el sitio de poesiasalvaje.org - Escarpines carmesí
 


  

27 Jul 2008
Inicio , ListaSalvaje , Publica , Foro , Comunicación , Enlaces , Postal , Buscar , Ayuda , English , Contacta
Inicio
El caldero
El foro
Contacta
El caldero
Avenidas de nada
Los ríos sonorosos
Barkazas de atunes
Línea o modulación

Escarpines carmesí

Dedicado a lo perro y a los muertos

de  Carlos Bazzano 



Quería una patria de la gran puta, mi sueño consistía en escarpines carmesí y moralejas nada inocentes; por eso estuve allí, compañera. Mi patria Latinoamérica tiene a todas las otras patrias como hermanas, karajo, cuántas veces lo dije, cuántas veces lo escuché, cuántas veces lo dijimos, y esa semana y ese día dimos nuestra vida por un granito de patria, de patria liberada, y vos sabés que no te hablo de patriotismo barato ni caro ni del nacionalismo de los alienados. Vos conocés mi onda porque sos de la onda, por eso tomamos caña con pomelo en este lago vacío gracias al invierno y a la noche.
Y con esta patria del karajo en mis sueños entendí, como lo entiende alguna poesía revolucionaria, que "amor no es cándida moraleja". Eso siento, mi amor, por eso la "inocente moraleja" que sueño es la misma de siempre, pero no es inocente, es de otra onda. Por eso los pies que portan los escarpines carmesí son otros. Por eso y por mucho más nos matamos allá, sin embargo seguimos vivos y eso es extraño.

La gente ignora lo que es perder su vida por gente desconocida. Yo perdí mi vida y no morí y pude ver lo que pasó después. Yo perdí mi vida, como vos, mi amor.

La gente cree que conoce, pero no conoce un karajo: la gente es como nosotros. Como la gente que creí que me conocía, no me conocía un karajo; cosa de no creer, mi amor, cosa de no creer, boluda. Me pasé creyendo que fulano y mengana me conocían, y cuando terminó la batalla, la guerra civil, la guerrilla o lo que sea, terminé descubriendo a la gente, a mí mismo y a nosotros, terminé descubriendo que fulano no me conocía un karajo y mengana, menos. No sé si me explico. A la gente que yo, el de siempre, creí conocer, en realidad no la conocía. No conocía a fulano ni a mengana ni a nadie y ellos no me conocían en nada ¡Qué boludo! ¡Qué tonto! ¡Qué circo! ¿Verdad? Karajo.

Sigo soñando y sigo despierto, firme, con un sentimiento de soledad de mierda, solo, mambeado como cualquier compañero, como cualquier compañera, y eso en parte es tonto, dicen muchos. Firme y solo como cualquiera de los que estuvimos ahí; firme y solo, como vos. Como pocos, fuimos los pocos locos que estuvimos allí y eso me fisura. Éramos pocos pero éramos muchos, no sé si me explico, nos mirábamos la mirada y nos saludábamos sin saludarnos, como si siempre nos hubiéramos conocido, como viejos amig.. Y eso que mi tendencia es bien rara, no lo niego, pero las de los compañeros y compañeras también eran tendencias raras; en tiempos de falsa paz discutimos nuestras tendencias de mierda y pocas veces nos entendemos, pero en esas noches y en esos días andábamos juntos en los cordones y en las barricadas con nuestros sueños (nuestro sueño, qué risa triste, ¿verdad?, pero risa al final de cuentas) y estábamos bien despiertos, mirábamos de frente y estábamos unidos, no estábamos solos. Yo, como muchos de ellos, no quería "democracia", quería revolución, quería revolución, revolución, revolución.
Vos sabés, entendés lo que pasa, estamos hechos de momentos, los momentos nos construyen. Por momentos todo es inmortal, por momentos todo es mundano, normal, banal; por momentos uno siente comezón; por momentos uno sonríe, uno llora, uno cree en dios, uno es hereje, uno es agnóstico o uno es un santo ateo, por momentos uno es uno mismo y siente que comprende ese momento, lo intuye, se da cuenta y se encuentra en una barricada, y uno se encuentra más anciano que en el momento anterior. No entiendo muchas cosas, juro que no entiendo muchas cosas, pero lo que sí es cierto es que soy un anciano de pocos años que en cierto momento sintió algo muy fuerte, inexplicable, y estuvo en la plaza con otros ancianos y ancianas de pocos años que sentían que ése era el momento, y cantábamos "no tenemos miedo…" y así mandábamos al karajo al cagazo que al principio habremos sentido; sin embargo, seguíamos sintiendo algo indefinible, mientras tanto nos mataban como matan a ciertos quijotes.

