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05 Jul 2008
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El campanario de las cortamortajas |
El campanario de las cortamortajas: breve crónica histórica de la represión en el Istmo de Tehuantepec. A las organizaciones y los participantes en la 1ª. Caravana por la observación de los derechos de los pueblos indígenas y por la libertad de los presos políticos de Oaxaca. A las organizaciones de la sociedad civil regional, nacional e internacional Al CIPO-RFM, en su 5º. Aniversario. A la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI) A la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI) A la Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) A la Coordinadora Democrática de Pueblos del Istmo/COCEI Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en su XX Aniversario. Al Congreso Nacional Indígena
Zedi’di’ xhoopa’ beeu nua rari’ xhuncu ne qui guayuya lii Rucadiagasia xtiidxalu, riidxi situ ne ra runalu’ Ladxedua huaxa rului cadi naná Que riete di nisa lua Nayaa ru xpiane nexhe dxhí Nadipa’ ru xtiidxa’ Neca rari, randa ru guunda’gucaa ne guinié Runi lii, runi naa, runi guiranu lu guidxilayú ri.
Van pasando seis lunas sin verte Escucho tu voz, tu grito lejano a veces tu llanto Mi corazón menos dolido parece No ruedan en mi rostro lagrimas Limpia y tranquila mi conciencia Fuerte aún es mi palabra Aún aquí canto y digo Por ti, por mí, por todo el pueblo de la tierra.
Carlos Manzo
Pretendo un breve relato histórico que ayude a comprender la situación actual en el Istmo de Tehuantepec, a grandes trazos, sin un hilo conductor específico, espero se entienda, dadas las limitaciones de información que se viven en este reclusorio. Me es casi imposible desprenderme de la historia, más que como antecedente como parte inherente de la realidad actual; somos reflejo de otros tiempos y a su vez el pasado puede ser prospectivo, es decir, nos puede señalar o enseñar, si queremos, cuales son los ‘errores’ que no podemos volver a cometer, en nuestra comunidad, nuestra región, nuestro país, en fin en el planeta. De acuerdo con lo anterior, en situaciones de conflicto en esta región, si analizamos, por ejemplo, el papel de algunos representantes de la iglesia y del Estado en el istmo de Tehuantepec, podemos encontrar, tanto en el siglo XVII como en el XX, obispos comprometidos con la causa de las comunidades, en ocasiones sirviendo como mediadores o bien como informantes a las autoridades de los pormenores habidos en conflictos entre autoridades locales y las comunidades. Ha sido el caso de los Obispos Antonio de Avalos en 1660 y de Arturo Lona Reyes en las últimas décadas, más aún antes de que se nombraran obispos auxiliares; curiosamente, en la actualidad los obispos auxiliares han sido nombrados cuando en determinado momento, desde la perspectiva del Estado, se percibe una afinidad entre los representantes de la iglesia, obispos y sacerdotes, con las causas populares, o si se quiere con las reivindicaciones de las comunidades indígenas en contra de los cacicazgos regionales; en las dos últimas décadas ha sido lo que actualmente se conoce como teología de la liberación o bien “la iglesia de los pobres”.
En los últimos veinte años, en la diócesis de Tehuantepec, coincidentemente con el papel emancipador de la diócesis de San Cristóbal de las Casas en Chiapas, ambas con población mayoritariamente indígena, la labor de los obispos identificados con la lucha contra la pobreza y la marginación de las comunidades indígenas ha logrado la implementación de proyectos económico organizativos que han significado un importante avance contra los tradicionales, incluso coloniales, cacicazgos regionales; este ha sido el caso, por ejemplo, de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI), en donde hasta ahora participan mas de 50 comunidades de diversos municipios de la región, teniendo como principal actividad la producción y comercialización internacional de café orgánico.
