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12 Oct 2008
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Hierba salvaje cubrirá el jardín
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    No hay dinero. No importa, no tiene importancia, mi vieja tiene mil frascos de pastillas, voy en un salto y cómo nos ponemos. El que saltó fui yo, dejé el árbol del parque con sus pájaros diarréicos, podado tan cabalmente que daba grima, insuficiente para poder ocultarme como hubiese querido y hacer porque sí el tonto o el simio. ¿Estás ya deseando drogarte hijo mío?, le pregunté agarrándolo del brazo flácido y colgante, huesudo, exprimiéndole de paso la paciencia para ver que hacía o sacaba, allí, en medio de la mañana de un martes. Estás, sí, como un borrico demente o una cabra. Los buenos animales del buen Dios, los niños y los locos, acabó por decir, mirándome fastidiado, harto con cojones de vivir aburrido, de estar allí o conmigo, tan sin deneí los dos, mi siempre gran amigo, hermano desquiciado también por la necesidad o la mierda nuestra de cada día. Vale, prosiguió, pasamos del puto Instituto, nos dedicamos a roer pipas, le miramos carnivorosos las piernas a cuanta tía y puta pase, dejamos magnánimos que las horas se vayan al infierno con todos sus impredecibles éxitos. Opte por soltarle el brazo y abrocharme la chupa birlada. Bueno, hace frío, mejor nos largamos. Y saca tabaco carajo. Caminar un rato, no ir a ningún sitio, buscar algún cabrón al que sablear o que quiera asombrosamente invitar a un trago de cualquier cosa,  vino o veneno, a dos, entrecomillas, mierdosos menores. Aguantarle la tontería de su cara delante de la inutilidad de las nuestras. Pero también, para variar, podemos rascarnos metódicamente los guevos y no hacer nada, dije hablándole a él o al otoño, o podemos disertar del ayer, del tiempo meteorológico, de la posibilidad fascinante que tenemos de buscarnos dos gorras con visera y ponérnoslas mañana, cualquier tema de porquería o mentira que nos inventemos, podemos matar el rato sin pesar ni desconsuelo y hasta nos reímos, ya verás, cuando menos nos lo esperemos y reventaremos de dicha fugaz, nosotros, compañero. ¿Porque no te mueres ahora mismo, tío? me dijo asqueado de mi verborrea poética y me dieron ganas de estropearle aún más su ya  bastante maltratada nariz. Encendí uno de los cinco cigarros que quedaban, calmo, cansado de todas las cosas y hechos nombrables. Mi colega ingrata y no circunstancial. Acepto, dijo al fin , la borrachera de lo que sea, cuerno de Baco o falacias y me miró con sorna, pidiendo casi perdón con su argentinidad al soltar, para mi teórico gozo, perdoná carajito, vos sos un poeta y yo hace tiempo que no la emboco. Linda tu declamación. Ándate a la reputa. Los niños, los vates bárbaros y los locos, me tocó a mi decir, cómplice, mientras en el cielo de Octubre las nubes iban tomando tonalidades grises que, parece que alguien lo dijo, son tan fáciles de distinguir o nombrar por los pobres o los desgraciados. Y pensar que a nuestra edad Rimbaud ya....... Bueno, mejor olvidarlo.


se nos perdio el autor...

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