Mientras Hollywood y las discográficas siguen aferrándose a su pasado y obsesionándose con su incierto futuro, en algunas de las zonas menos desarrolladas del mundo la piratería ha dejado de ser un problema. Una nueva economía de la cultura está surgiendo en países como Brasil y Nigeria, dónde las producciones cinematográficas se estrenan en en el top manta, y hay grupos con millones de fans que no tienen contrato discográfico.
La cultura después de la piratería
Hoy
en día, las películas producidas en video digital y rodadas en casas,
comercios y otros espacios cotidianos -En Nollywood no tienen platós ni
estudios- superan en popularidad en su país y en buena parte de Africa
a las producciones norteamericanas
Mientras
Hollywood y las discográficas siguen aferrándose a su pasado y
obsesionándose con su incierto futuro, en algunas de las zonas menos
desarrolladas del mundo la piratería ha dejado de ser un problema. Una
nueva economía de la cultura está surgiendo en países como Brasil y
Nigeria, dónde las producciones cinematográficas se estrenan en en el
top manta, y hay grupos con millones de fans que no tienen contrato
discográfico.
Brasil es un país que casi se ha quedado
sin industria del disco. La primera multinacional del sector, Sony BMG,
editó el año pasado sólo 13 títulos de autores brasileños, en un
mercado de más de 180 millones de habitantes. Pero el negocio de la
música brasileña en Brasil goza de un excelente estado de salud;
sencllamente, se ha mudado a otro lugar.
Servicios como Trama Virtual
distribuyen la producción de más de 50.000 artistas que ofrecen su
música de manera gratuita y son remunerados por medio de la publicidad.
Ignorados por las compañías tradicionales, las generaciones más
recientes de músicos cariocas han podido crecer y encontrar a su
público gracias a este portal que ha conseguido éxitos estratégicos
para su modelo como catapultar a la élite de la escena independiente
internacional a Cansei de Ser Sexy (CSS), uno de los múltiples grupos que han colgado allí sus temas.
Pero
más allá de la Red, en las calles surgen estilos y escuelas que
renuncian desde el primer día a seguir las pautas tradicionales del
negocio del disco. Sonidos electrónicos agresivos como el Baile Funk en Rio de Janeiro, popularizado en el resto del mundo por artistas extranjeros como Diplo o M.I.A, y bandas locales como Bonde Do Role. O su último sucesor, el Tecnobrega.
En el estado de Pará, al norte de Brasil, el Tecnobrega -cuyos orígenes se explican en el interesante documental gratuito Good Copy, Bad Copy-
es tan popular que cada año se editan más de cuatrocientos CDs y 100
DVDs de esta clase de música. Pero ninguno llega a las tiendas de
discos; los productores han preferido alcanzar acuerdos con las redes
de "manteros" que venden copias ilegales de los grandes lanzamientos
internacionales.
Los músicos les ceden sus discos gratuitamente
y permiten que se quedan con el precio integro de la venta. A cambio,
los vendedores se convierten en la red de promoción de estos artistas,
que luego recuperan con creces la inversión actuando en grandes fiestas
soundsystem en las que llegan a juntarse hasta 15.000 personas.
Los fans de los artistas de Tecnobrega
pueden comprar directamente los discos a sus grupos favoritos, pero
sólo en sus conciertos y fiestas. Allí se venden ediciones de lujo a
mayor precio, mucho más vistosas y completas que las que hacen circular
los vendedores callejeros. Son dos mercados distintos, que en vez de
estorbarse se complementan, y que generan ya una economía millonaria a
la que las discográficas no tienen acceso.
¿Le salen las cuentas a los músicos? Al menos a Banda Calypso
sí. El grupo más popular de Brasil en estos momentos llena estadios
mientras rechaza sistematicamente las ofertas de las multinacionales,
convencidos de que este modelo les resulta más rentable.
Nollywood, la otra meca del cine
Mientras
tanto, en el otro lado del Atlántico se encuentra la única industria
del cine que ha crecido exponencialmente durante la última década: la
nigeriana. En este país africano se rueda 1200 películas al año,
trescientas más que en la India y casí el doble que en Estados Unidos.
Y ninguna se estrena en los cines.
Todo empezó en 1992 según la versión más aceptada de la historia, por accidente. Un mayorista llamado Kenneth Nnebue
no sabía como deshacerse de una gran partida de cintas vírgenes VHS que
había comprado a un fabricante en Taiwan. Pensando que quizás podría
librarse de ellas más facilmente si no estuviesen vacías, se decidió a
producir una película, Living in Bondage. Contra todo pronóstico vendió más de 750.000 copias, y animó a muchos otros a hacer lo mismo.
Hoy
en día, las películas producidas en video digital y rodadas en casas,
comercios y otros espacios cotidianos -En Nollywood no tienen platós ni
estudios- superan en popularidad en su país y en buena parte de Africa
a las producciones norteamericanas.
La industria del cine de
Nigeria emplea a más de un millón de personas y se ha convertido en el
segundo sector del país tras la agricultura. Todas las semanas llegan a
los mercados de Lagos y otras capitales unas treinta películas nuevas,
copiadas en DVDs y video-CDs reproducibles en ordenadores. Una cinta de
éxito moderado puede vender unas 50.000 copias, mientras que un gran
éxito llega a los varios cientos de miles.
A dos dólares por
disco, Nollywood se ha convertido en una industria de entre doscientos
y trescientos millones de dólares al año. Probablemente no hay ninguna
cinematografía europea que goce de tan buena salud.
Ref:
www.adn.es/
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