Guevea de Humboldt, que lleva ese nombre en honor al científico viajero alemán, quien estuviera a mediados del siglo XIX por estas tierras, es un municipio indígena zapoteca y mixe, enclavado en la sierra a dos horas de terracería al noroeste de Ixtepec; de ahí son originarios tres señores ancianos indígenas monolingües, recluidos en este mismo penal desde 1999, a raíz de un conflicto político y social por lo que no pueden dejar de ser considerados como presos políticos y de consciencia; como ya es costumbre en estos casos por parte del gobierno del estado de Oaxaca, se les atribuyen los delitos de daños, privación ilegal de la libertad y homicidio. Su situación jurídica refleja lo absurdo del sistema de justicia del estado, ya que siendo monolingües en ningún momento fueron asistidos por un intérprete en sus juicios, además de que sus acusadores y testigos de cargo jamás se presentaron a los interrogatorios ni a ratificar sus denuncias en contra de ellos; en su escaso español explican: --estamos aquí peor que perros sin dueño, porque perros pero son libres, aquí nadie sabe si estamos o no estamos... tal vez nunca ha sido bueno hablar tanto porque ‘el pez muere por su boca’--. En un principio me veían con cierta desconfianza, salvo Hipólito que ya se fue libre, después de la Caravana, ahora me ven con más confianza y hasta alegría, veo que después de la Caravana, en sus ojos se ha despertado nuevamente el brillo de la esperanza y en sus rostros ancianos y cansados de vez en cuando aparece una sonrisa; hace poco me dijeron que también participaban en UCIRI, me regalaron un poco de café muy bueno que sus esposas todavía les traen de la sierra cuando pueden venir a visitarlos, cada dos o tres meses; a Amado, uno de ellos, cercano a los 70 años de edad, el juez le dictó sentencia de 80 años de prisión.
En nuestra historia regional, podríamos comparar incluso la actitud del Estado Virreinal de la Nueva España con relación a presuntos rebeldes, entre 1660 y 1662, en el marco de las rebeliones de Tehuantepec y Nexapa; en aquel entonces los indígenas que se sublevaron contra la autoridad, en este caso contra el alcalde mayor Juan de Avellan, fueron víctimas de la represión, los que no murieron padecieron el destierro y la cárcel por más de un año; de acuerdo con algunas fuentes, el perdón del Rey de España, había demorado por los tiempos para que la correspondencia del Obispo cruzara el océano de ida y vuelta. Muy a pesar del perdón a destiempo, el Virrey, sus capitanes y Oidores, instrumentaron la represión para tratar de garantizar la estabilidad de sus negocios por estas tierras, cualquier semejanza con la situación actual del estado de Oaxaca, es mera coincidencia. La gran mayoría de rebeliones y amotinamientos indígenas en el sur del Istmo de Tehuantepec, al igual que en otras regiones indígenas del país, llegaron a significar la represión a formas autonómicas de expresión político organizativa de nuestras comunidades, reconocidas incluso en la época colonial en la República de Indios; es en estas coyunturas históricas donde podemos encontrar las raíces históricas de la autonomía de nuestros pueblos y comunidades. Son estos elementos los que el Estado y los gobiernos contemporáneos no entienden ni consideran en su relación de dominación y sometimiento de nuestros pueblos.
Para entender un poco la naturaleza histórica de los conflictos comunitarios en Oaxaca, lo que el Estado en distinto momento ha considerado ‘amotinamiento o rebelión’, se debe tomar en consideración el simbolismo de algunas acciones como
La toma del palacio municipal
El ‘amotinamiento’, debió ser en tiempos coloniales, sinónimo de lo que hoy el agente del Ministerio Público y el Subprocurador en el istmo reconocen como ‘enfrentamiento’, así se trate de una balacera indiscriminada de policías en contra de una manifestación pacífica, como han sido los casos de Unión Hidalgo y Santa María Yaviche. Lo que en otro tiempo fue un auténtico rebelde colonial, ahora puede ser considerado, por los jueces, un ‘sujeto de alta peligrosidad social’ casi, casi un terrorista. La ‘toma’, pacífica o violenta, de los palacios municipales por las comunidades, ha sido reconocida históricamente en la memoria de nuestros pueblos, por lo menos en el istmo oaxaqueño, como símbolo del desconocimiento de la autoridad por parte de la comunidad. En los inicios de la COCEI (Coalición Obrero