Y sabés, amor, lo que pasó después: como vos y como muchos, me di cuenta de que no morí, y sin embargo, otros murieron. Enterramos a los que encontramos y lloramos. Lloramos como si la revolución se hubiera ido al karajo, pero algunos gritaban "la revolución no ha muerto", y muchos chicos y chicas estaban heridos con balines de goma, balas de plomo, marcas de cachiporrazos y pisadas de los caballos la montada; y por mucho tiempo seguimos escuchando las bombas de la batalla y los gritos de la ambulancia. Nadie esperaba una guerra civil, pero nadie tenía miedo de una guerra civil. Pero teníamos miedo, o nostalgia, o tal vez tristeza, no sé, aún no puedo definir esa sensación extraña que viví cuando pensé que podía morir, ¿quién abrazaría a mi mamá?, pensé, ¿quién abrazaría a mi hermana, a mi sobrinito?, ¿quién explicaría lo de los escarpines rojos?, ¿quién les explicaría por qué razón de mierda me dejé morir tan estúpidamente?, ¿en qué momento?, ¿por qué fui así?, ¿por qué?

"No tenemos miedo…", cantábamos. Y yo pensaba en mi gente, en mi familia, en los amigos, en fulano y en mengana, y en mí mismo, y en chaaa… karajo, pensaba en la moraleja que no debía ser cándida, pensaba en los escarpines que debían ser de los pies de otro. Mientras tanto, el compañero que estaba al lado mío en el cordón gritó: "¡Viva la libertad, karajo!", y entonces llegó la policía montada, y en todo esto pensé: si hoy morimos, ¿adónde iremos?, somos tan ateos, tan creyentes, tan karajo, tan de la nuca. Y en medio de todo eso, mientras pensaba, recordé que no debí pensar y que debía vivir cada último momento, y "no tenemos miedo…" cantábamos.

Loca, imaginate lo que era: de repente la resistencia empezó a repartir sal, ¿te acordás que mientras los repartidores gritaban "utilicen la sal para evitar los efectos del gas lacrimógeno", algunos preguntaban si la sal estaba yodada?, ¿viste que nos reímos de eso? Pero cuando nos acordamos de carros hidrantes, cascos azules, bombas molotov, gente armada, y casquillos de balas en el suelo que reflejaban los momentos en que gritábamos "¡ambulancia, ambulancia!, ¡médico, herido, herido!, ¡compañero herido, compañero herido!, ¡la gran puta, a-bran-pa-so-ka-ra-jo!, ¡karajo, abran paso, compañera herida!, ¡abran paso!, ¡ambulancia, ambulancia!"… ¿Cuántos muertos, compañero, compañera? Por ellos la lucha continúa.

Por eso digo y sostengo, amorcito: existen los instantes eternos. Lo que pasó ahí, en la plaza, duró unos días, pero explicar "lo de la plaza" durará toda esta generación, y esta generación tendrá que contarle a la otra generación, y esa generación explicará las cosas que mi generación no vio o no entendió.

Qué pocos éramos, compañera, pero éramos muchos. Un bloque de los "conserva" nos "apoyaba", estaban "de nuestro lado"; decían: "estamos del lado del pueblo", eso decían. Nosotros sabíamos que no estaban de nuestro lado; alguien dijo que nos unía la coyuntura o algo así. Lo que sí, que éramos pocos pero éramos muchos; éramos estudiantes, campesinos y obreros, éramos violencia y paz, éramos valentía y miedo, no éramos "democracia", éramos revolución. Yo era un desempleado más, un estudiante de mierda, un estudiante de mierda cualquiera (como ahora soy un estudiante de mierda cualquiera, en esta Asunción de mierda cualquiera que tanto amamos y odiamos) Y ese día, entre bombas y arañazos de la muerte, entendí que la revolución nacería si… compañera, compañerita, amorcito, falta más pomelo; está tan bella la luna llena.

 

El reflejo de la luna en el lago nos muestra un caminito hecho de luna llena en lago enfermo. El lago es una gota de luna, no sé si me explico, qué mierda importa, parece que ya estoy un poco borracho como siempre, ¿verdad? A quién puta le importa que vos o yo estemos borrachos, desamparados en este lago lleno de mierda, este lago desamparado, ¿verdad? ¿Qué karajo importa, verdad?

