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07 Aug 2008
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El buen zángano, el Eterno |
De el Eterno
EL BUEN ZÁNGANO
Estas fueron sus últimas palabras antes de que mi amigo desapareciese por completo...
Enviado: 14 de Octubre de 2007, a las 1:01
Ha sido todo un error una broma de mal gusto una espectacular y burda escenificación de nuestra propia muerte
Empujados a un laberinto en llamas
Solo los insectos serán capaces de escapar de esta purga mundial
Me haré zángano y me follaré a la reina con todo lo que ello conlleva...
Se había vuelto un poco extraño, todo hay que decirlo. Sus hábitos superaban con creces a cualquier excentricidad que ustedes recuerden como propia o ajena. Dos o tres meses antes de su desaparición se había ido a vivir a una pequeña cabañita en el campo. Allí desarrollaba su pasión por los insectos y en concreto por las abejas. Se me olvidaba señalar si es que tiene alguna importancia que su recién devoción por estos pequeños y laboriosos animalitos era una especie de evasión enfermiza. Un dulce antídoto a la soledad, su situación sentimental no pasaba por sus mejores momentos. Después de casi diez años de relación su novia le había dejado por otro en el peor momento de su vida. Cuando le estaban haciendo frente a una hipoteca de unos 800 euros mensuales. El se quedo solo y con la hipoteca a cuestas. Aun así cobraba más de 1000 euros al mes, tenía un trabajo modesto y bastante liviano. Se reconocía un privilegiado, y pensaba que si a él le costaba llegar a fin de mes no podría imaginar a los que cobraban 700 euros mensuales. Y para que nos situásemos siempre ponía el mismo ejemplo;
-Imaginaros a una panadera o charcutera de un cutresupermercado de esos, solterona, sin un compañero o marido que traiga otro sueldo a casa. Con una hipoteca bailando la danza del vientre y un sueldo de unos 650 euros al mes. ¿Que hace para vivir? ¿Qué le queda a esta mujer o en su defecto hombre?... ¿Morirse de asco?
Se comía mucho la cabeza el hombre. Nosotros siempre le respondíamos con burradas y el se quedaba apesumbrado por un momento, sorprendido de nuestra crueldad. Poco a poco fue alejándose socialmente de toda relación con su entorno. No salía apenas… Del trabajo a casa y de casa al trabajo. La ecuación cuadrada de esta economía, la esencia de nuestra sociedad. DE CASA----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Al TRABAJO DEL TRABAJO---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------A CASA Y por el camino...
La única manera de comunicarse con él era internet. Chateaba con sus amigos, escribía en un foro los poemas que se le iban ocurriendo. Todos muy raros y enrevesados. Nadie los comprendía ni siquiera él... Hasta relativamente un tiempo era su afición más apasionada. Pero cuando tuvo la posibilidad de vender su hipoteca a un madrileño en busca de segunda residencia entonces dejo su trabajo pidió una excedencia y se traslado a una pequeña cabañita en el campo. Todo su sueldo lo invertía en su nuevo oficio de apicultor. Grababa a sus abejas en plena acción para más tarde visionarlo en la t.v como si se tratase de un culebrón a media tarde o como uno de esos programas en los que 12 o 13 concursantes conviven bajo el mandato del programa para entretenimiento de los miles de espectadores que observan sus humillaciones con voracidad. De vez en cuando bajaba a la ciudad a comprar chocolate, era ya lo único que sabíamos de él. Yo seguía manteniendo una pequeña relación con él gracias a esto. Le solía pillar y luego salíamos a emborracharnos un poco. Sucedía una vez al mes más o menos. Aparentaba una normalidad absoluta y una serenidad que transmitía sosiego. -Pensaba joder que rápido supera sus problemas. No me lo tomaba muy en serio su experiencia como apicultor. Me enviaba los videos que grababa de su colmena pero yo no les encontraba ningún interés.
