miércoles

El término “capitalismo feminista” puede sonar doloroso para las feministas que se consideran de izquierda y, más aún, para las que se oponen a las bases del capitalismo. Pero, si se oponen al sistema, deberían abandonar sus intentos de buscar ser aceptadas por él. La lucha contra la discriminación en los empleos, por ejemplo, es la lucha para formar parte de la máquina productiva del sistema, de los patrones, los roles impuestos y la plusvalía, es decir, del capitalismo.

¿Abandonar la casa para estar encerradas en una oficina? ¿Cambiar al marido por el patrón? Esto es lo único que nos pueden ofrecer las reformas laborales. Mejorar las condiciones en los empleos no es otra cosa que mejorar el funcionamiento del sistema, por que ello no cambia su estructura matriz.

Son los derechos y los deberes los que nos oprimen, exigir igualdad social es un anhelo suicida. La codicia hacia la esclavitud asalariada a la que están sometidos los “hombres” se hace evidente. Las feministas suponen un colectivo oprimido de nuestra sociedad que desea convivir en asociación íntima con sus propios opresores.

Para recuperar nuestras vidas necesitamos oponer nuestras necesidades a todos los derechos que nos pueda ofrecer este sistema o cualquier otro, esto es actuar prescindiendo del permiso de las instituciones del patriarcado. No necesitamos la protección del estado, por más que su policía nos asegure no tocarnos ni con el pétalo de una rosa.

sábado


Sábado 27 Charla & Taller

Lxs amiguis salvajes convocan a esta linda actividad, alentando nuestro insurreccional y sensual resurgir desde dentro (y también desde fuera) del entramado civilizado.

Charla:

Luddismo y Tecnología / Consumismo


Talleres:

Plantas mágicas (medicinales) / Hazte tus toallas higiénicas


Muestra de cortos de vídeo

Música y Dramatización

Feria de Publicaciones D.I.Y.

Trueque y Economía del regalo

y más!


Sábado 27 de Setiembre. Desde las 11.30 am
Jr. Huanta 527 (a 1/2 cuadra de Plaza Italia), Barrios Altos.

lunes

El capitalismo y la globalización son lo mejor que le ha podido suceder al capital, la forma más adaptada a la civilización. Para la humanidad y para el resto de seres vivos, lo peor. A nadie le favorece pasar a formar parte del capital, de una gran cadena de engranajes. Todo se convierte en mercancía: no sólo los productos sino también los productores, que son convertidos en nuevos productos comerciables. En un mundo donde no sólo convivimos entre cosas sino también como cosas, un producto económico puede ser más importante que un individuo. La ilusión de la libertad le ciega y le obliga a perseguir esa calidad de importancia dentro del espectáculo mercantil: el individuo se convierte en cosa, es empujado a desear serlo para ser aceptado. El rey Midas es recibido con los brazos abiertos.

Aquellos que buscan el control de la riqueza y su distribución por medio de un ente separado de la sociedad (el estado) no quieren algo muy diferente de lo que buscan aquellos que ponen las manos en el fuego por quienes, en base a su capacidad intelectual, se apropian de la riqueza y la distribuyen como salario (jefes, patrones o sus intermediarios: sindicatos). Ambos siguen sumergidos dentro del mismo gheto ideológico. Sus objetivos son los mismos. Todos quieren gestionar la producción, pero mantenerla implica tolerar su autoridad: la división del trabajo, la especialización. Ello suprime cualquier posibilidad de libertad individual.

Las teorías que proponen un sostenimiento social basado en la producción económica sólo se diferencian entre si por ser unas más discretas que otras, por más que unas sean menos hipócritas que todas las demás. Lo único que nos pueden ofrecer toda esta clase de propuestas es un mejor salario o un mejor reparto de riqueza. Todas quieren conservar el botín preciado: el capital. Y no es eso solamente. Quieren seguir produciéndolo, sin importarles como se produzca este, o si a caso la producción sea el verdadero impedimento para la libertad de las personas.

El liberalismo es tan carente de libertad y conservador como lo son el comunismo de estado o el socialismo. Todos renuncian a la libertad cuando nos adjudican roles productivos, sea conservándolos (burgueses y proletarios) o aplicando pequeñas variantes (representantes de los proletarios y proletarios). Ni los explotadores ni los explotados pueden disfrutar de la vida y el placer, tan sólo de la miseria, la rutina y el aburrimiento.

Los roles impiden la libertad individual. Los roles son la renuncia a la experimentación y creación de cada instante de nuestras vidas. Asumir un rol nos obliga a repetir de manera continua determinadas conductas ajenas a nuestros deseos inmediatos, nuestros deseos verdaderos. La imitación es la carencia de autenticidad. Los roles nos aíslan de las personas que más queremos en los momentos que las necesitamos. En una sociedad mercantil encontrarnos con las personas que queremos y disfrutar la vida es un rol más, no una construcción autónoma de la vida. Es el tiempo de recreo que se nos regala por nuestro sacrificio y durante el cual –además- debemos estar pensando en que pronto debemos abandonarlo.