Campesino estudiantil del Istmo) , resalta la toma del palacio en 1980-81; Juchitán muestra a la nación una tradición de lucha de una gran comunidad indígena, trastocada paulatinamente al sistema político partidista. En el caso de Unión Hidalgo, la manifestación no se proponía ‘tomar el palacio’, la directiva del Concejo Ciudadano Unidalguense, (CCU), no había previsto nada más allá de la manifestación; de hecho, a su arribo la policía preventiva del estado asumió el resguardo del palacio sin ninguna resistencia por parte de los manifestantes. Los dirigentes del CCU y un importante número de manifestantes, rendimos nuestra declaración ante el Agente del Ministerio Público en el transcurso de las 48 horas posteriores a la masacre, no así el desconocido presidente municipal. Se empezaban a delinear los primeros trazos de la estrategia represiva del gobierno del estado contra una comunidad casi inerme. En la conciencia colectiva de la comunidad de Unión Hidalgo, el palacio municipal está tomado desde el 13 de febrero de 2003; después de la retirada de la policía del estado el 27 de abril, su único resguardo por parte de la comunidad, así sea simbólico, ha sido el campamento del CCU que, con dificultades, se mantiene en la plaza frente al palacio, hasta ahora. El campamento no es un centro de adiestramiento subversivo, tan sólo es un espacio para la reunión, la comunicación, el diálogo y las desveladas, su centro de mayor actividad es la cocina, sobre todo cuando tenemos visitas como La Caravana reciente.
Esta última parte, o intermedia, de nuestra historia que inició en la plaza y en las calles de nuestra comunidad, solo ha podido ser reflexionada y escrita desde
El reclusorio de Tehuantepec
Este lugar se ubica a una legua del centro de Tehuantepec, aquí estamos en la parte más occidental de la planicie zapoteca del sur del istmo, precisamente antes de cruzar los primeros cerros que anteceden a Jalapa del Marqués. Aquel occidente de nubes púrpura que vemos en los atardeceres desde Unión Hidalgo, se encuentra aquí, precisamente en nuestras cabezas entre las 6 y 7 de la tarde, el color que toma el cielo y todo en esa hora mágica algo tiene que ver con el color de la tierra que también tiñe de colorado. No se trata entonces de una prisión moderna, como Almoloya en el Estado de México o Puente Grande en Jalisco; aquí, la construcción original es la de una escuela ‘moderna de los años 70’s, en los patios interiores se construyeron edificios con celdas en donde caben hasta cinco reos o ‘internos’, el total de la población es cercana a setecientas personas. Dicen que en tiempos de Echeverría, se quisieron implementar granjas productivas en prisiones de este tipo, pero por la sobrepoblación posterior no hubo progreso del modelo productivo; sin embargo, los patios y corredores están plagados de bastidores para la elaboración de hamacas multicolores, calculo que se producen más de 300 hamacas en tres días, de distintas calidades, tejidos y peso.
De Mixtequilla, que al igual que Jalapa ya se encuentra poblada desde inicios de la época colonial, se divisan sus luces a escasos 3 o 4 kilómetros al norte del sitio donde nos encontramos. Como estamos muy cerca de donde empieza la sierra, durante el día nos visitan muchas aves que se posan en los escasos árboles que hay aquí, y por las noches surcan el cielo decenas de cortamortajas que vuelan en torno al campanario de la pequeña iglesia, emiten un chillido que no es muy agradable, sobre todo porque tradicionalmente se le asocia con posibles difuntos.
Al pie de la sierra, corta el paisaje y el entorno natural la nueva supercarretera que entronca con la costera en Guelaguichi y que, de acuerdo con los planes comunicará a Huatulco con Ixtepec, sin pasar por Salinacruz, es la otra cara visible, palpable y materializada del Plan Puebla Panamá. En Jalapa del Marqués, afortunadamente, se ha suspendido temporalmente el anunciado proyecto hidroeléctrico, en parte por la protesta e inconformidad de la comunidad, con la asesoría del colectivo ciudadano ‘cortamortaja’, aunque también debido a la falta de certidumbre jurídica para los inversionistas extranjeros en este rubro. En lo que respecta a generación de electricidad, además de la presa se ha contemplado la posibilidad de establecer aerogeneradores en la planicie ubicada al norte de la carretera panamericana, entre Juchitán y Santo Domingo Ingenio.
