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05 Jul 2008
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De: Rafael Calero Palma
AUTORRETRATO (O ALGO POR EL ESTILO) Me llamo Rafael. Nací en el mes de febrero. No soy muy alto. No soy muy guapo. Mis ojos son grandes y miopes. Casi nunca recuerdo mis sueños. Me gustan las canciones tristes de Tom Waits. Prefiero una palabra a mil imágenes. Aún no he aprendido a volar.
(Inédito)
…Y A DERROTA
De lo más profundo de la noche nace un blues negro como la sangre de un condenado a muerte y deja en la boca un amargo sabor a humo rancio y a derrota.
(De Hablando de amor con el cobrador del frac)
LA MIRADA DEL JAZZ La música de Louis Armstrong animando todos los burdeles que surcan el Misisipi. La voz hiriente que sale de la garganta de Bessie Smith. La máquina de hacer swing de Count Basie. Duke ellington y sus mil razones para vivir. Sydney Bechet y las viejas melodías de Nueva Orleans. Billie Holiday y su manera única de decir el blues. La poesía vanguardista de Lester Young escrita con su saxo tenor. La tristeza sutil de Sarah Vaughan. Charlie Parker haciendo llorar de belleza a Kerouac en un club de Chicago. Miles Davis, de espaldas al público, tocando “Time after time”. Una habitación mugrienta en un hotelucho de Ámsterdam donde Chet Baker va a saltar por la ventana. Una lágrima azul, bajando, despacio, por la mejilla negra de Nina Simone. Sonny Rollins leyendo, de madrugada, una novela de Chester Himes. Josephine Baker leyendo, de madrugada, un poema de Langston Hughes. La mano izquierda de Django Reinhardt. El alma negra de Benny Goodman. La libertad total de Dizzy Gillespie. Thelonius Monk paseando, el día de Navidad de mil novecientos cincuenta y siete, por las calles gélidas de Harlem. Ella Fitzgerald, que nunca conoció a su padre. La melancolía desgarradora de Bill Evans sentado al piano. Art Blakey y sus antepasados africanos. Ornette Coleman y el significado de la palabra revolución. John Coltrane paseando por caminos que aún no existen. El cáncer de hígado que arrebató la vida de Stan Getz. Fats Waller, viajando en un tren nocturno con destino a la muerte, el quince de diciembre de mil novecientos cuarenta y tres. Miradas de jazz.
(De La Mirada del Jazz)
MALA LECHE
Veo que el mundo está del revés Tom Waits
Hoy me he levantado escupiendo mala leche. No sé qué hostias me pasa, pero detesto a todo el mundo: a los políticos (se entiende), a los imbéciles presentadores de programas de televisión (también es comprensible), a la gente que va en coche, y a los que pasan, caminando, junto a mí (esto se entiende menos, pues ni tan siquiera los conozco). Me siento repleto de ira. Mis venas rebosantes de odio lo expanden, poco a poco, por las zonas más recónditas de mi estúpido cuerpo. Ten cuidado si te acercas a mí. Podría contagiarte, y eso sí que sería terrible. Seríamos dos cuerpos llenos de mala leche.