Si aceptamos los roles es por que ellos se adaptan a esta sociedad. Lo cual implica no desafiarla, sino querer mantenerla. Quien busca la libertad a partir de un rol, se está engañando, o nunca antes conoció la libertad y probablemente nunca la conozca. Conociendo lo que son los roles, ya sabemos hacia donde se está dirigiendo realmente.

En toda sociedad moderna existe una clara división del trabajo que implica una angustiante proliferación de los roles. Son beneficiados directamente aquellos que poseen los medios de producción, los demás, quienes no los poseen, son sus subordinados: sus esclavos asalariados. Los únicos beneficios posibles en esta clase de sociedades son económicos. La libertad es, en última instancia, un objetivo ficticio, una recompensa más, no una forma de vida.

Estos nuevos funcionarios de la policía de la realidad no están preocupados en si la productividad y el desarrollo interfieren y hacen mediocre la vida de las personas, principalmente por que no están preocupados en la vida de las personas sino en sus capacidades productivas. La forma como emplean su capacidad intelectual los instrumentaliza para producir instrumentos útiles para seguir instrumentalizando la vida. Pero la libertad no se puede obtener de una fábrica, ni mucho menos en un supermercado. Los problemas reales de la vida de las personas no se pueden obtener a partir de la resolución de problemas matemáticos. Si nos pasamos la tercera parte de la vida produciendo tecnologías, para suplir las carencias que ellas nos impiden realizar, el problema no será que las máquinas adquieran cualidades humanas, sino que los humanos adquiramos una vida de máquinas.

Si Dios fuese empresario, todos aquellos que defienden esta clase de teorías portarían una cruz colgada en el pecho. Pero, Dios no existe. Lo que existe es el valor simbólico del capital, que no es conservado en el pecho, pero si en sus mentes y bolsillos con una ferviente devoción. Quien no cumple los mandamientos del trabajo, no merece la vida y es sancionado o desterrado por los nuevos profetas del capital. Hay que ganarse el pan de cada día con el sudor de la frente, entonces. La vida deja de ser un juego espontáneo y libre y se convierte en espectáculo mantenido por la frialdad de la economía y la dictadura del reloj.

sábado

Somos víctimas. Somos víctimas por que aceptamos serlo, por que siempre le concedemos un saludo esperanzador a todos nuestros verdugos. Y, lo somos, mas aún, cuando, siéndolo, intentamos negarlo. Lo negamos pero lo afirmamos acomodando nuestras cabezas en la guillotina, una y otra vez.

Somos víctimas, vivimos como víctimas, pero aspiramos a ser verdugos. O, al menos, -siendo sensiblemente incapaces de poder cometer crimen alguno- nos seduce tener su poder. En una vida de guillotinas, o eres víctima o eres verdugo. Y nuestro error, si, es culpar únicamente a los verdugos. No por nuestra incapacidad para serlo, sino por nuestra capacidad para ser víctimas. Víctimas y verdugos; quienes no tienen poder, pero lo ostentan, y quienes se lo han quitado, luchan incansablemente por lo mismo: tener el hacha de la guillotina sobre las manos y no sobre el pescuezo. Al querer ser todos verdugos, es necesaria la existencia de víctimas. Las víctimas también aceptan tal necesidad, por que piensan como verdugos. Pensar como verdugos nos condena a vivir como víctimas. A todos.

¿Qué es lo que nos ciega?, ¿dónde se encuentra el punto que nos aleja de nosotros mismos y perpetúa nuestros roles?, ¿quién nos los impone, somos nosotros?, ¿nosotros luchamos contra nosotros?, ¿somos víctimas y villanos para nosotros mismos?, ¿somos nosotros quiénes tomamos el hacha y desmenuzamos la piel de nuestro cuello sin quitar la sonrisa del rostro mientras la sangre se riega por el suelo, salpicando sobre nuestros zapatos, gota a gota?

Sí, es evidente que lo somos. Ya no podemos negarlo. Nuestro presente nos acusa moviendo el dedo índice con desprecio. Pero este presente, ahora que empezamos a conocerlo, nos dificulta cambiar aquello que somos, por aquello que queremos, cuando empezamos a despreciarlo. Nos obliga. Mental y física, individual y colectivamente nos tiene chantajeados. Y no deja de mover el dedo.

No somos nosotros los que viven, nunca hemos vivido más que dentro del vientre. El resto de nosotros, lo que somos en el presente, no son mas que nuestros cadáveres realizando movimientos mecánicos y repetitivos. El proceso de socialización nos ha desahuciado. En nuestro presente el objetivo que perseguimos es el de cavar nuestras propias tumbas. Y ya es muy tarde para ello, pero todos lo consideramos indispensable, pensamos aún contar con vida, pero aún así, en lugar de vivirla preferimos asegurar el futuro: la muerte. Es ese nuestro rol. Todos lo hacen, el miedo es quien obliga, por que todos quieren proteger la muerte a la que llaman vida.

