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09 Jan 2009
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La dama de la media noche, por Liliana Acevedo Callejas |
Como siempre, desde que podía recordar hasta el presente, se levantó a las 6 AM, ni un minuto más ni un minuto menos, estaba segura de que a muchos les parecería una rutina tediosa, sin embargo para ella era algo reconfortante, después de todo era la única cosa que había logrado permanecer inalterada a su alrededor. Todo lo demás había cambiado demasiado en cuestión de solo unos años, para mal claro esta, solo para mal, tantas promesas para el futuro se convirtieron en gritos y lamentos de la noche a la mañana.
“Imbeciles!- les gritaba por dentro, frustrada por no poder gritarlo al aire- tantos trataron de advertirles, se sacrificaron para que esto no sucediera, y ustedes lo vieron pasar como si nada, comiendo de la mano del diablo y creyéndole que les iba a bajar el cielo”
Esos eran sus primeros pensamientos, no había un día en que no lo fuesen. Tal vez el día en que se detendrían estaba cada vez mas cerca, se decía a si misma tratando de darse aliento, tal vez el fin de los días de luchar y no lograr nada estaba a la vuelta de la esquina, pero bien sabía que no era cierto, la lucha estaba lejos de acabarse, y además, ella no tenía muchas posibilidades de ganar.
Romina Valentí contaba los 27 años de edad, si las circunstancias hubiesen sido diferentes probablemente sería una Ingeniera electrónica o de software en ascenso- o quien sabe, tal vez impedimentos diferentes a este se hubiesen cruzado en su camino- pero como a muchos otros en la Buenos Aires, así como toda América de la tercera década del siglo XXI, las oportunidades le fueron robadas por un giro desafortunado en la historia.
Como todas las mañanas, Patricia, su fiel amante y compañera, estaba dormida, probablemente tuvo una noche dura trabajando como mesera en ese triste bar de la esquina. Patricia contaba con un gran potencial como pintora, sus cuadros eran sublimes, por eso para Romina era muy doloroso verla sacrificar su potencial para tener que comer, ella le había ofrecido varias veces dejar ese trabajo de pacotilla, pero ella se rehusaba a vivir de lo que Romina traía a casa. “Dinero manchado” ella lo llamaba, y sí, probablemente era la forma correcta de llamarlo, después de todo había sido arrancado de las manos de gente trabajadora, logrado con sangre y engaño, y como dicen popularmente “robarle ladrones también es robar”.
De todos modos las cuestiones morales parecían perder importancia mientras lo poco que muchos tenían era arrebatado de sus manos por la codicia desenfrenada de unos cuantos, y si era cierto que ellos no estaban infringiendo ninguna ley - desafortunadamente la ley les pertenecía - lo que estaban haciendo merecía un castigo, por lo menos a los ojos de Romina.
En nombre de la justicia social- aunque con motivos ulteriores a ella- Romina se convirtió en una criminal, una ladrona glorificada unos años atrás; inspirada no por el hambre y la necesidad- a pesar de la abundancia de estas dos- sino por seguir el ejemplo de su héroe favorito “Robin Hood”. Y ya varios años había luchado contra la misma versión del príncipe Juan, solo que en este caso no se trataba del hermano perverso del buen rey Ricardo, sino del representante de una maquina de poder y ambición desmesurada aun mayor que él mismo, en este lugar no había esperanza de que el bondadoso rey regresara a poner las cosas en orden, solo quedaba rogar y conformarse con el menor de males- que solo Dios sabía cual de todos era- en este escenario tan desesperanzado lo único para hacer era luchar por lo poco que quedaba, así que definitivamente robarle a estos ladrones de traje y corbata no tenía nada de criminal, sino que era mas bien una especie de acto heroico.
“Hoy te hundes gringo” Dijo Romina luego de levantarse de su cama.
De hecho ese pensamiento había sido desde hace algún tiempo atrás su gran motivación para levantarse todos y cada uno de los días nublados y casi muertos que invadían su vida, así como las vidas de los demás habitantes de la alguna vez colorida y ahora casi fantasmagórica Boca. No había un día en que se levantara de la cama sin pronunciar esas palabras, tristemente siempre quedaban en solo palabras, ya habían pasado años desde que comenzó su cruzada y el mal que juró erradicar permanecía intacto, tal vez su destino nunca fue mayor que “robar a los ricos para darle- o mas bien devolverle- a los pobres”.
