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13 Oct 2008
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Carta abierta a las personas comunes (de parte de otras personas comunes)
Poetas salvajes: les envío esta carta abierta, que trata de decir algo ante los graves problemas suscitados en Argentina que intentan un nuevogolpe de estado económico.. Un abrazo desde el fin del mundo.
Les pedimos cinco minutos para que lean y reflexionen sobre el contenido de esta carta. Si desean adherir, al final encontrarán cómo hacerlo. Si no desean adherir, pero consideran que lo que aquí decimos merece ser difundido, les rogamos que la reenvíen a sus contactos. Muchas gracias. Aldo.-/neuquén-patagonia-argenitna

 

Quiénes somos

 
Somos un grupo de personas unidas por nuestros intereses literarios.  Solemos encontrarnos   en encuentros de escritores que se realizan la Patagonia y otros lugares del país. Trabajamos en diversos oficios: somos docentes, músicos,  pintores,   periodistas, especialistas en computación, editores, vendedores,  trabajadores de la cultura y muchas otras ocupaciones. Cada uno y cada una haciendo su pequeña contribución al lugar en donde vive.

Pensamos distinto sobre muchas cosas. Por ejemplo, algunos tenemos una larga historia de militancia, otros no consideramos la política como una prioridad y a otros no nos interesa en absoluto. Tampoco nos consideramos, necesariamente, intelectuales.

En definitiva: somos gente como cualquiera, habitantes de este país,  y que vive las alegrías y las penas de la gente común. Y que se puso a pensar en ciertas cosas.

 

Cómo nació esta carta


 
Pensamos por ejemplo que, mientras cada uno de nosotros está ocupado en su lugar, con su trabajo y  sus aficiones, con su familia y sus amigos, al país le están pasando cosas.                                                 

Esta carta es para hablar de algunas cosas que son importantes y de otras que, además,  nos parecen graves.

Para nosotros lo importante es poder  opinar sobre cuál es el tipo de país en el que queremos vivir. Es nuestro derecho como argentinos.

Lo grave es que, mientras opinamos, suceden hechos, algunos de ellos irreparables. Otros que aún estamos a tiempo de remediar.

Por ejemplo, y para dar cuenta de sucesos irremediables, hace poco más de un año  uno de nosotros fue asesinado por la policía neuquina. Fue asesinado porque era un maestro y un luchador.

 Nunca nos olvidaremos de Carlos Fuentealba, ni nunca dejaremos de pedir juicio y cárcel a los autores materiales e intelectuales de su muerte.

Por esa razón, por la memoria y la justicia, uno de nosotros pintó un  mural en San Martín de los Andes, un mural en donde Carlos Fuentealba sigue vivo.

Pero un concejal de esa misma ciudad (¿al servicio de quién?) intentó borrar todas las “pintadas”, incluyendo a esa obra de arte. Es  decir: intentó borrar la memoria de una ciudad. Pero no pudo, no pudo porque nos opusimos desde muchos lugares del país. El mural sigue ahí, y nuestra paciente hambre y sed de de justicia también.

 

Mientras tanto, un conflicto de intereses entre un sector económico y el gobierno nacional resucitó las peores pesadillas argentinas: los golpes, la violencia, la hiperinflación, el quiebre más o menos solapado  de la institucionalidad democrática y hasta el tristemente célebre “corralito”.

Uno de nosotros alertó sobre la situación y propuso hacer algo. A partir de entonces comenzó una discusión que duró hasta el momento de escribir esta carta. Discutimos mucho, y a veces levantando la voz. Pero no nos importa eso, porque necesitábamos decir lo que nos pasaba a cada uno. Vimos que discutir era bueno, que nos hacía más humanos, menos solos y más fuertes.

 Es cierto,  discutimos mucho, de todo, de la historia del país, de nuestras historias personales; nos fuimos por las ramas y también para el lado de los tomates. Ya estábamos por desesperar, pensando que habíamos caído en una versión gigante de esas inútiles charlas de café, cuando una de nosotros nos contó una historia:

 

 “En la sequía más aguda los animales, en la compleja cadena alimenticia, hacen un pacto: el beber está antes que el comer. Y deciden prioridades, ni imponen la fuerza bruta ni destronan al más fuerte individualmente. El río no es zona de caza, el que va al río a beber está protegido, porque todos necesitan el agua limpia para sobrevivir. Una vez establecida La Tregua del Agua el pacto se cumple, hasta que pasa la sequía.”


 

Todos entendimos perfectamente: nuestro país, el lugar donde vivimos, no es zona de caza. Nuestro país es un río en el que todos, todos, tenemos derecho a beber y a sentirnos libres y protegidos.

El concepto no puede ser más simple: el bien común está por encima de cualquier apetencia personal. Al menos así sucede en la selva que tan magistralmente inventó Rudyard Kipling.