Qué mierda, ¿te acordás cuando todo terminó, cuando la plaza se llenó de gente que cantaba y festejaba?, yo estaba, como muchos de los chicos y las chicas, triste, ¿te acordás?, así estábamos cuando escuchamos los discursos de siempre. Habíamos ganado pero habíamos perdido. Me pasé llorando ese lunes de llovizna y fresco; me recuerdo caminando por la avenida; la plaza y las barricadas estaban lejos; todo había terminado. A mi lado aún sentía el aura solidario de un muchacho, un pendejito que hasta hoy recuerdo, con la cara pintada y la remera del Che, arriesgando algo más que su vida, gritando "viva la patria, karajo", y no era panfleto ni discurso de lata: era un tipo de aquéllos. "Viva la patria, karajo", gritaba. No lo vi más. Él y su molotov son el bálsamo de mis pesadillas. Tal vez murió, no sé. Y recordaba eso y era lunes y caminaba y caminaba por la avenida, y recordaba lo que vi y escuché antes del amanecer. Un tipo dijo que su espíritu estaba fuerte pero su corazón partido; una chica dijo "negociaron todo"; tratando de animarnos, alguien dijo que la lucha apenas había empezado, "por los caídos debemos seguir" gritó otra chica, y nosotros sólo entendíamos su rabia.

Pero en el fondo todos nos preguntábamos cuántos murieron. Mi amor, cuántos lo que murieron nos preguntábamos. Karajo, no sé, nos respondíamos.

Yo quería una patria de la gran puta, y esa noche supe que varios cadáveres fueron tirados al río. Eso lo sabe todo aquel que haya estado en la plaza, lo saben los milicos de la marina, los policías, los que hoy mandan, la prensa, lo sabemos todos los que allí estuvimos: esos cadáveres fueron arrojados al río. No tuvieron, ni tendrán, nombre ni reclamo. Eran como este eterno, fugaz y frágil sueño-pesadilla. Eran como vos y yo, mi amor. Ya sé, ya sé que sabés, pero igual dejame contarte, a veces es necesario. Es que si vos o yo moríamos, tal vez seríamos uno de ellos. Pero no morimos. ¿O tal vez sí? Ya sé que sabés, pero igual dejame contarte. Es que sabemos lo que no deberíamos saber, y sentimos todo lo que todo aquel que haya estado allí siente; por eso a veces necesito hablar de esto con vos o, si no, me voy al karajo.

Me da rabia, amor, a veces lloro y a veces despierto agitado por estruendos de bombas interminables. Bombas, sí, bombas. En realidad, todos estamos muertos porque en este país de mierda, los que tienen el poder, vendieron su alma al poder, y nada cambia. La revolución que pretendimos no arrancó toda la hierba mala, y vos y yo estamos aquí, en este lago sucio y sentimos que nos jodieron, y que a veces vienen las bombas y revientan nuestros sueños, pero igual seguimos en la lucha, por más que estemos muertos.

Por más que estemos muertos, queremos alguna vez volver a la vida. Tal vez por eso estamos aquí, tomando caña clandestina con pomelo, llorando como el karajo. ¿Y por qué karajo creer que esto es una debilidad? Estamos llorando porque este lago es tan bello en invierno; sin embargo, lo enfermaron; y la luna está allá arriba y nosotros estamos aquí, tan cerca de nuestra esencia, y la luna como siempre y nunca está allá arriba y me gustaría decir alguna frase que esté a tono con nuestra borrachera; por ejemplo, "para los locos de espíritu siempre habrá un reino de divagues", o tal vez me gustaría aullarle a la luna, esa lunática luna que cambia y cambia pero siempre es luna, para que me escuche algún otro muerto en esta solitaria tierra de utopías. Vamos a aullarle a la luna, amor: por la caña, por el grito, por la poesía; si los muertos no nos escuchan, al menos que la luna nos escuche. La luna es una gran maestra, compañera, la luna enseña cosas que no se pueden explicar, como lo que pasamos en la plaza. Me gustaría decir algo a tono con este momento que nos toca morir-vivir, pero qué karajo, no soy poeta ni guerrillero, sólo soy un muerto que sueña matar su muerte y morir de vida.

Me gustaría decir algo de la gran puta, algo que no se pueda decir así de fácil sino dando la vida misma.

Pero la vida, como en la plaza, como en la higuera, como lo que soñamos, como lo que sentimos es… karajo, mierda, me gustaría tanto explicar lo que pasó en la plaza, nuestros sueños acribillados, nuestra vida y nuestra muerte y la patria, "¡viva la patria, karajo!", dijo alguien en la barricada de esa plaza patria, de escarpines carmesí y moralejas nada inocentes, patria de la gran puta que siempre soñamos.

Carlos Bazzano

 

Comentarios
Añadir nuevo
+/-
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Título:
 
Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.

3.20 Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 
< Anterior   Siguiente >

Ver más recientes...
Ultimos comentarios


ir arriba


Advertisement