Lamentación del preso político
No está por demás expresar que desde que hemos sido recluidos en este sitio, lamentamos muchas cosas, más allá del plano personal, la privación de la posibilidad de asistir, participar y contribuir en las distintas reuniones y foros que son un ejercicio de comunicación por la autonomía de nuestros pueblos como: el que se realizó en mayo en San Juan Guidxicobi, casi en plena ‘vela de San Isidro’, las reuniones del 8 de agosto, el CNI (Centro Pacífico) en Bancos de San Hipólito en Durango, en la misma fecha el nacimiento de los Caracoles en Chiapas, Cancún en septiembre, Huehuetla en octubre, la Caravana en noviembre, los aniversarios, la reunión del CNI región centro pacífico en Ayotitlán y finalmente la jornada de movilizaciones nacionales que concluirán en el D.F. el 27 de Noviembre hacia el histórico Gran Paro Nacional. Pues bien, ¡lamentable no¡. Como es muy probable que para entonces sólo la palabra siga libre, no podemos menos que influir en los ánimos de todos aquellos con quienes nos podamos comunicar; independiente mente de la gran concertación sindical nacional, sabemos que la sociedad civil, los ciudadanos conscientes de todo el país expresarán en esta jornada su antipatía al neoliberalismo privatizador del actual gobierno. Enterados estamos de que el gobernador de Oaxaca pretende aparecer en esta marcha para mostrar su oposición a la privatización neoliberal, lo cual nos parece aberrante y sumamente contradictorio cuando en su estado quienes nos oponemos a la ilegal y ecocida inversión extranjera en nuestros territorios somos reprimidos y encarcelados.
Hacia la reconstitución de la Autonomía Indígena
La respuesta de nuestras comunidades del centro y sur del Istmo, a los planes privatizadores neoliberales, y específicamente al Plan Puebla Panamá, pretende ser considerada por el Estado como ‘subversiva’, y nos confrontan con un sistema jurídico político que choca con los ‘usos y costumbres’ de nuestras comunidades indígenas, es decir, que niega en los hechos el respeto y reconocimiento de nuestros derechos en tanto comunidades indígenas. Se ha reiterado que ahora debemos preocuparnos más por el ejercicio del derecho a la autonomía, que por su reconocimiento en la Constitución, por lo menos durante el gobierno de Fox.
La experiencia de las manifestaciones contra la contaminación provocada por ductos y derrames de PEMEX en las comunidades de San Juan Guidxicobi, Xhadani, Alvaro Obregón, Juchitán, San Francisco del Mar, entre otros, denotan la preocupación de nuestras comunidades mixes zapotecas y huaves por el ‘cuidado’ ecológico del territorio que habitamos; esta situación, sin embargo, confronta la comunalidad en nuestros territorios con el sentido privatizador promovido por el Estado y también se confronta con lo que pueda parecer al gobierno ‘prioridad nacional’ . Por lo tanto cualquier propuesta de reforma privatizadora que afecte al artículo 27, que no respete el reconocimiento de nuestros territorios, conllevara la destrucción de nuestro intento de reconstitución autonómica en distintos planos, el del territorio es elemental.
En nuestras comunidades la base de nuestra autonomía política son las asambleas, sean comunitarias o ‘ciudadanas’; ahí en donde éstas son parte de nuestros ‘usos y costumbres’ se han traducido en una forma de resistencia que se opone al sistema jurídico político del gobierno del estado, en el caso de Oaxaca y en casi todo el país, donde no basta la existencia de una ‘Ley Indígena’, cuando en la práctica se reprime cualquier iniciativa comunitaria o ciudadana. En el caso del Concejo Ciudadano Unidalguense (CCU), en el municipio de Unión Hidalgo, Oaxaca, las tres asambleas comunitarias que se han realizado en el transcurso de este año, han permitido recuperar y/o recrear comunitariamente el sentido de respeto y autoridad de los ancianos y ancianas; al igual que el CCU el Concejo de Ancianas y Ancianos (CAA), empiezan a ser considerados por muchos ciudadanos como instancias comunitarias de mucha autoridad moral y política dentro de la comunidad. La participación de ambos Concejos como entidades responsables para la realización y vigilancia de las fiesta tradicional del pueblo, constituyen un hecho en apariencia inédito, ya que lo que antes fueron funciones de los mayordomos y ancianos, xhuanas y capitanes, habían sido absorbidas y asimiladas por las autoridades municipales. La realización de la fiesta y el recibimiento festivo de la Caravana en Unión Hidalgo, significaron la acentuación del desconocimiento que de hecho existe de la ‘autoridad municipal’ desde el 13 de febrero de 2003.