Mirando alrededor de la paupérrima habitación, su pintura blanca curtida por el salitre que invadía la ciudad, sus paredes cayéndose a pedazos, su techo lleno de grietas, se daba cuenta de lo justo de sus acciones, una pieza vuelta nada, con un mínimo cuarto, una salita y una cocineta era todo a lo que había podido acceder, no por falta de capacidad, ni de preparación, ni de trabajo duro, sino por falta de los recursos que le habían sido robados a ella y a muchos mas ciudadanos que no tuvieron como proteger su patrimonio cuando el imperio corporativo vino a arrasar con todo.
Romina caminó hacia el tocador de madera desgastado que estaba a unos cuantos pasos del catre donde ella y Patricia dormían, tomó una liga blanca que estaba sobre el y recogió su cabello, de color negro rojizo, con ella. Abrió la gaveta del tocador y de debajo de un montón de chucherias sacó una computadora portátil, esta, a diferencia de todo lo demás en aquella pieza estaba en muy buen estado, para el ojo inexperto hubiese sido difícil adivinar que estaba hecha de partes viejas. Lo puso sobre el tocador y se detuvo por un momento antes de desplazarse a otro lado de la pieza.
Sus ojos, de color verde avellana y mirada profunda y melancólica, se posaron sobre el reflejo de Patricia, aun dormida, con la paz y tranquilidad que ninguna de las dos podía encontrar fuera de los brazos de Morfeo, ya ni siquiera en los brazos de la otra, entonces por unos cuantos segundos, un miedo que la iba acosando hace ya algún tiempo volvió a aparecer en sus pensamientos; el miedo de perder a la única pareja que había conocido, a causa del único propósito que había conocido.
Después de todo no era ningún secreto que Patricia no era muy feliz sabiendo lo que Romina hacía todas aquellas noches que desaparecía por horas y regresaba a horas de la madrugada, si no la mañana, con una porción de su “botín justiciero”- el cual según ella misma estaba en todo su derecho de tomar, después de todo “nosotras también somos pobres, ¿no amor?” Argumentaba Romina en su defensa- Romina sabia que era solo cuestión de tiempo antes de que ella se viera en la nada placentera posición de decidir su razón de ser y su compañera sentimental.
Luego de unos segundos Romina decidió mantener esa posibilidad tan lejos de su mente como fuera posible, tomó el computador portátil y dejó la habitación, claro esta no sin antes besar la frente de su compañera.
Romina puso el portátil sobre un pequeño escritorio de madera ubicado en una esquina de la enclaustrada sala, cuatro paredes a no mas de un par de metros la una de la otra sin la luz de una ventana. Se sentó y abrió el portátil, ese portátil había sido su compañero mas fiel durante ya varios años, en el no solo guardaba información valiosa que había acumulado sobre el enemigo, sino que también tenía entre todos los planos, documentos y programas, algo muy preciado para ella; su diario, ahí estaban grabadas las memorias de su cruzada, cada detalle- en realidad ninguno estratégico, sino aquellos de carácter emocional e íntimo- de su propia historia estaba registrado en ese diario.
“Mis estimadísimos amigos- hablaba como si el diario estuviese siendo leído por quienes sobrevivieron a la interminable lucha y vivieron para ver su legado- otra noche mas trascurre sin mejora alguna, bueno por lo menos las cosas no han empeorado- se pasó la mano por el cabello removiendo el flequillo que estorbaba su visión- aunque si me preguntan están a punto de hacerlo, tengo el presentimiento de que así será, verán, por allí anda el rumor de que esos hijos de puta - resaltó esas ultimas palabras en negrilla y con letra cursiva- piensan traer mas de su maldita calaña hasta acá, ahora si no era suficiente que nos quitaran nuestra plata , nuestra educación, salud, y nuestros trabajos, ahora también nos van a quitar nuestras benditas casas para vendérselas o a otro manojo de puñeteros…” Romina se detuvo a tomar aliento.
“Pero no- continuo después de un profundo y largo respiro- no se los voy a permitir; el gringo necesita vender esa idea antes de llevarla a cabo, y personalmente me voy a asegurar de que esos cari pálidos- carcajeó un poco- vean lo poco hospitalarios que podemos ser…” la puerta de la habitación se abrió, y tan pronto Romina la escuchó abrirse cerró el portátil y se levantó del escritorio.
“No conoces el significado de la palabra descanso” preguntó Patricia, de brazos cruzados y recostada sobre el marco de la puerta
“No cuando se trata de cuidarnos el pellejo” Romina respondió con firmeza
“Sinceramente, no creo que nuestro pellejo este en ningún peligro, bueno no mientras no se enteren de lo que estas haciendo, por eso seria mejor que dejaras de hacerlo, así si nos estarías salvando el pellejo, y no peleando batallas donde sabes que no tienes las de ganar” dijo Patricia con severidad
“No entiendes, estoy haciendo esto porque….”