Los días que bajaba nos los pasábamos recordando viejas anécdotas. Parecíamos abuelitos contándonos batallitas bajo un entrañable estado de embriaguez. Ahora su obsesión ya no era la solterona o solterón que hacía esfuerzos sobrehumanos para llegar a fin de mes mientras sus jefes se hacían colecciones de coches o invertían en bolsa el dinero que les robaban a sus trabajadores. No, su obsesión era el zángano. El acto del zángano de aparearse con la reina y morir desangrado le causaba un extraño estupor. Daba sus genitales, su vida por la creación. Por el acto sublime de follarse a la reina y morirse en el acto o igualmente en el intento.
Pasaba horas observando su colonia, enfrascado en su forma de vida. Sus hábitos comenzaron a tener una plasticidad sorprendente, básicamente se alimentaba de miel y sus subproductos; jalea... Tanto se había acostumbrado que su organismo no admitía otra clase de alimentos... Ya ni siquiera dormía, ni bajaba a la ciudad. Yo me encargaba personalmente de abastecerle de todo lo que necesitaba y alguna cosa más. Sus estados de ánimo pasaban fácilmente de la agresividad inusitada a la calma absoluta. Del deterioro físico a una vigorosa forma física y psíquica. Me estaba empezando a preocupar, al principio pensaba que quizás fuese positivo su huida al campo, pensé allí estará más tranquilo pero evidentemente no estaba en lo cierto. Sus obsesiones ahora eran invertebrados condenados a trabajar hasta la muerte, y pareciera que él también se condenaba a vivir por y para su civilización imperial. Ya nada le importaba más que su colonia...
Yo aprovechaba cualquier ocasión para visitarle, últimamente lo engañaba con el hachís para así poder verlo con más frecuencia. Le daba menos cantidad y de esa manera tenía que acudir a mí dos o tres veces al mes. Ya empezaba a preocuparme demasiado como para no aprovechar toda ocasión para indagar más en su vida. Era impenetrable, el único tema de conversación posible era sobre su enjambre. No hablaba de su situación personal ni tampoco de la de los demás, poco le importaba ya cualquier cosa que ocurriese fuera de su colmena.
Empecé a curiosear en su basura, y sus enseres. Era mayoritariamente orgánica, larvas y toda una variedad de viscosidades. Que raro, ¿no? Se me pasaron por la cabeza mil y una teorías todas extraídas de novelas de ciencia ficción. Que ocurrencias las mías sin embargo no se me quitaba de la cabeza esa extraña posibilidad. Al día siguiente fuí a su cabaña y decidí preguntárselo sutilmente. Es decir de esa hipócrita manera que tenemos los occidentales de insinuar las evidencias. Bromeando... -Oye tío no te estarás convirtiendo en un zángano. Jajaja -Yo, que va. Me estoy convirtiendo en un buen zángano. En el mejor y más fuerte, el que se follará a la reina. -Jajajaja. Que tiparraco estás hecho, no pierdes el sentido del humor. Era una broma, hombre.
Ese día me quede hasta tarde con él, me explico todos los avatares del funcionamiento de su enjambre. Sus enemigos, su modo de producir y la indirecta posibilidad de manipular su cotidianidad con un simple cambio. A esto las abejas respondían agresivamente. Pero normalmente cada una cumplía su papel a rajatabla. Los zánganos su papel de guardianes y uno de ellos el elegido por su fuerza y envergadura para procrear. De todas las abejas unas se encargaban de introducir los óvulos y acompañar a la reina. Otras de traer el polen de las flores y otorgárselo a la reina. La reina podía procrear un macho si no fecundaba y en caso contrario una hembra. El piojillo de las abejas robaba el óvulo a las mismas y construía con las larvas sus propios paneles esto podía destruir una colmena entera. Al parecer Jorge tenía dos colmenas, una impoluta y extremadamente cuidada y otra condenada a la dejadez y a todo parásito que se precie como tal.
Nada más allá de mi asombro, las grabaciones a las que sometía su colonia podrían parecer de poco interés para cualquiera que desconociese el tema. Pero para él era lo único que tenía interés. Desde el acto del zángano, hasta el del piojillo que robaba los óvulos a las abejas. Cualquier persona que se pusiera a analizar fríamente la sociedad en la que vive y en la que se hayan las colmenas manipuladas por los humanos encontraría asombrosas similitudes pero… ¿Cual es la diferencia se preguntaba Jorge?. El salario, esa es la diferencia. Las abejas no cobraban ni cobran o por lo menos de momento. Solo producían porque ese es su cometido natural e inevitable. Pero cuantos de ustedes piensan que producen algo, o cuantos de ustedes creen que es natural nuestra situación. Sí, si a base de repetir las cosas uno acaba creyéndoselo todo, hasta la mentira más evidente. Ya lo decía Goebbels. Jorge acaba su tesís sobre las abejas con una preguntándose de nuevo:
¿Y tu que función desempeñas en esta cadena colonial?
