De Diego Henao
Código del silencio
Otra vez la lluvia y las luces encendidas bajo el cristal de tus deseos Pasan los días y sigo pensando en la noche de los paraguas En la hora de los encuentros En la fila de quienes esperan
Más allá La multitud deshojada y los temores fecundos Mientras tanto el lápiz recorre mis laberintos con palabras oscuras Sólo el pasillo de tu memoria cala como el frío Ausencia
No hay palabras ni murmullos El teléfono mudo
Quedo en la noche de mis presagios sombríos En mi ebriedad En los tambores de mi soledad En la retina de mis fantasmas
Hoy Las calles La sombra perfecta Luz de asesinos que esperan su vejez imperdonable Nada más Días y flores Días y sueños Días y días que faltan Los cuerpos transitan pese al desaliento Pese al temor iracundo de una nueva traición
Ayer escribía: “un nuevo amanecer” Hoy me arruma el coraje
Me abres con las manos Me ciegas con tu esperanza Me oigo con tus palabras de aceros y pétalos Con albúminas y pátinas que me cubren como pieles espesas
De nuevo noches y poemas Revientan los lazos del miedo Las mordazas El código del silencio
Canción del arquero
Después de la libertad la libertad, sólo importan las estaciones de nuestra esperanza De nuevo habrá códigos y corazones También ríos de fantasía que correrán como lava hirviendo por nuestros cuerpos Llegarán como tú, silenciosos e inciertos, tristes y apasionados Habitarán en mis labios y mis palabras como en el borde de un precipicio Como al final de un sendero Como una bahía que recibe al río antiguo y solitario Aquel río donde navegan delfines, escombros, barcos de papel, castillos de naipes Aviones cargados de flores amarillas que ayer me dejaron al otro lado del bosque Ahora Todos mis miedos conducen máquinas inútiles en medio de la guerra Todos mis silencios buscan un nombre en la torre de babel y en la laguna encantada Apuntan a los signos que deletrean el combate cuerpo a cuerpo entre las máscaras ocultas Hoy ya no es hoy Mis ojos de arquero descansan en tus ojos como una lanza Miles de fantasmas invaden la noche y voy señalando tus caminos de menta El día ya no es "el niño que juega con los dados" Sólo regamos su luz como agua de mandarina Caemos heridos sobre nuestros parpados cansados De nuevo el telón de la noche cae como un muro Sella mis labios Abre este tlic tlic tlac tlic tlic tlac (también de maquina inútil) Hoy nuevamente deletrea el dolor, el amor, la libertad y el silencio De los versos que te nombran Por estas calles vacías.
Diego Henao Bogotá, 31 de mayo de 2006, 11 pm.
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