“Porque el gringo tiene que pagar por tu papá, ¿Cierto?”
“Porque tiene que pagar por lo que nos a quitado a todos y cada uno de nosotros, y tengo que evitar que nos quite lo poco que nos queda- aclaró Romina- de eso se trata, de justicia, no de ninguna venganza personal, ¿Entiendes?”
Patricia miró a Romina a los ojos con decepción y angustia plasmada en su rostro
“No, no entiendo” Bajó la mirada para luego volverla a levantar con una expresión aun más severa y de reprimenda
“No sabes lo difícil que es para mi verte convertida en una ladrona, una vil criminal, y todo por… ¡Dios!- exclamó frustrada- no se ni que motivación es peor, si los ideales ridículos detrás de los que te escondes, o tu vendetta contra Samuel Eagle y WT Corp.”
Romina enfureció en cuestión de segundos, no sabía si lo que le causaba ira era su compañera de vida cuestionando sus ideales, además de sus acciones, o si fue el hecho de escuchar los dos nombres mas viles que había escuchado en toda su vida juntos en una misma oración, aunque ella lidiaba con Eagle y con WT a diario, ella prefería no referirse a ellos por sus nombres, para ella eran solamente –“el gringo” y “la bestia”.
El último nombre clave era de procedencia bíblica, aunque Romina no era una muy fiel creyente, le era muy interesante leer varios de los relatos de la Biblia, tres en particular; La esclavitud de los judíos- tanto en Egipto como en Babilonia-, la historia de Jesucristo luchando contra el imperio romano y los fariseos, y por ultimo, su favorito, el Apocalipsis, donde un dictador perverso y sediento de poder se apodera del mundo de los hombres por medio de falsas promesas de prosperidad y paz. Ese ultimo relato se le hacia demasiado familiar, era como si hacía mas de dos mil, en una isla en el mediterráneo, San Juan hubiese podido ver lo que sucedería en América y el resto del mundo en la tercera década del siglo XXI.
Respecto a “El gringo”, que mas se podía decir, en esa simple palabra se expresaba la incontenible megalomanía que una nación había demostrado durante ya más de un siglo, y Eagle era la representación perfecta de ella, el “Tío Sam” y su insaciable sed de poder. Esos eran sus nombres, “el gringo” y “la bestia”, eran los únicos nombres que merecían, y eran los únicos que los oídos de Romina podían tolerar, pero jamás los nombres que Patricia acababa de mencionar.
Romina quiso contestar con alguno de sus argumentos de activista, pero estaba tan enfurecida que solo pudo guardar silencio, luego le dio la espalda a Patricia y continuó escribiendo en el portátil. En ese momento Patricia también decidió dar la espalda a la discusión, así que tan solo se dio la vuelta y regreso a la habitación.
“¡Maldita sea!” gritó Romina golpeando el escritorio una vez la puerta se había cerrado.
No podía aceptar el hecho de tener que elegir, renunciar a su lucha no era una opción, no podía dejar al gringo ganar y destruir la poca esperanza que quedaba para el mundo que ella había soñado por tantos años, y por el que había tomado tantos riesgos y hecho tantos sacrificios. Aun así no quería perder a Patricia, la amaba demasiado, o tal vez se había acostumbrado demasiado a ella, quien sabe, cualquiera de las dos razones fuera la verdadera, el punto era que perderla sería demasiado doloroso. Lo que no sabía era que estaba más cerca de tener que tomar esa decisión de lo que ella pensaba.
La dama de la media noche se vuelve a robar el show” leía el titular del periódico digital, acompañado por un dibujo de una mujer vestida de negro, usando anteojos y una peluca negra.
La pagina web estaba abierta en una laptop de ultima tecnología puesta sobre un lujoso escritorio hecho de autentica caoba. Frente al escritorio, sobre un igualmente lujoso sillón de cuero fino, estaba sentado Samuel Eagle.
Eagle era exitoso empresario de mediana edad- con la presencia y astucia de un político- originario de Boston, Massachussets EEUU. También, uno de los socios mayoritarios de WT Corp.- World Trade Corporation (Corporación de Comercio Mundial)- actualmente la entidad mas poderosa de todo el mundo- de hecho eran casi dueños de el- con sedes en por lo menos dos o tres países de cada continente y dependencias en la gran mayoría de los demás. Eagle era sabido una de las 6 personas mas ricas y poderosas del mundo, los otros cinco sucede que eran sus socios de WT Corp. Cada uno controlaba la división principal de cada continente, en el caso de América existían dos; una ubicada en N.Y City, y manejada por otro gringo, y la de Buenos Aires, manejada por Eagle.