 

¿Pero es así en realidad? ¿En nuestro país?

Nosotros pensamos que no: porque vemos que mientras poderosos grupos empresarios disputan al gobierno la apropiación de miles de millones de dólares de renta extraordinaria (es decir, una ganancia que está por encima de lo que ganan habitualmente), hay cientos de miles de argentinos que pasan necesidades; hay miles de niños que mueren de enfermedades evitables  (y los sobrevivientes son empujados  a la violencia y la marginalidad);  hay miles de familias que son echadas de sus tierras por esos mismos poderosos empresarios y sus cómplices del gobierno, hay una tierra que se agota mientras es envenenada con “fertilizantes” que sólo garantizan más soja y  la ganancia de más y más dinero; en el norte los tobas se mueren de hambre y en el sur a los mapuches les están robando, otra vez, sus tierras; hay ríos de los que ya no se puede beber; hay montañas destrozadas por la búsqueda a cielo abierto de metales que sólo sirven para engalanar a   esos mismos poderosos empresarios y sus mujeres; hay campesinos, maestros, trabajadores sociales que caen golpeados o asesinados, ahora, en plena democracia, por reclamar lo que por derecho constitucional nos pertenece a todos: trabajo digno, salud, vivienda, alimentación sana y variada y educación libre y gratuita.

Vemos, con dolor, que nuestro país se ha convertido en algo mucho peor que una selva.

 

Qué decimos

Una de las cosas que más discutimos era si, al opinar o intervenir en este conflicto de intereses económicos, no estaríamos tomando partido por un gobierno que, más allá de algunos logros indiscutibles, no ha demostrado fehacientemente su compromiso con los sectores más desprotegidos. Un gobierno que ha  dejado hacer, por acción u omisión, a estos grupos que ahora  visualiza como “el enemigo”.

Por eso a este gobierno (en todos sus niveles: nacional, provincial y municipal)  le decimos: no se puede dormir con el enemigo, y mucho menos hacer negocios con él.

No necesitamos, y esto es solamente un ejemplo, un tren bala en el que solamente puedan viajar los ricos. Queremos una red ferroviaria estatal  y eficiente, que permita el desarrollo de las economías regionales y la posibilidad de viajar bien y barato para  los habitantes de hasta el  último pueblito del país. Es mucho más lógico y más acorde con el bien común. No hace falta entender de economía para captar esto. Los dineros públicos no pueden ni deben ser usados para hacer obras que beneficien a solamente un grupo o sector privilegiado. No queremos más negociados. Basta.

 

Pero aún así, no confundimos la defensa de un gobierno con la del sistema constitucional y democrático. Es posible que al momento de publicarse esta carta el conflicto “del campo” se haya solucionado, estancado o diluido en otros titulares tipo catástrofe.

Pero lo que sigue vale también para el futuro.

Sucede que algunos de nosotros pensamos que, detrás del reclamo “del campo” asoman otros intereses, otros sectores que extrañan las épocas en que de golpe, todo el país les entraba a pertenecer para hacer de él lo que quisieran.

Así que por las dudas, solamente por las dudas, queremos decir claramente a esos sectores (y a otros que los siguen tal vez inconscientemente) que nos opondremos firmemente a cualquier intento, solapado o no, de quebrar las instituciones democráticas.

Para cambiar al gobierno, o para ratificarlo, alcanzan y sobran las elecciones.

 

Por supuesto también queremos dejar claro que nos reservamos el derecho a criticar y aún a oponernos, mediante todas las herramientas que nos permite la Constitución Nacional , a cualquier medida de este u otro gobierno que no contemple el bien común.

Y vamos a repetirlo, porque nunca está de más: para nosotros el bien común significa  vivienda y trabajo dignos, salud y educación gratuitas y de buena calidad, la posibilidad del disfrute del arte y  de los bienes culturales;  alimentación sana y variada para todos y cada uno de los habitantes del país. Y algo no menos importante: un medio ambiente sano y protegido de la estupidez y la avaricia humanas.

 

A los grupos económicos actualmente en conflicto, y a otros que por ahora pasan desapercibidos les decimos: ya sufrimos demasiado por su insaciable codicia y su increíble egoísmo.  

Ustedes están demasiado acostumbrados a salirse con la suya. Cuando no es por las armas y el asesinato en masa, es por la compra de diputados y senadores o de gobiernos enteros. A esto último llaman ustedes “democracia”.

Para nosotros, la democracia es otra cosa.

Poderosos o no, ricos o no, ustedes son ciudadanos como nosotros, y como nosotros tienen que acatar las leyes. Aprendan a pensar en el bien común, si es que la codicia aún los deja pensar.   