En Unión Hidalgo estamos transitando por un proceso autonómico que el Estado pretende desaparecer mediante la represión selectiva al CCU y CAA, así lo demuestra nuestro encarcelamiento y las más de 25 ordenes de aprehensión que existen en contra de compañeros que ostentan algún cargo en cualquiera de ambas instancias. Esta experiencia es muy parecida a lo que ha estado ocurriendo en Xochistlahuaca, con comunidades amuzgas de Guerrero y, desconozco en que medida, con las comunidades de Ayotitlán Jalisco, en la sierra de Manantlán, en donde desde los tiempos de Don Zeferino Padilla (q.e.p.d.), hace diez años, se iniciara la reconstitución de su Concejo de Ancianos, precisamente para dar seguimiento a la situación de tierras y territorios de la comunidad. Este puede ser el caso de cientos de comunidades indígenas de México.
Ante la miserable oferta de los gobiernos y partidos políticos para el respeto y reconocimiento de nuestra autonomía, la asamblea, la toma de decisiones consensuadas, pasa a ser la principal defensa de la autonomía política de nuestras comunidades, fungiendo sobre todo como espacios para la comunicación y coordinación por la autonomía. Además del desconocimiento de nuestros derechos y la represión ¿qué más podemos esperar del Estado, cuando de lo que se trata es de reconstituir la autonomía?; en algunos conflictos que aquí hemos mencionado la respuesta a la anterior pregunta puede representar bien la opción histórica por la autonomía o, defectiblemente, el fortalecimiento del control del sistema estatal en ámbitos como la impartición de justicia, el ‘desarrollo comunitario’ y las formas de participación política.
Dada la abstención de las mayorías en las elecciones del 6 de julio, la sociedad civil indígena y no indígena ha venido recreando espacios de participación y recreación política que derivan en formas de resistencia a los planes neoliberales que tratan de imponer últimamente los gobiernos en nuestras comunidades. Pareciera entonces que, además de ejercer el derecho a la autonomía, en ámbitos rurales o urbanos, comunitarios o regionales, se deben fortalecer las redes de comunicación y la interacción comunitaria de experiencias asimilables de resistencia. No podemos decir pacífica porque finalmente estamos en la cárcel de manera injusta y este hecho representa una acción violenta, una violación de nuestros derechos perpetrada y camuflajeada por el Estado, con el mismo ropaje jurídico con que ha reprimido a comunidades, movimientos, organizaciones en los últimos treinta y cinco años, sino es que más. Por supuesto que más. . El trabajo colectivo de comunicación y acción de emergencia entre comunidades y organizaciones, como el que realizan las Caravanas, demuestran que es posible reforzar con las comunidades sus aspiraciones autonómicas, que es posible andar el camino de nuestras comunidades sin el Estado, acompañando ese andar con una aguda crítica a los instrumentos represivos de los gobiernos y de los caciques. Desgraciadamente, en gran parte del estado de Oaxaca y particularmente en el istmo de Tehuantepec, la realidad material que quisiéramos para nuestros pueblos y comunidades, no es la misma que con poca luz se refleja en la cabeza de los ‘gobernantes’ o, si se quiere, de los malos gobiernos.
Finalmente, quienes pensamos que es necesario ejercer el derecho a la autonomía y libredeterminación de nuestras comunidades y pueblos, creemos que es necesario fortalecer las redes de comunicación-acción que permitan la irradiación de experiencias. Ese ejercicio del derecho a la autonomía no puede dejar de lado la valoración histórica de esas experiencias, es decir, evaluar hasta donde ha resuelto o ayuda a resolver los problemas y las necesidades más sentidas por nuestras comunidades.
Reclusorio de Tehuantepec, Noviembre de 2003.
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