WT Corp había surgido como la multinacional líder hacia ya casi dos décadas, gracias a-o mas bien como consecuencia de- el WFTA –World free trade agreement (Tratado mundial de libre comercio), en donde las entidades gubernamentales cedieron el control completo de las actividades económicas a las grandes corporaciones. Y así como la bestia que describe el libro de Apocalipsis, se fue adueñando poco a poco del mundo y de las vidas de todos-para luego desechar a los que se les dio la gana por supuesto- por medio de promesas de bienestar y crecimiento económico. Todas estas promesas resultaron más falsas que las armas de destrucción masiva en Irak- haciendo referencia a la invasión de principios de siglo para los que no conocen mucho de historia mundial -.
Era extraño, usualmente el posicionamiento de una compañía tan grande como WT Corp. en un lugar debía traer consigo crecimiento económico bastante significativo, sin embargo este no había sido el caso de Buenos Aires, o de ninguna de las otras ciudades donde se había instalado una sede- se habla de ciudades ya que los países como estructuras económicas fueron despareciendo con el fortalecimiento del libre comercio y es capitalismo sin restricciones sociales- de hecho había sucedido todo lo contrario .
Sin duda era extraño, así que un tal Renzo Valentí, reportero investigativo estrella de Buenos Aires, y uno de los más renombrados en la América del sur, se tomo la molestia de indagar que estaba sucediendo, fue un grave error… A las pocas semanas de comenzar su investigación Valentí desapreció misteriosamente, dejando a su esposa y a una hija aun pequeña, pero no lo suficiente para olvidar lo sucedido.
Eagle miraba el diario online frustrado e indignado, “¿Cómo es posible que una vulgar ladrona pueda burlar a los mejores equipos de seguridad del mundo? y ¿Por qué demonios se concentra en atacarme a mí y a mi empresa? ¿Que no hay mas gente adinerada en este pueblo desgraciado? ” Pensó sin hallar respuesta a ninguna de esas preguntas… “O tal vez- continuo dando vueltas en su cabeza- tal vez no es una ladrona, sino una terrorista… pero, ¿Desde cuando los terroristas roban dinero? Ciertamente a dañado suficientes sistemas deliberada e innecesariamente como para llamarla terrorista…” Eagle se levantó de su escritorio casi al borde de un ataque de nervios- aunque normalmente era una persona extremadamente tranquila y en sus cabales- caminó hacia la cocineta en su oficina y se sirvió una taza de te verde con limón y miel, en las pocas ocasiones en las que perdía la calma este era el único remedio que parecía funcionar.
Caminó de un lado para otro en su oficina, una oficina que mostraba buen gusto y sofisticación, no es lo que uno se imaginaría de la guarida de un monstruo, como Eagle había sido señalado por varias personas. Y de hecho no era ni en lo más mínimo tan oscuro y retorcido como se requiere ser para calificado como un monstruo, solo era un hombre ambicioso y reacio a dejar ideas moralistas y ridículas interponerse entre el y sus objetivos – siendo el dinero y el poder los mayores de estos- el no creía en conceptos imaginarios como la justicia y la igualdad, y eso no lo hacia un monstruo- por lo menos no desde su perspectiva- simplemente era un hombre de negocios, y la productividad era el único valor que conocía, lo demás eran solo cuentos de caballeros y hadas.
Mientras tomaba su te la calma que lo caracterizaba iba regresando lentamente a el.
Un sonido abrupto, una puerta cerrándose de manera violenta, hizo que Eagle dejara caer su taza de te sobre el piso de mármol
“Tío Sam, ¡cálmate!” dijo el joven Dickie Landaeta, sobrino y único pariente de Eagle
“¡Dios mío! Muchacho, ¿Qué quieres, que me de un infarto?”
Dickie, siempre encontrando gracia en las actitudes y discursos exagerados de su tío solo pudo contestar esa pregunta con una leve carcajada.