(Inédito)
HIJOS DE PUTA
El mundo está lleno de hijos de puta Fito Páez
El mundo es un lugar lleno de hijos de puta. Sin miedo, salen de sus madrigueras, tomando el control, poco a poco, de todo: supermercados, galerías de arte, pastelerías, tiendas de pianos, empresas de pompas fúnebres. Los puedes encontrar en cualquier sitio, por muy extraño que parezca. Trabajan en los bancos, en los hospitales, en las peluquerías o en los bares de moda. A veces llenan el depósito de tu coche de gasolina o enseñan a leer a tu hijo pequeño; otras veces te venden una pizza recién hecha, una película porno o el último premio planeta. Conducen camiones, autobuses urbanos, taxis. Algunos son famosos: los puedes ver en televisión, en los periódicos, en las revistas. Los hay millonarios y están aquellos otros, que, literalmente, no tienen donde caerse muertos. Hombres y mujeres. Jóvenes lozanos y ancianos decrépitos. Pueden ser hermosos, atractivos, elegantes. Pueden ser feos, deformes, malolientes. Morenos y rubios. De largas melenas o alopécicos. Solteros, casados, divorciados. Algunos votan en todas las consultas electorales: elecciones municipales, autonómicas, generales, referendos o plebiscitos sobre cualquier asunto: otros no lo han hecho nunca (ni piensan hacerlo). Algunos son donantes de sangre, de semen, de riñones, de penas. Otros, sin embargo, no dan ni la hora a la madre que los parió. ¿Qué le vamos a hacer? Así es el mundo, un maravilloso lugar lleno de hijos de puta.
(Inédito)
TRISTEZA
La tristeza me sonríe con boca de hiena Mari Pau Domínguez
El sonido melancólico de la lavadora en la tarde otoñal.
Absurda Tristeza Metálica.
(Inédito)
EL ÁNGEL YONKI
Como cada día durante los últimos diez años, el ángel yonki se sentó en el único sillón que quedaba en la casa. Así comenzaba el ritual. Sacó una pequeña cantidad de heroína pura —parecía azúcar moreno— de una bolsita transparente. La colocó cuidadosamente en una cucharilla de café, añadió unas gotitas de agua y, después, aplicó un hilillo de calor con la llama azulina de un mechero barato que no recordaba haber comprado. Mientras la mezcla se cocía, su olor iba expandiéndose por toda la sala. Era un olor difícil de describir, pero a él siempre le hacía pensar en pájaros volando después de la lluvia. Después se ató un trozo de goma en la parte superior del ala. Cuando lo hubo hecho, tomó entre sus dedos sarmentosos una jeringuilla de plástico —no acertaba a comprender cómo algunos yonkis odiaban la jeringa—, la acercó a la cucharilla y absorbió la mezcla. Respiró hondo, una, dos, tres veces y acercó la finísima aguja a la vena, a punto de explotar. La clavó despacio. Y empezó a apretar el émbolo. El néctar —este era el nombre que a él le gustaba usar— se abría paso por la marea roja con la fuerza de un huracán. Y llegaba hasta el rincón más alejado de su cuerpo. Un sonido fino, brillante, como de mercurio líquido —ahora pensaba en Dylan—, empezaba a llenar la habitación. Una felicidad invisible se iba apoderando, milímetro a milímetro, de todo su ser. Y la oscuridad daba paso a la luz más hermosa y el dolor dejaba de ser una sensación física para convertirse en un recuerdo borroso y él volvía a creer —aunque fuese sólo por unos instantes— en la bondad infinita del universo. Y en esos momentos no le preocupaba, en absoluto, haber sido expulsado del Paraíso para toda la Eternidad.
(Inédito)
El ÁNGEL ENFERMO
Finales de enero. Hace frío en la playa. El ángel enfermo se sienta, como cada mañana, sobre la arena, al tibio sol de invierno. Lleva un libro en las manos. Una antología de los poemas de Juan Ramón. El ángel enfermo abre el libro. Al azar, elige un poema, “La muerte bella”. Lee, en silencio, el primer verso, ¿Qué me vas a doler, muerte? Lo repite tres veces. Después, un escalofrío casi imperceptible recorre sus alas enfermas de cáncer.
(Inédito)
La rosa roja tiñe de sangre la mano asesina que la desgarra.
(Inédito)
LA HISTORIA DE MI VIDA
Y en la última escena el murmullo incontenible de sus ojos o el sabor antiguo de su piel, y millones de minúsculas partículas de nostalgia, oscuras y adversas, revoloteando alrededor, como insectos que van a la luz de las farolas o palabras tristes que buscan las canciones de Bob Dylan. (De Desorden)
Rafael Calero Palma <
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