujas malas que existen en el mundo. Ahora le llevaré uno a los dos contra las personas que les quieran robar el amor. ¿Y a ustedes? ¿No sé les ocurre algo mágico que regalarles? Vale una piedra, un trebol de cuatro hojas, un buho de la suerte, un cuadro, etc. Incluso un libro suyo, para el que sea más cutre, y no quiera desprenderse de algo mágico. Cualquier cosa que represente la buena suerte y que ayude a proyectarlos hacia la felicidad. Su dirección es: Gabriel Impaglione & Giovanna Mulas, Via Caprera Nº 6, Código Postal 08045, Lanusei, Italia. Espero que el Cartero, aunque no sea el de Neruda, sino el de Gio e Impaglione, tenga que hacer horas extras de aquí al siete de julio. En el caso contrario, me llevaré una gran decepción. De todas formas espero que ellos me perdonen por revelar esta parcela de su intimidad y por haber recurrido y apelado a la sensibilidad de toda la comunidad literaria de Internet. Les ruego también que cada uno difunda este llamamiento en los círculos cibernéticos que frecuenta para conseguir que, por primera vez, un boda con raíces internéticas tenga todo el postín que se merece. Fernando Luis Pérez Poza
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