“Tío Sam- dijo en un tono de sermón burlesco- no me digas que todavía te tiene asustado la “Dama de la media noche”…”
Eagle se llenó de enojo
“Todo es un chiste para ti ¿No es cierto muchacho?- hizo una pausa para efecto dramático- Algún día, cuando tu Tío Sam no este allí para cuidar de ti, vas a saber lo que es la responsabilidad, y entonces, o aprendes a tomar los problemas en serio o… hasta ahí llegaste …”
Dickie no pudo mantener una expresión seria ni por un minuto, ya le era lo bastante difícil tener que escuchar los eternos sermones de su tío, y mucho menos le era posible fingir que los encontraba algo más que cómicos.
“Y aun si yo estoy aquí para velar por ti hasta el día en que no pueda mas...-Eagle continuó su sermón- ¿Eso es lo que quieres muchacho, vivir bajo mi sombra por el resto de tu vida”
Dickie sonrió y contestó jocosamente “Me gusta tu sombra, es bastante cómoda”
Eagle miró a su sobrino con gran decepción
“No tienes remedio” suspiró frustrado.
“¿No veo por que te estresas tanto por la “dama de la media noche”- enfatizó su tono burlón con un gesto de comillas- después de todo ¿no fuiste tu mismo el que dijo que no era nada mas que un acto de circo… una versión barata de héroe de melodrama francés?”
“! Eso era antes de que se metiera con mis negocios y aun peor con mi compañía ¡” Respondió indignado por la frescura con que su sobrino descartaba sus preocupaciones
“Además- continuó Dickie sin prestar atención a la respuesta o al obvio enojo de su tío- por lo que he oído, todo lo que toma de WT Corp va directo a los mas necesitados”
En ese momento Eagle estalló “! Muchacho ¡ ¿Qué carajo estas pensado cuando dices semejante estupidez?”
Eagle no podía dar crédito a lo que escuchaba, después de años de educar a su sobrino para ser un hombre inteligente y productivo ahora el salía justificando a una vil criminal a punta de discursos de político populista de aquellos que abundaban en Latinoamérica a principios de siglo y a los que él y WT Corp habían trabajado tan duro por sacar del escenario económico. Tan solo la idea de ver al único hijo- la única familia- que había conocido convertido en una basura politiquera, le causaba mayor furia, pánico y estrés que imaginar el próximo ataque de la “Dama de la media noche”.
“Bueno Tío- alegó de manera un poco ingenua- si lo miras bien, para ti y WT lo que ella toma no representa sino cambio de bolsillo, y es destinado a…”
“! Para ahí mismo muchacho ¡- Eagle gritó al borde de un colapso histérico- no es cuestión de cantidades, es cuestión de principios, un delito es un delito así se cometa para curar a un enfermo de cáncer, y de cualquier manera no se justifica”
“Pero- Dickie interrumpió- no eres tu mismo el que dice que el fin justifica los medios…”
“Este es un caso diferente muchacho, un vil ladrón es un vil ladrón, además- continuó ya mas calmado- si los pobres quisieran salir de la pobreza lo único que tendrían que hacer es trabajar, Dios sabe que el mercado libre ha creado oportunidades suficientes, solo es cuestión de ser pro-activo y competitivo. Ahora, si algún vago quiere comer de gratis no tiene por que ser a expensas mías, yo he trabajado lo suficientemente duro y merezco lo que tengo, y eso debería aplicarse a todos, el que no trabaja pues que no coma y que no venga a quitarle a los que si se preocupan por producir”
La discusión continuó mientras Dickie le servia otro te a su tío y Eagle se sentaba en el sofá de cuero italiano que adornaba su oficina y hacía sus días en ella mas cómodos y suspiraba con decepción por la actitud ilógica de su sobrino.
Desde detrás de la puerta que separaba la habitación de la salita Patricia observaba con gran tristeza a su querida Romina, habían pasado casi o más de nueve horas desde que se sentó en frente de ese condenado portátil, y nada que se despegaba de el por el contrario cada vez parecía mas inmersa. En las noticias se anunciaba la posible renovación de varios sectores de Buenos Aires, entre ellos su querida Boca, probablemente eso- en combinación con una llamada extraña que había recibido un par de horas atrás- era lo que tenía a Romina actuando de manera mas obsesiva que de costumbre.
“¡Maldita sea! Romina- exclamó saliendo del cuarto como una centella- ¿Qué mierda tiene que el gringo quiera pintar un par de casas y venderlas, ya que mas daño puede hacer?”
Romina quitó sus ojos de la pantalla del portátil como despertando de un trance hipnótico
“¿Qué que tiene… - gritó con igual intensidad a la de su histérica compañera- lo único que nos queda, a unos pocos afortunados- aclaró a manera de ironía- es un techo, un triste, viejo y demacrado techo, y ahora, después de tanta lucha ¿Cómo voy a dejar que nos lo quiten?”