¿Qué es lo que diferencia a la vida de la muerte? Que mientras se está vivo la respiración circula de manera espontánea. Los muertos respiran por obligación. Los muertos no están activos, pero son productivos y tienen una o más de una utilidad. Tienen utilidad para el mantenimiento de un ambiente gris, como el actual; no para cualquiera. Los muertos son indispensables para un cementerio. Y los cementerios son indispensables para los muertos. Ambos se satisfacen, se apoyan mutuamente. Los muertos expanden el cementerio y globalizan ambientes propicios para el espectáculo de la guillotina. La expansión del cementerio permite la existencia de más muertos, la guillotina se la niega a los vivos.

Cementerio y guillotina; quienes protegen a los muertos y quienes los producen, ambos parecen tener vida pero se encargan de acabar con ella. Su fecundación es la muerte: seres vivos son convertidos en objetos productivos obligados a mantener y reproducir su especie, cumpliendo una cadena de roles en complicidad con más objetos. Causantes de la muerte, del espectáculo y su aceptación. Ambos determinan la dicotomía verdugo-víctima y víctima-verdugo. Las solidifican. Aseguran las ataduras. Afilan el acero de la cuchilla. Colocan firmemente todos los implementos y se disponen al sacrificio. El mundo aplaude. El primero en aplaudir será el siguiente. El mundo sigue aplaudiendo.

miércoles

Antropocentrismo moderno

La búsqueda de la protección para la tierra es la acentuación moderna del antropocentrismo. Cuando un ciudadano común toma una perspectiva en favor de la tierra no está imaginando si quiera empezar una transformación en su forma de vivir, sino que tiene los ojos puestos todavía en su vida actual, es un perfecto realista, está con los pies en el cemento: “Necesitamos proteger a la tierra, por que de lo contrario, ¿a quién podremos dominar?, ¿cómo sobrevivirá la ciudad, nuestros lujos, nuestras comodidades, nuestra economía?”. Esto por que él sigue pensando que la vida consiste en la producción de mercancías. El ciudadano común considera que la tierra es una fuente de recursos, como lo es una fábrica, un conjunto de objetos más que existe únicamente a su servicio, que él es el dueño de todo. Así que no es raro que la destrucción de la tierra y el agotamiento de los recursos vitales para el mantenimiento de la ciudad sean temas que le preocupen. Lo cierto es que a los civilizados jamás podrá interesarles un cambio verdadero, por que un cambio verdadero implica que dejen de ser civilizados, y que absolutamente toda la maquinaria que ha sido producida por la civilización, todas las posesiones que los esclavizan, dejen de funcionar.

Y ellos no quieren que eso suceda, irónicamente están luchando para evitarlo. Ellos prefieren resolver algunos problemas de la civilización, los más visibles, los que moralmente son condenables en el propio lenguaje civilizado. Ellos dicen:

“Cerremos el caño, para que el agua (que le robamos a la tierra fértil y que modificamos para alimentar a nuestra ciudad que no produce más que cemento y plástico) no se agote. Plantemos más árboles (para que así podamos compensar los daños, tengamos prestigio y nuestra contaminación pueda seguir prolongándose. Obliguémosles a convivir rodeados de cemento, como adornos para nuestras grises ciudades). No tires papeles al suelo (por que eso evidencia el problema: esconde la basura en tachos, para que la ciudad se vea limpia, aunque no lo sea, y sea agradable estéticamente. Que sea un espacio deseable para vivir). Recicla (y cuanto más recicles nos evitas el problema de tener que deshacernos de la basura. Recicla, todo lo que quieras, pero nunca dejes de comprar, de seguir consumiendo. Eso nunca). No comas animales (pero consume productos –así no los necesites- que hayan sido fabricados a partir de su explotación pero que no lo hagan visible. Absolutamente TODO el sistema de producción está sustentado de la explotación: de la tierra y de todas las especies domesticadas, incluyendo la nuestra) consumirlos aumenta el agotamiento de agua (nosotros no somos los culpables, el culpable eres tú) los animales (tus mascotas) también sienten. Recuerda que cuando proteges la naturaleza estás protegiendo el futuro de tus hijos (y tus hijos serán el futuro de la futura sociedad civilizada, ellos también podrán progresar, la producción de máquinas podrá mantenerse y la sociedad industrial podrá expandirse ilimitadamente). Utiliza la bicicleta (entretente e imagina una vida sin coches, pero no olvides que debemos seguir produciendo tecnologías cada vez más depredadoras, estudia y trabaja para ello, incluso puedes acudir a tus centros laborales en bici) los médicos lo recomiendan, es saludable (y necesitamos que tengas un buen estado de salud para que sigas produciendo y consumiendo nuestros productos)”.

