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22 Nov 2008
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En la extraña ciudad, Justo Jorge Padrón |
de Justo Jorge Padrón
AVISO AL CAMINANTE
Aunque ya no soportes la soledad que gritas
ni aguantes el vacío de tus horas,
aunque te falte el ojo izquierdo
y la mano derecha,
y no sepas con qué pierna aminas,
aunque sin fuerzas y sin esperanza te encuentres
y veas que la luz perdió el color,
aunque ya no te importe el tacto de las flores,
ni la risa del agua,
ni el deslumbrante vuelo de los pájaros,
aunque los pájaros sean para ti
muñones de las sombras
y un oscuro oleaje
todo el murmullo de la humanidad,
aunque la historia de los hombres cruja
y se rompa en tu frío corazón
como pellejo de inmundicia y sangre,
recuerda que aunque sea
con el ojo derecho
o con la mano izquierda
o con lo que te quede de tus miembros,
seguirás adelante
y lucharás con toda tu ceguera
aunque nada más sea para sobrevivir
porque eres sólo un hombre.
(Justo Jorge Padrón. Del poemario “Los círculos del infierno”. 1976)
BAJO LA PARDA LOBA
Preso en la indiferencia de estos muros,
en medio de legajos y expedientes
de hombres que no quisieron doblegarse
bajo la parda loba,
y desilusionado,
contemplo mi huidiza juventud
atada por el miedo,
a alegre fiesta luminosa
de este día que arde sin que pueda
exprimirlo, beberlo como si fuera un fruto,
en medio de la calle,
libre, distinto como los demás.
(Justo Jorge Padrón. Del poemario “Los oscuros fuegos”. 1971)
LAS OSCURAS HORAS
Desperdiciadas las oscuras horas
con la torva vehemencia de lo que ya no vuelve,
contemplas cómo el alba ahora ilumina
tu derrota, tu anhelo de encontrar
otro motivo que te sobreviva.
Y repasa de nuevo
como cartas veloces
de una baraja, vericuetos, signos
y restos de la noche. Has rechazado
en turbios bares manos peregrinas
y ávidos labios que se te ofrecieron,
y entremezcladamente, en el cercano
rumor del mar, percibes las absurdas
voces vertidas en su estéril juego
del decir y no ser.
Quedan atrás, como una carga inútil,
las inservibles experiencias
que sólo dejan su sabor nostálgico.
Con desazón idéntica, la ciudad miserable
despierta largas calles solitarias.
Miras la luz que nace,
el brusco centelleo de un balcón,
cualquier rostro de asombro,
duros contornos nuevos que destacan
caminos que te ofrecen
un posible regreso,
acaso el más veraz y presentido.
Terca pasión de vida
sin límites envuelve esa esperanza:
y sonríes vencido, porque ahora
la memoria puntual recuerda y niega.
Prosigues calle abajo
de espaldas a la luz que te acompaña,
tropezando con sucios perros madrugadores, oyendo su salvaje algarabía
y el toque eléctrico de gallos
rompiendo la mañana.
Y llegas y abres temeroso
la puerta que conoces,
y encuentras de repente tu pasado, el familiar olor de cuanto uniste.
Vacilante te observas
en la cruel superficie de un espejo
y odias a aquel que te hace muecas
desde su fondo triste
para alegrar de nuevo tu retorno.
Entras furtivamente
en la estancia. Desnudo y viejo abrazas
el cuerpo cálido sobresaltado,
mientras te gana un sueño inextinguible.
(Justo Jorge Padrón. Del poemario “Las Oscuras horas”, 1971)
EN LA EXTRAÑA CIUDAD
En la extraña ciudad del norte oscuro,
la de los largos puentes y canales,
en trenes subterráneo, acosado
de frío y soledad,
vas, amargo extranjero,
como una sombra en busca de ti mismo.