Teorías a parte Jorge lo decía muy en serio su vida ya no tenía sentido sin las abejas y es más era parte activa de una de sus colmenas. De la otra era un simple agresor, pero de esta era su colaborador más acérrimo. Un día me plante inesperadamente en su casa y lo encontré frente a la pantalla de su televisor. Parecía inerme, pero al mismo tiempo atento a lo que acontecía en la pantalla. Me acerque a él, y nada no se inmutaba Tuve que dar una palmada cerca de su nariz para despertarlo de su ensimismamiento. La tele emitía las típicas señales rayadas, ni una imagen, nada de nada. Le pregunte: -Pero que estabas viendo, tío. - Nada a mis abejas, hoy pude captar al zángano en su acto final. - Oye me estas empezando a preocupar. Esto es demasiado, tienes que salir de aquí por tu propio bien. Ya no es broma. -Pero cuando ha sido una broma, yo nunca he bromeado. Nunca... Mi único fin y cometido en este momento es ser un buen Zángano. El mejor de todos. -Pero que pijadas dices, tío. Estás loco. -Loco yo. Tu si que estás loco. Finges ser feliz cuando no lo eres. No produces solo cobras un salario fantasma que se te va de las manos cada vez que sales de casa. Para que, que sentido tiene vuestra vida. ¿Dime? Que sentido tiene vivir en comunidad si no existe tal comunidad. En la colmena por lo menos tengo un papel y lo acometeré hasta sus últimas consecuencias. -No me jodas, Jorge no digas sandeces. Eso es una estupidez. Dime que sentido tiene vivir por y para tu colmena. Es lo mismo con la única diferencia que tu vida esta subyugada a fecundar a la reina. -Adios, ahí te quedas con tus abejas, o tus esclavas. Yo me voy antes de que me salpiquen tus excentricidades. -Venga vete es lo mejor que puedes hacer. Pero no vuelvas jamás.
No volví durante un tiempo pero la idea me obsesionaba. Que había sucedido, a que se refería con toda esa sarta de memeces. No entendía nada. Al mes volví cegado por el interés, no sabía nada de él. De como se encontraba, nada de nada. Las abejas hacían círculos y raros aspavientos. Tuve que protegerme para entrar. Atravesé la verja, el portón estaba abierto y me dirigí directamente a la cabaña. Dentro no había nadie, absolutamente nadie. Solo una mancha viscosa en el sillón y una desmesurada cantidad de larvas. Cada vez que daba un paso el suelo crujía. Encontré una nota, una última nota... un poema entré dientes...
Nota del inductor: Algunos dicen que Jorge había desaparecido sin más rastro que una viscosidad aparente pero esto deja lugar a muchas dudas. Que posibilidad hay sin que interfiera la ciencia de que un ser humano se convierta en abeja. El narrador dice que este se alimentaba de miel y otros productos del elaborado trabajo de las abejas. Pero omite su pasión por las larvas que desmenuzaba como simples crustáceos e incluso hervía y condimentaba en las frías noches de invierno. Nadie cuestiona lo deducible ni esperable de la historia pero mi objeto no es entreteneros si no entretenerme Yo. Cómplice, verdugo e inductor de esta historia que me relato un personaje nocturno y alevoso que aun hoy recuerdo con la brillantez de un vigilante de terraza al que no se le escapa una. ¿Y ahora dime en esta colmena virtual tu que función desempeñas ? Ah, se me olvidaba una de las colonias de Jorge sobrevivió al abandono de su apicultor e incluso se permitían tener una jornada de 7 horas diarias y de 30 horas semanales. Ya no había reina ni zángano elegido por natura tampoco súbdito alguno. Todos disfrutaban de la producción y mantenían una estrecha relación como comunidad. Adiós...
El Eterno
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