Esto es lo único que los civilizados, los ciudadanos más preocupados, generalmente grupos relacionados a proyectos por el cuidado del medio ambiente, nos dicen (y también lo que no, aquello que no suele revelarse, probablemente por la represión del conocimiento debida al temor al cambio o el hecho de ser vistos como incoherentes. Este aspecto, de la incoherencia, también es importante reconocerlo, por que nos insta a perseguir nuestros objetivos: no somos incoherentes por que nosotros lo deseemos así, sino por que la ciudad nos impone, de la manera más autoritaria y asfixiante, roles que son antagónicos a nuestros deseos y el desarrollo de la totalidad de la vida. La realidad no nos ofrece ninguna expectativa de vida, es opuesta a todo aquello que nosotros deseamos, merece ser transformada radicalmente).

Todos los argumentos, concientemente o no, de los ciudadanos están centrados en un objetivo común: mantener la civilización. Es lógico que para ello necesiten también que la naturaleza pueda beneficiarlos, ese es el único interés de la defensa del medio ambiente. En realidad, ellos están defendiendo SU medio ambiente, el que han creado: la ciudad. La civilización es un proceso destructivo, que tiene fin, ellos sólo quieren prolongar su existencia.

martes


lunes

Mira lo que tienes por vida: todas las rutinas, todas las obligaciones, todo lo que tienes que hacer para mantenerla, aunque no lo quieras. Todo lo que haces en contra de tu voluntad es todo lo que haces en contra de tí.

Tu vida real es una miseria. Por eso los momentos más bellos son aquellos que sueñas, pero ellos también son interrumpidos por que tienes que cumplir con los horarios que te han sido impuestos, y “vivir”, vivir una pesadilla.

Viajas cuando no lo deseas, hacia espacios que realmente te desquician pero viajas inmóvil, postrado en el asiento de un aparato que transporta a más gente, que no conoces, gente tan aburrida como tú. No hay posibilidad de dejar que la vida fluya por que todo está mecanizado. No hay posibilidad de crear caminos, por que el cemento se ha apropiado de todo.

Los tiempos libres son parte de las obligaciones y tus juegos son controlados por el reloj, y su sistema dictatorial, o por videojuegos que te mantienen aún más pasivo. Tu vida es un videojuego. Fíjate bien, en verdad no eres tú, todos tus movimientos han sido programados, tú sólo puedes apretar botones, detrás de una pantalla.

Sabes que odias esta vida, que no la quieres, que te estresa, y sabes también que aquello que amas realmente no te lo puede ofrecer la televisión ni los productos del supermercado, ni nadie más que no seas tú mismo. Sabes que no estás actuando como más quisieras, sino como exponen los roles de ciudadano modelo, que estás siguiendo un manual, roles y normas de conducta, lo sabes, sabes que no eres tú mismo.

domingo

Espacios muertos

Todas las instancias de la vida están infectadas por el sistema: no sólo el tiempo del trabajo, sino también el de ocio, dentro y fuera de la cama y de la fábrica; no sólo culturalmente, en sus centros de domesticación y sus calles llenas de propaganda publicitaria sino también de manera práctica, en la vida cotidiana, con seres vivos vendiéndose unos a otros, cumpliendo roles y facetas, defendiendo objetos y conviviendo como si también fuesen objetos; no sólo con lo que se piensa, ni con lo que se pretende, sino también con lo que se hace, incluso hasta cuando se fracasa, cuando la gente no se adapta, lo lamenta, y busca la forma de ser un bombero del sistema para resolver sus problemas. Aunque unos lo oculten más que otros, todos los caminos están destinados a lo mismo: Producir para el sistema. Nadie quiere parar. Se puede llorar, se puede morir, se puede incluso dejar de sentir, y de eso se trata, pero nunca dejar de producir, nunca dejar de progresar, de trabajar, de acumular, de comprar, de poseer, de vender, de adquirir estilos de vida, de planificar rutinas, de controlar cada minuto de una vida ya muerta en lugar de crear situaciones jamás conocidas, en lugar de sentarse y mirar simplemente como el color del cielo cambia, o de levantarse y experimentar lo que es correr sin mayor expectativa que la de sentir las aceleraciones del pulso, de flexionar el cuerpo, de ver más gente corriendo alegremente y transpirar con ella. Pero no. Hemos elegido dejar de crear caminos para subir al autobús y dirigirnos a los mismos destinos de siempre, hacia los mismos lugares, con la misma gente, en busca de lo mismo. Esta vida no es más que una repetición de situaciones. Sólo se respira trabajo y consumo. Vivir ya no es satisfactorio, estamos obligados a respirar.