Romina miró fijamente a Patricia suplicando por algo de comprensión.
Patricia tomó las manos de Romina y se aferró a ellas con fuerza
“Entonces- dijo también con tono de suplica- vayámonos de aquí, comencemos de nuevo, sin Eagle, sin WT…”
Romina bajó la mirada y suspiro con desesperanza
“Ojalá fuera así de fácil, pero- volvió a levantar la mirada y soltó las manos de su querida Patty- donde quiera que vayamos va a haber un WT Corp, y si no es un gringo entonces será un ingles, o un japonés el que nos despoje de todo, ¡No! - Exclamó cual héroe de epopeya griega- lo único por hacer es dar la pelea, Patty- agarró los hombros de Patricia y la miró directo a los ojos – esta noche puede marcar una diferencia, puedo impedir que den un paso que podría ser definitivo para su victoria completa sobre nosotros, y si, probablemente no cambiara las condiciones de ahora, pero sé en mi corazón que esta noche va significar algo mañana”.
Romina mantuvo sus manos sobre los hombros Patricia y se quedó quieta y en completo silencio, esperando una respuesta de su compañera, sin embargo esa respuesta nunca llegó. Patricia apartó su mirada de los ojos de Romina y se dio la vuelta.
Patricia no sabía ya que hacer con su Romi, Dios sabía que era el amor de su vida, pero a veces no podía mas, era demasiado difícil, y sinceramente no era ningún secreto que el odio de Romi hacia Samuel Eagle y WT Corp siempre iba a ser superior a su amor por ella, ¿Que tanto se puede soportar por amor sin convertirse en un ser patético y miserable? Se preguntaba ella misma, tristemente la respuesta siempre era la misma
“Tal vez un poco mas no me mate, tal vez Romi se aburra de jugar a Robin Hood muy pronto, y entonces hará valer la pena todo lo que la he esperado”
Pero mas de cinco años después ese día no había llegado y al parecer Romina no iba a ceder ni un poco, el sueño de Patricia comenzaba a verse cada vez mas y mas lejos y a veces se preguntaba si valía la pena verlo pasar a lo lejos y seguir al lado de Romina, esperando por algo que quizás nunca llegaría a ser.
La misteriosa llamada que Romina había recibido era un tip sobre la puesta en marcha del último proyecto de Eagle para Buenos Aires, efectivamente los “Hijos de puta” ahora querían adueñarse de la poca propiedad que le quedaba a la gente local- bueno a los que no se pusieron el sello del anticristo en su frente- ahora les iba a costar los dos ojos de la cara permanecer en su propia tierra. Ella tenía que saber los detalles del proyecto para ver como podía si no impedirlo – lo que era más que imposible- por lo menos demorarlo o evitar que sus efectos fueran tan devastadores.
Estaba jugando muy por fuera de su liga y ella lo sabía, hasta ahora lo mas que había logrado era despojar al gringo de mucho menos de una fracción de lo que le había robado a la ciudad, aun así tenía que por lo menos hacer un intento, se lo debía a si misma, y -aunque nunca lo admitiera -a su padre, un hombre que valoró la verdad mas que nada en el mundo, o por lo menos esa era la imagen con la que había crecido Romina, y la que le daba fuerzas para continuar con la cruzada que aun su compañera de vida consideraba ridícula y sin posibilidad de ganar.
“¡Voy a sacar a ese gringo mal nacido de esta ciudad! ¡Esta misma noche!”
Se escuchaban los gritos frenéticos de un borracho que maldecía en las calles, un pobre loco que pasaba todos los medios días por ese mismo sector de la Boca, y todos los días cantaba el mismo discurso.
Patty bromeaba con Romina sobre el posible parentesco entre ella y el loco, después de todo eran demasiadas las semejanzas, por supuesto no eran más que chistes inocentes y un poco pesados, y una forma muy jocosa en la que Patty cuestionaba la sanidad y la sensatez del proceder de su querida Romi.
Sin embargo esa tarde no hubo bromas, de hecho todo era silencio en la pequeña pieza, y por primera vez los gritos del loco fueron más que un chiste para Romina, esta tarde esas palabras de desenfreno y desvariación sonaban a sus oídos como un discurso de inspiración, palabras de ánimo y aliento, y el loco al que todos los días tomaba junto a Patty como objeto de broma, era la voz que guiaba sus pasos.