Observas los impenetrables gestos
de rostros que se cruzan,
toda la gris indiferencia
de espejos sin azogue,
el cerco, el vacío deslizante
que te producen sus destinos
conducidos por hilos rutinarios.
En este alucinante tránsito se suceden
los decorados, vidas alineadas,
perspectivas, silencios
que no se juntarán.
Y tú, quizás distintos a todos,
buscas una mirada que detenga
tu camino indeciso, una sonrisa
que te devuelva tu perdida imagen:
la pasión de la vida.
(Justo Jorge Padrón. Del poemario “Los oscuros fuegos” . 1971)
EL LLANTO
Porque no hay más que llanto,
sólo llanto en el mundo,
vértigo de dolor, pérdida, decadencia,
y llanto, muchedumbres condenadas,
vacío y llanto, rostros de impávida amargura,
desolados, perdidos sin saber,
y el estremecimiento que crece como un fondo del abismo,
llanto, llanto llenando el mundo, trenes,
bodegas, llanto, cárceles,
cementerios y llanto, ruinas, llanto,
igual que una invasión constante y ciega,
como una plaga incontenible el llanto,
siempre el llanto en la playa solitaria,
tras el silencio turbio de la tarde,
tras cristales mojados, desconchadas paredes,
en coches negros, siempre el llanto, el llanto,
monótono, terrible, inconsolable, hermético,
el llanto, letanías, hospitales,
órdenes, llanto, botas y fusiles,
llanto, miseria, llanto,
llanto por las aceras,
en las casas cerradas
llanto, entre uñas y dedos y cabellos,
mojando el pecho, trasminando el mundo,
ahogando al hombre, sólo el llanto, el llanto.
(Justo Jorge Padrón. Del poemario “Los círculos del infierno”. 1976)
NINGÚN RUIDO,
NINGÚN SILENCIO
Y de pronto cortando vertiginoso el aire,
oscuro frío en mi cerrado cuerpo.
Un golpe atroz estalla. Con cortantes añicos
me violenta la espuma, mi mudo cuerpo insomne
sumergiéndose insomne, sumergiéndose
como un tren sin rieles y sin faros,
reducidos a burbujas en el mar de los hielos.
Ya soy este espesor que nunca se ha de abrir,
hundiéndome en lo negro inextinguible,
hundiéndome, hundiéndome.
Como la lluvia o los torrentes caen,
van cayendo los muertos desde ríos y tumbas,
desde noches y crímenes y siglos olvidados,
girantes torres de ojos, rostros rígidos
como columnas, gélido museo
de gestos, vaho turbio entre venas de piedra,
toda la eternidad encerrada en el agua,
pálidas ondas casi vidrio,
oscilante torpeza de inertes manos,
bocas abiertas, máscaras fueron
vejez y dolor y este humo inmóvil
que ya todo lo ocupa.
Huecos y sombras que laceran
desaparecen en lo oscuro, sueños
entrevistos y fríos remolinos
de un círculo de olvido y desamparo,
apariciones, súbito centellear de huesos
en lomos de corceles invisibles,
rompiéndose entre sí, disgregándose, sordas
explosiones, naufragios y cráneos que descienden
y maromas sonámbulas y pelos
extensos cortando témpanos, ocultando
inmensos bosques, fósiles, espejos de lo exangüe,
larguísimos descensos de la muerte,
atravesando corredores, angostas galerías,
sumideros, sentinas, cavernas, desplomándose
a los abismos, órbitas y racimos de manos,
cadenas macilentas de las que emergen dedos
que los relámpagos encienden,
mas ningún ruido, ningún signo,
ninguna voz, ningún silencio.
Busco el grito en mi corazón,
lo estoy buscando en vano.
(Justo Jorge Padrón. Del poemario “Los círculos del infiernos”. 1976)
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Esta página tiene algo mágico, cada v...
SALUDOS! - UNAS LINEAS BELLAS Y BSTAN...
Felicitaciones maestro. Leí su página...
Es al final de Incertidumbre - que va...