Bajos estas condiciones ningún suspiro de libertad es posible. Ningún rincón del sistema puede ofrecer más que opresión y aburrimiento, ninguna alegría, sólo odio, rabia y deseos de acabar con cuanto muro se presente. Nada. Un policía sonriente también merece ser golpeado, hasta que se quite la máscara. No existe un solo lugar donde pueda respirarse, donde pueda sentirse un aroma de libertad, al menos no del modo como nos los presentan, pero puede gozarse de momentos, sólo aquellos que crea uno mismo, de situaciones creativas, cuando estos espacios, aquellos que más se odia, son transformados en aquellos que más se aman. El sistema no nos puede ofrecer un ambiente propicio para vivir, menos para combatirlo, somos nosotros quienes hemos de crearlo. Empezamos con nosotros mismos, con nuestros propios cuerpos como espacios dispuestos a experimentar sucesos eróticamente revolucionarios, como paraísos sin fronteras donde se conspiran las futuras ruinas de Babilonia. Desde dentro, todo lo que nos queda, lo que queremos ofrecer a quienes intentan organizar nuestras vidas y proteger nuestros cuerpos: vómitos incontrolables que desaten la insurrección.

martes

La vida, aquella apasionante travesía llena de todas las posibilidades, de exploración, de creación. Aquel sueño ininterrumpido que se escribe con cada latido del corazón, con cada beso robado en la oscuridad, con cada espacio mágico por donde se deslizan los rostros de los niños salvajes, sus travesuras y sus risas.

La vida, desafiante, rebelde, danzante subversiva, sorpresiva, encantadora comediante que se disfraza de viento y que viaja por nuestras venas, que nos refresca, que nos calienta, que nos seduce para seguir viviendo, sin pensar en ella; que nos regala el aire, el fuego y la primavera.

La vida, nos abraza mientras se pierde en el mar, jugando con la luna, con el brillo solar, mientras corre sobre la hierba, sin dirección aparente, mientras rompe las cadenas, las cadenas de las mentes. La vida, traviesa y ebria, esconde los tesoros que jamás serán encontrados, en los bolsillos rotos de piratas, en los dientes de corsarios.

La vida, dulce bestia que nos llena la piel de mordiscos amorosos, que susurra y conspira durante las noches prohibidas de la ciudad máquina, para quitarle las pilas a los relojes, para burlarse de sus pésimos imitadores: amantes de la fábrica, asesinos de sueños y aburridos trabajadores.

La vida es la la hierba que crece sobre el asfalto, los ludditas que sabotean las máquinas, los árboles que caen, pero encima de los supermercados. La vida eres tú, cuando dejas de ser cosa, cuando te quitas las esposas, las cadenas que te atan, los precios, las marcas, el código de barras.
La revolución...

La revolución es un acto voluntario. Aquel que obliga a otro a realizar una acción en lugar de hacerla por si mismo, o aquel que lo hace en representación de otro, niega la posibilidad de inicar Revolución alguna. La revolución es un acto contra toda forma de obligación y obediencia.

Ya no se trata del reconocimiento de la historia como un ente de dominación que se encuentra por encima de los individuos, que han de cumplir los roles inmutables designados en el pasado, sino de su transformación en el aquí y ahora.

Ya no se trata de la tarea revolucionaria, de la lucha social, como algo separado de la vida, como un trabajo enajenado, correcto y disciplinado o como una aburrida profesión, se trata de la vida misma, de recuperarla y hallar placer a cada momento que vayamos creando.

Quizás incluso sea una cuestión existencial: Lo que el sistema nos quita no son solamente lo que producimos, sino la vida que se nos va produciendo; entonces la revolución no es una simple reapropiación de productos, del control de medios de producción, sino de la recuperación necesaria y desesperada de nuestras vidas.
Algunos comentarios (contraeducativos) recientes
By Violeta & Crime

Probablemente los culpables de este proyecto no tengan la intensión de hacer que alguien llene sus ojos de lágrimas. Probablemente, por que, como proyecto caótico que es, no descartará ninguna probabilidad, no dejará escapar ninguna oportunidad de experiencia emotiva en sus lectores y redactores piratas anónimos.

Ahora, bien, no digamos que no es un proyecto motivador (incluso tiene más pinta característica de ser motivador que de ser “proyecto”). A ti te motiva a reflexionar sobre (ese largo camino rumbo a los cementerios de cerebros que debe ser) tu carrera, por ejemplo. Muchos de nosotrxs tampoco estamos librados de la desmotivación que trae consigo los antros académicos: despertar, alimentarse y dormir en horas/momentos/ espacios/ situaciones inadecuadas para el organismo, pero sobre todo para nuestros deseos de libre albedrío y esparcimiento sin muros, barrotes, sin tutores vigilándonos, y controlando cada movimiento de carpetas de 50 x 50. Aunque, claro, la educación también puede ser motivadora pero hoy, dentro de las (J)aulas educativas, lo único que motiva es nuestro aburrimiento y rechazo.

