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22 Nov 2008
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Germán Machado: Hendiduras |
Germán Machado: Hendiduras (Montevideo, 2004), con prólogo de Luis Bravo (Manual de Lecturas Rápidas para la Supervivencia) 15-02-2007
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Previa traición por Luis Bravo La poesía resultante de Hendiduras es de esas que cuando el lector cree haberla cercado, se escabulle hacia un sitio que reclama una nueva expedición. Su topografía está surcada de huecos --de significaciones-- que no se detectan a primera vista; luego, éstos se abren, sigilosos, diminutos, en "precipicios del lenguaje". Cinco secciones estructuran la lectura con estrofas que separan y a la vez dan continuidad al discurso. Esa continuidad está dada desde que cada poema abre con minúscula, con prescindencia de puntos finales entre los textos, y desde que ha dejado a los versos sostenidos en su propio columpio rítmico apartándose del hoy tan frecuente "verso" que no es más que prosa cortada. En lo compositivo, el trabajo del poeta apuesta a un equilibrio entre sonoridad y significación. Son muchas las señales que apuntan a un rescate del rigor formal (siempre es más fácil despreciarlo por prejuicio o para despistar carencias), de allí la sentencia con que abre la segunda sección: "La severidad puede ser bella / que la belleza sea severa". Pronunciamiento estético que esta poesía se exige, para empezar, a sí misma. A la vez, esa autoexigencia queda tan expuesta como parodiada en el "Memorando" que da paso a la tercera sección: "acordarme mañana de escribir un poema/ que supere los que he escrito hasta hoy/ y me ayude a olvidarlos". Además de tales marcas metalingüísticas --hendiduras del propio código-- estos poemas descarna lo anecdótico hacia reflexivo llevando los referentes incluso hasta el límite de la incógnita. El discurso es más conceptual que visualista, y de allí que le sean propias la paradoja, la antítesis, el oxímoron. En ese sentido, la antinomia movimiento / inmovilidad está muy presente:
las naves van surcando el marrón del estuario nadie llega ni parte el mal es milenario Así, ese "inmovilismo" aproxima una cala en lo identitario a contramarcha del surcar de las naves, pues la negación de movimiento no es física sino de otra índole: moral o económica en el mal, mientras lo milenario se debate entre el mito y la historia. El factor "tiempo", enunciado desde el epígrafe de Cesare Pavese ("Todo lo que tocan se convierte en tiempo"), reafirma la antinomia:
en un bucle de tiempo todo vuelve y todo está perdido También en ese trompo que gira sobre sí mismo:
las horas traen un círculo infinito peonzas ciertas A su vez, esta "entrampada" temporalidad que gira sin moverse, tensiona la dicotomía espera / esperanza, la que se percibe como suspendida "en medio del relato" que, si bien avanza, padece los condicionamientos de la detención. Son muchas las paradojas ante las cuales el lector se ve obligado a transitar de adelante para atrás, el campo de lectura. Dos poemas ("Odiseo" y "Nunca y siempre") destacan en la doblez de lo ambivalente. Allí se lee esa "escritura en clave" del bastón del ciego que trastoca el "nunca" en promesa, y el "siempre" en mentira. Allí está la osadía de Odiseo ("nudo en el cabo/ atado al infinito") ese marido siempre viajero, ese aventurero siempre de regreso al lar. En fin, en esta poesía se hace patente una desgarradura que se estructura desde el hilo hormigueante de los signos que la sintaxis asume. Están ahí, de suyo, las contracorrientes desafiantes de la búsqueda poética: "el canto/ el olvido"; la "divina suciedad/ el canto inefable", lo que transita y pasa, lo que acaso quede como huella. En el último verso del libro ("si no decimos nada") asoma ese doble filo entre la suspensión del enunciado --íntimo mutis por el foro--, o ese decirse desde una "palabra que valga" ante el "zumbido de motores letales". Como dice la poeta chilena Verónica Zondek: "toda hendidura es una invitación". Aquí la invitación está servida desde la secuencia que abre en clave el texto todo: "Las palabras son hendiduras en la tierra segada/ los mitos tajos hondos/ el silencio cicatrices olvidadas", he allí las capas que sedimentan esta voz. Sobre el cuerpo indomable del lenguaje, Germán Machado expone, surcos arriba, unas raíces que dan al subterráneo de los mitos, aquí hondamente referidos. Tierra cultivada por palabra laboriosa que el silencio abona con
cuerpo arraigado / lenguaje hendido sedimento. Que sea, entonces, a dos puntas la cosecha: lector, poeta
I
tres veces se ha ido tres veces la esperamos
¿por qué lo ha hecho? --dinos-- tentar nuestro destino y dejarnos en medio del relato
II
aún conservan los colores del cielo bajo el cual yacían aquel azul cobalto de la carne un púrpura sangriento de la tierra el ocre de un abrazo del sol seminal en trigales
los amantes
III
han violentado el hogar
y ya no penan con la muerte al que tala los árboles las ramas los troncos las raíces arrancadas de cuajo las piernas las manos sus miradas
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...tu familia - Benja, despues de lee...
Esta página tiene algo mágico, cada v...
SALUDOS! - UNAS LINEAS BELLAS Y BSTAN...
Felicitaciones maestro. Leí su página...
Es al final de Incertidumbre - que va...