No queremos quitarles sus autos lujosos ni sus mansiones de campo ni sus yates. No nos interesan. Pero sepan que con cada hectárea de soja que plantan, una familia cae en la miseria; que con cada litro de nafta que gastan con sus autos de lujo en sus paseos de lujo, un pibe se muere de hambre; que por cada dólar que ingresan a sus cuentas bancarias, un árbol cae arrasado.

La Tierra no los soporta más, y nosotros tampoco.

Sepan que están destruyendo el país, así como sus congéneres están destruyendo el mundo.

Sepan, es bueno decirlo, que también a esto nos oponemos y nos opondremos firmemente.

Finalmente, a los que no son ni gobierno ni pertenecen a grupos económicos; a los que, como nosotros, están ocupados en su vida cotidiana, en sus penas y sus alegrías, les decimos que es bueno darse cuenta de que el país es de todos. Que nada de este país nos es ajeno, ni su pasado, ni su presente ni su futuro. Este país es nuestra casa. El mundo es nuestra casa. Nadie en su sano juicio deja que hagan cualquier cosa con su casa.

Nada nos es ajeno. Que arrasen los bosques de Santiago del Estero tarde o temprano traerá funestas consecuencias sociales, económicas y climáticas en la Patagonia y en cualquier otro punto del país. De ese desastre no estarán a salvo ni quienes se refugian en barrios privados ni quienes se oculten en lo más desolado de la montaña. Como en el cuento de Kipling, la vida es una red de relaciones muy frágiles que hace mucha falta   cuidar. Empecemos por casa. Sigamos con  el mundo.

Para ustedes escribimos esta carta, con la pequeña pero fuerte esperanza de que sirva de punto de partida para empezar a pensar y a decidir cómo es el país en el que queremos vivir. Y para actuar en consecuencia.

Y, si acuerdan con ella, los invitamos a que la firmen y difundan.

 

 

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Gracias.

 

Información y firmantes en: http://carta-a-personas-comunes.blogspot.com/

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aldo  - agradecimiento   |2008-06-16 16:18:13
Muchísimas gracias amigos por colaborar con la difusión esta carta abierta a las
personas comunes hecha por personas comunes.
silvia  - estoy de acuerdo   |2008-06-16 22:40:31
al campo solo le importa llenar sus bolsillos y no le importan si hay gente que
no tiene para comer o como llegar a su trabajo, escuela o centro de salud
mica  - la distribucion de la riqueza esta en nosotros!   |2008-06-19 00:46:08
a ver... mi rumbo va por:
que la macroeconomia no me sirve... quiero ir hacia
otra cosa... esto de andar exigiendo que un garcapitalista me alimente... mmm...
todo bien... por ahora les compro a ellos... pero, a lo que voy es que LA
DISTRIBUCION DE LA RIQUEZA ESTA EN NUESTRAS MANOS... a ver... en que gastamos
nosotros los comunes nuestro dinero diario? compramos el clarin... 2 pesos para
un bolsilludo, compramos golosinas o cigarros en el kiosco... nuestros pesos a
los garcas...
y asu vez nuestros compañeros comunes laburan para los
garcas...

cuanto mas local pueda ser el circulo de la economia mas vamos a
evolucionar en nuestro bienestar! .......... personalmente quiero cultivar mis
verduras, comprar los cuencos a un ceramista que viva en mi comunidad o cercana,
(no a unos oligopolios chinos), leer no el clarin sino otra publicacion que
escribamos nostros mismos, que la edite un par nuestro y donde todos podamos
poarticipar....

mis deseos y mi pronta accion van a hacia eso...

"si
argumentas en pos de tud limitaciones, las tendras" (Richard Bach,
Ilusiones)

nos entretenemos en desanudar esta maraña? de querer hacer cambiar
de volunta a los grandes?

o mejor nos vamos ya prontito a buscar de tejer
nuevos hilos...?
Gaston  - Anarquistas frente al conflicto rural   |2008-06-19 19:20:30
Anarquistas frente al conflicto rural: tres art
Fabiana  - Estoy de acuerdo...   |2008-07-31 20:45:37
Es bueno escuchar que muchos piensan parecido a uno, uno se siente acompañado...
es dificil modificar tantas cosas que hemos creido por tanto tiempo. Me doy
cuenta que si, hay gente que es indiferente a lo que pasa en el gobierno, en el
pais, como si de esa manera, uno ya esta protegido, y se que yo, durante mucho
tiempo, tambien fui asi,total, mientras mi familia y yo tenga trabajo...pensaba,
pero ese pensamiento, fue la enseñanza de un pais bajo la represion y la
dictadura, donde se le tenia miedo a pensar diferente, a hablar fuerte, y
nuestros padres, que nos criaron en ese pa, tambien nos cuidaban a su manera,
por eso, agradezco a la libertad de expresion y de pensamiento y a la evolucion
en ese sentido de las personas, de las personas comunes, que cada dia se
levantan y salen a trabajar, y tienen esa preocupacion, la de luchar y vivir
dignamente...

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