Todas las cosas cambian. Siempre. Pero dentro del sistema sólo pueden cambiar para peor. Nosotros estamos insatisfechos con el actual orden de las cosas (de lo contrario cerraríamos ojos y bocas y nos sentaríamos en las carpetas a escuchar sumisamente) . No sólo nos oponemos a las escuelas sino a todo el entramado terrorífico que nos espera fuera de ellas. Las campanas de salida de la escuela son el ingreso al mismo mundo de obligaciones y satisfacción plástica, consecuencia de una sociedad que se sostiene de la producción de necesidades innecesarias. Finalmente sabemos que ese es nuestro destino impuesto, por el cual todo el mundo estudio y trabaja: ser máquinas productivas remuneradas. Ese es el fin (si, ese es, pero se esconde) de todos los integrantes de nuestra sociedad.

Obviamente no descartamos la utilidad que tiene el aprendizaje, pues aprendemos de todo lo que vivimos, de cada segundo que el reloj cuenta de nuestras vidas. Absolutamente toda experiencia es una actividad educativa. A ello apuntamos, queremos ser los principales autores de nuestras propias vidas en lugar de seguir postergándolas, de seguir dejándolas en manos de las autoridades. Queremos actuar por nosotros mismos aprendiendo de nuestros errores. Lo necesitamos. Este espacio no es más que la fuente de nuestras propias experiencias, y las de varios amigxs, ansiosas de ser compartidas sin ningún fin de lucro de por medio, sin si quiera la condición de tener que ser aceptadas como correctas. Nos consideramos incorrectxs y estamos abiertos a escuchar/leer cualquier opinión (no se necesita levantar el brazo). Escupimos en la educación tradicional, en sus aulas del terror, en su autoridad pedagógica, en su competencia, en su moral y normas de conducta, pero sobre todo en la idea de progreso sobre la que se sostiene.

La sociedad podrá considerarnos como mejor le parezca, pero nosotros le responderemos que somos producto de sus propias contradicciones, que somos sus pocos (poquísimos) puntos críticos e insatisfechos. Fuimos y somos, al igual que el resto de las demás víctimas del sistema dictatorial educativo, mal educados/as.

Asumiremos esta vida con el odio que se merece, la viviremos alegremente.

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"No asistir a clases es educativo".

No nos declaramos en contra de la educación. No si la entendemos como consecuencia de todas y cada una de las experiencias de nuestras vidas. Aquellas que nosotros mismos descubrimos y que surgen sin la imposición, la fuerza, el castigo y el fatigante aburrimiento generado por las escuelas del capital.

Estamos convencidos que lo más útil se aprende fuera de cualquier institución opresiva. Obviamente no lo más útil para el sistema, pero si lo más útil para nosotros mismos (combatir el sistema, por ejemplo). Y eso es lo que nos importa. También se puede aprender en la escuela, si, todo espacio es un nuevo escenario. Pero si estamos dentro intentaremos desobedecer lo más posible. Aprenderemos de nuestros actos, con autonomía, no rutinaria, aburrida y autómatamente.

La cárcel está en todas partes. Dentro de las escuelas, pero también fuera de ellas. No defendemos nada del sistema y si estamos dentro de él lo único que nos importa es acelerar el proceso de su destrucción. No nos interesa la abolición de las escuelas y la continuación del capitalismo, sabemos que este podría funcionar sin ellas en ciertos aspectos pero también que es indiscutiblemente importante en épocas contemporáneas para distribuir los conocimientos necesarios para continuar con la producción de nuevas maquinarias y por ende de más producción.

Los esclavos sin educación pertenecientes a la clase obrera de ayer hoy son empresarios sin sentimientos, o aún obreros, deseosos de obtener la vida de sus patrones, intentanto subir escalón tras escalón. Educados para ser esclavos. Todos.

Vamos a ser claros. No todo estudiante es revolucionario. Y no todo revolucionario es (necesariamente) un estudiante. En última instancia, no luchamos para ser estudiantes. Luchamos por la revolución diaria de todos los que se la propongan: estudiantes, perezosos, delincuentes, obreros, etc. Estamos por la abolición del capital, de la producción antropocentista y de todas las instituciones que han generado para sostenerse. No podía ser de otro modo, estamos en contra de la civilización.

Tampoco nos interesan los derechos, ni la legalidad como transformación de la sociedad. Buscamos cumplir nuestras necesidades, no nuestros derechos civiles. Necesitamos Libertad y no se la pediremos a nadie más que a nosotros mismos.

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EL SISTEMA EDUCATIVO ES UNA DICTADURA MILITAR http://escuelasenllamas.blogspot.com/

jueves

Contra la Paz

Hoy, al igual que ayer, se cuestiona la existencia de guerras entre países, pero no se cuestiona la guerra entre seres humanos dentro de cada país. Ni si quiera se cuestiona que la división territorial, las naciones y las patrias, son producto de las guerras y que mientras existan no harán otra cosa que seguir promoviéndolas (dentro o fuera de los límites que impongan).