“Voy a sacar a ese gringo de esta ciudad- se dijo a si misma- y a toda esa jauría de trajes voraces, tal vez no esta noche, aunque ojala se pudiera, pero si pronto”
Romina respiró profundo y se dirigió a un pequeño rincón de la pieza. En esa pequeña esquina, tras la cocineta se encontraba un depósito de armas y otros cuantos trucos que Romina había adquirido con el tiempo, hubiese preferido guardarlos en la habitación- entre mas lejos de la puerta de entrada mejor, decía- pero Patricia jamás permitiría armas ni nada que tuviera que ver con la otra vida de Romina en su habitación, así que ese closet siendo la segunda mejor opción se convirtió en el lugar secreto de Romi.
Desde atrás de la puerta del cuarto Patricia observaba con gran tristeza y dolor mientras el gran amor de su vida escogía una vendetta sin sentido por encima de su relación. Sí, tal vez era hora de decir adiós, aunque odiaba resignarse y admitir una derrota- una de las muchas cosas que ella y Romi tenían en común- pero hay una línea que separa la persistencia de la terquedad ciega y estupida, y Patty sabía bien que había cruzado esa línea hacía ya demasiado tiempo.
“No me esperes despierta esta noche-Romina gritó desde la sala-… si se puede- dijo luego tímidamente y con cierto sentimiento de culpa- mañana hacemos algo, ¿vale?”
De lo que Romi no estaba conciente era que quizás mañana no existiría para ella y Patty, quizás – como ella bien dijo- todo acabaría esa misma noche. Patty por su lado si tenía una leve noción de lo dudoso que ese mañana era para su relación, y por eso prefirió callar antes de prometer un mañana que no podía garantizar, y se limitó a asomar la cabeza y esbozar un tímido pero sincero “Por favor, cuídate”. Quería despedirse con un beso, en caso de que esta fuera la última vez que viera a Romi, el último adiós, pero al final le pareció demasiado doloroso, o tal vez sintió temor de cambiar de opinión, así que se abstuvo de cualquier acercamiento físico.
Cuando el loco terminó su ronda de mil maldiciones e improperios por esa calle, a exactamente las 6:00 PM, ni un minuto mas ni un minuto menos, la puerta de la pieza se abrió y cerró en cuestión de segundos, dejando a Patricia sola en la pieza que esa noche vería por ultima vez, antes de marcharse a quien sabe donde.
El joven Dickie Landaeta observaba con atención- aunque fingía solo estar perdiendo el tiempo- los preparativos para la cena que Eagle tenía planeada esa noche para sus más cercanos colegas, Dickie sabia que iba a ser algo importante, su tío rara vez hacia tanta fanfarrea por cualquier invitado. Al ver la magnitud de esa reunión comenzó a albergar la esperanza de que cierta persona no grata irrumpiera en la velada. Dickie disimulaba muy bien ante su tío la fascinación que sentía por la famosa ladrona, sin embargo bajo su actitud de indiferencia estaba no solo intrigado sino también admirado por la por así decirlo archienemiga de WT Corp.
La verdad era que el simple hecho de tener un poco de admiración- de la cual tenía mucha – hacia ella era una especie de traición a su tío, y le debía demasiado respeto y aprecio – aunque pocas veces demostraba lo primero- después de todo, si con alguien había sido generoso y caritativo Eagle era con el, le dio un techo a el y lo acogió cuando su madre murió y su padre se volvió a casar dejándolo fuera de su vida.
Ante los ojos de Dickie- y probablemente su tío pensaría lo mismo- no era muy agradecido de su parte ver a la peor amenaza a su tío como a una heroína, pero por alguna razón eso era lo que veía en la “dama de la media noche”, no porque considerara a su tío un villano, para nada, era solo que los cuentos de forajidos y enemigos del sistema siempre le habían causado emoción, además que siendo sincero nunca había estado de acuerdo con el sistema que WT Corp había impuesto, simplemente estaba acostumbrado a aceptar los designios de su tío Sam, y por que no, después de todo lo menos que le podía dar era un poco de lealtad y obediencia.
“¡Muchacho!- Gritó Eagle por medio del intercomunicador- que haces mirando a la nada, ve a arreglarte mas bien, y ponte lago de gente decente no una de tus extravagancias.”
“Si, señor” Dickie respondió algo reacio.
Definitivamente era una cena importante, tenía que serlo para que el mismo tío Sam estuviera pendiente de los sistemas de seguridad y las cámaras de vigilancia.