Quien pide paz dentro del sistema, quien pide paz al gobierno, se lo está pidiendo por que precisamente son estos quienes se sostienen en base a la guerra y su autodeclarada autoridad para utilizarnos como fichas de ajedrez en sus múltiples tableros de producción, pero sobre todo, se está negando la oportunidad de declarar la guerra a sus verdaderos enemigos: aquellos que le imposibilitan no solamente la paz sino la Libertad y le condenan a la más miserable sumisión de tener que mendigarla.

Esta búsqueda desesperada por la paz no es otra cosa que producto del miedo que esconde una vida de constante frustración y delegación de cada decisión de la vida a la autoridad, al padre con el látigo en la mano, al profesor o auxiliar con el registro de notas como chantaje, al psicólogo con el título y sus años de estudio de salud mental, al cura con su Biblia, sus prohibiciones y penitencias. Todos reflejan al policía, ante el que nos vemos obligados a bajar la mirada y desprender sudor de la espalda, con todas sus armas, leyes y cárceles que lo posicionan como un ser todopoderoso capaz de resolver los problemas de los demás y sin el cual sería imposible vivir. Cuando defendemos la paz, estamos defendiendo la paz que nos puede ofrecer un policía armado. ¿Alguien se traga ese cuento? Seamos sinceros: la única paz posible es matar al policía.

Para matar al policía, antes debemos acabar con el miedo que este ha creado para mantenerse. Perder el miedo significa dejar de pedir, abandonar todo aquello que nos mantiene atados a una serie de conductas fijadas e inmutables. Perder el miedo significa cuestionarlo todo, empezando por uno mismo, hasta matar al policía que vive con nosotros, que está reprimiendo nuestros instintos y deseos, ese policía podemos ser nosotros mismos. Perder el miedo hará que le declaremos la guerra a la paz.

Esta guerra no ha de ser realizada en ninguna fecha próxima, tampoco como consecuencia de una serie de discusiones burocráticas en función a desacuerdos de autoridad a autoridad. Esta guerra no busca apropiarse de nada, sino precisamente perderlo todo, empezando por el miedo impuesto por la cultura. Esta guerra tiene como bandera la muerte de todas las fronteras y como armas nuestros propios cuerpos. Esta guerra es la reapropiación de nuestras vidas.

viernes

¡No pedimos nada!

No queremos elaborar, proponer, ni pedir mejores leyes. Tampoco pensamos que su incumplimiento sea el causante de la tragedia de nuestras vidas. Queremos –en el mejor de los casos- que no existan. O –en todos los demás- que sean desobedecidas, boicoteadas, ironizadas e incumplidas por cuanto impidan el desarrollo de nuestros deseos de libertad y alegría de vivir.

Ninguna nueva ley cambiará nada. Vivimos el mundo de las leyes y estas no funcionan. Y si funcionasen sería en contra de nuestra voluntad, al igual que hoy, de la manera más arbitraria o con una sociedad completamente hipócrita. Si las leyes funcionasen, sería en favor de si mismas o de quienes las manejan, no de nosotros. El cambio consiste en lo opuesto a lo que se busca comúnmente, es decir: en acabar con todas las leyes. Tampoco hemos de olvidarnos de quienes las manejan, de qué modo son distribuidas y asimiladas por la población, pero sobre todo los fines que persiguen.

El gobierno no puede aceptar ninguna ley que lo declare abolido. El sistema no se puede combatir legalmente. Legalmente sólo puede esconderse, ocultarse, mostrarse con nuevos disfraces, mutar cínicamente, acomodarse sin perder sus beneficios, maquillarse; ya que todas las leyes, y sus reformas, son armas del sistema.

Cuando defendemos las leyes como arma de transformación social es que, en realidad, estamos defendiendo nuestras cadenas. Queremos hacerlas más bonitas, más livianas, menos pesadas. Engañarnos. Fingir que algo cambia fuera, mientras todo sigue teniendo dueños y continuamos siendo acosados por la economía, obligados a pagar para vivir. Celebrar por una fiesta ajena, celebrar la participación voluntaria de nuestra propia esclavitud, la garantía de vivir en paz dentro de nuestras propias tumbas.

Pero no sólo eso. Cuando defendemos las leyes nos convertimos en piezas útiles para el rompecabezas social, económico y militar de quienes las manejan. Nos colocamos del lado de nuestros enemigos y sus instituciones de aburrimiento burocrático o decidimos barrer a algunos de ellos, únicamente por su condición simbólica y mediática, con sus propias escobas: Estado, Patria y Religión. La verdadera función de todo estado no puede ser otra que mantener el control de la población a través del miedo. La diferencia entre uno fascista y uno democrático es que uno es muy descarado y otro muy hipócrita. Al igual que todos aquellos que los defienden.

sábado

Quiero ser tu víctima.
Víctima de tu seducción, de tus crímenes impúdicos,
de tus mordiscos que me pausan el pulso, o lo aceleran,
que me ponen en estado de emergencia.

Quiero que me dispares con tu saliva,
sentirla deslizándose por toda mi piel.
Que me destruyas sublimemente
con todas las armas posibles
y perdernos en todos los lugares de la ciudad
para extraviarlos, para revolucionarlos.

Que me asfixies con tus besos,
con tu sombra provocativa hecha carne multicolor,
mientras las flores caen sobre mis ojos,
sobre tus alas extendidas.

domingo

Este primero de mayo lo reivindicaremos lanzándonos sin miedo, y con desenfreno, al vació. Ese vacío que extrañamos con tanta ansiedad, y que nos es impedido cotidianamente, está lleno de besos y mordicos deseosos de ser compartidos en un cama gigante hecha ciudad/huerto, entre sábanas rotas y disfraces eróticos u hojas frescas cayendo mientras la tierra tiembla seduciendo nuestro contagiante salvajismo delictivo. La noche del sexo nos espera, a cualquier hora y en cualquier momento, pero en esta oportunidad con este detalle que amenizará la situación.

La lucha es larga, así que vamos meneando las caderas, seducidos por el pecado, la perversión y el amor criminal. Nuestras cuerpos se precipitan y sudan, nuestras sombras bailan como mariposas aleteando fuera de las jaulas, generando destellos de sensualidad que se pierden por todo el mundo. Lo que se pierde nunca se desperdicia. Nuestras pasiones no tienen límites, ni dueños, así que perdámonos. Cerremos los ojos a la vez, presionémonos las manos fuertemente, abracémonos y desgarrémonos la piel con los dientes apretando. Y perdámonos. Perdámonos en el vacío, una y otra vez, acompañados de nuestros secuaces y seamos víctimas del libertinaje.

Incitamos practicar delitos lúdicos para acabar con el aburrimiento que ordena la ciudad. Haremos el amor con nuestros compañeros y la guerra a nuestros patrones. No permitiremos que nos pongan límites, ni en nuestras mentes ni en nuestros cuerpos. Nuestros deseos son incontrolables. No solamente vamos a salir a la calle, si es que salimos, incluso también podríamos entrar pero nunca quedarnos quietos, sino que vamos a recuperar nuestras vidas, sin pedirle permiso a la policía y alejados de la náusea producida por las rutinarias manifestaciones ordenadas y disciplinadas.

La líbido está desesperada y no quiere mejoras laborales, ni adaptarse al sistema de ningún modo, sino acabar con el empleo y las horas de trabajo. Eros le coloca una barba al patrón y le introduce el dedo en el culo, pero no quiere nada en retribución, excepto la desaparición de la mercancía, sabe que la belleza está fuera del discurso sindical y que la Libertad ha sido maquillada y convertida en una vieja prostituta con quien todos quieren acostarse, por quien todos quieren pagar. Ya no queremos vender nuestros besos. Róbennoslos. Recuperemos el amor, el placer revolucionario.

martes

TP in the schooll!

Envía cartas anónimas de denuncia por aburrimiento juvenil dirigida a autoridades de centros educativos, o a tus propios compañeros. Pega comunicados de clausura, de hipoteca o, incluso, de subasta, en las puertas de ingreso o impide que sean abiertas colocando un candado de llaves extraviadas. Durante evaluaciones presenta exámenes vacíos, o responde con preguntas, pero difunde trucos sencillos y eficaces para plajear colocados debajo de carpetas y en las puertas de los siempre confidenciales servicios higiénicos. Demuestra tus dotes teatrales para conmover al auxiliar y simula estar enfermo para que te permitan salir de la escuela, o en casa, para que no te despegues de la cama. Seduce al resto de estudiantes para que dejen de serlo, alardeando de lo maravilloso que es disfrutar del tiempo sin horarios, condiciones, prohibiciones ni profesores tan estresados como quienes tienen que sufrir sus tareas. Demuestra la inutilidad de las clases e incluso la del inoportuno recreo y de otras tantas obligaciones y asfixiantes técnicas de motivación.

Liberarte de la escuela no te libera de la vida fuera de la escuela, que es aún peor. Puedes liberarte del aburrimiento y empezar a tomar la rienda de tu vida, pero nunca dejes de ser pretensioso, inconforme y provocativo. Ello será lo que te motivará a continuar sonriendo con todos los demás piratas de la tribu, incluso sin que los conozcas, dentro o fuera de las paredes de las instituciones de sufrimiento.

Inspirado en las conversaciones con “La monjita sin calzón”.
Info relacionada: http://escuelasenllamas.blogspot.com/