A eso de las 7 PM, después de haber estado sentada en la cama y llorando por casi una hora, Patricia Santillán tomó la decisión definitiva de dejar la pieza que había sido su hogar y a la que había sido su pareja por ya casi 7 años. Tomo una pequeña y destartalada maleta, la única que tenía- después de todo quien necesita equipaje cunado no se tiene los recursos para viajar ni al pueblo más cercano, ni la motivación de viajar a ninguna parte como era el caso de su enclaustrada compañera- y comenzó a tirar frenéticamente la ropa dentro de la valija. Las lagrimas corrían por sus ojos, quien diría que después de haber llorado tanto todavía iba a tener lagrimas, sin embargo las tenía y muchas.
“¿Por que me tenias que relegar a un segundo plano, Romi? – Sollozó en voz baja- Hice todo lo que pude, y no me lo puedes negar- le hablaba a un retrato de ella y Romina que estaba sobre la esa de noche – pero tú nunca pusiste de tu parte…”
Patty dejó de hablar repentinamente, tal vez por que su llanto consumía todo su aliento, o quizás porque se dio cuenta de que estaba hablando sola como una loca. Siguió empacando con rapidez, intentando no pensar más para evitar la tentación de cambiar de parecer. Por unos segundos se detuvo y se acercó a la mesa de noche tomó el retrato y lo miró fijamente como tratando de decidir si lo llevaba con ella o lo dejaba atrás junto con Romina y todos los demás recuerdos de su relación. Al final Patty decidió dejarlo todo atrás, después de todo si hay algo mas doloroso que ver morir algo que se ama, es vivir con su recuerdo y con la idea de que no se pudo salvar, puso el retrato de vuelta sobre la mesa de noche y regreso a hacer su maleta.
Desde arriba de las escaleras, metido en un traje de los que tanto detestaba pero usaba con frecuencia para complacer a su tío, el joven Dickie observaba a los invitados llegar poco a poco, algunos eran los mismos rostros de siempre, otros eran rostros completamente nuevos.
El tío Sam les daba la mano con gran emoción, como si algo grande estuviera por comenzar esa noche, los saludos eran dignos de aquellos políticos que el mismo tío Sam siempre había descartado como una manada de buitres que no hacían sino estorbar y poner trabas al progreso, y ahora él mismo se estaba comportando como uno de ellos, o tal vez siempre lo había hecho. La verdad es que Dickie nunca prestó demasiada atención a los movimientos de su tío, no hasta hace poco- tal vez por que encontraba el día a día de un empresario demasiado tedioso como para dedicarle 5 segundos de observación, o tal vez era uno de esos ciegos que son ciegos porque no quieren ver y apreciaba demasiado a su tío como para permitirse notar quien era y lo que hacía en verdad, mas allá del tío Sam que el veía todos los días y cuyos discursos escuchaba con renuencia.
A las 9 PM, tal vez unos minutos mas o menos, en el espectacular e imponente comedor social, Eagle, sus invitados y un ya fastidiado Dickie- quien por cierto estaba exhausto por tratar de recordar nombres y rostros que nunca en la vida se había interesado por aprender- se sentaron de manara muy diplomática frente a la fina mesa probablemente mas costosa que las casas de la ya extinta clase media porteña.
“Estamos mas que ansiosos por escuchar que nuevo haz tienes bajo la manga, Sammy” dijo una dama argentina- claramente porteña- de rostro y actitud estirados.
Eagle levantó una copa de vino favorito “Paciencia querida, paciencia, primero disfrutemos de la comida” dijo con elocuencia.
Eagle trabajaba casi las 24 horas del día para tener todos los lujos y comodidades del mundo, aun así poco las disfrutaba, de hecho solo existían tres cosas por las cuales sería capaz de dilatar un negocio; una taza de te, una copa de su vino predilecto y un buen banquete, con esas tres cosas ahí si que nadie se metiera, esa era la segunda trinidad de Eagle- la primera era por supuesto trabajo, dinero y poder-.
La estirada dama porteña asintió con una sonrisa en su rostro y levantó su copa de vino.
Dickie miraba aburrido a su alrededor, detuvo su mirada sobre su tío notándolo- aunque en apariencia igual de tranquilo y carismático- algo … no sabia exactamente que veía, tal vez lo que había cambiado no era su tío sino los ojos con que lo veía.
“Alguna vez has pensado en retirarte tío- dijo con una falsa jocosidad, intentando disfrazar una pregunta completamente sería y sentida como un chiste social- digo con todas las cosas tan brillantes que has hecho…”
Eagle soltó una carcajada, esta fue también algo falsa y escondía una reacción completamente diferente la no tan jocosa broma de Dickie.
“Que muchacho tan cómico, ¿eh?- se dirigió a sus invitados- no conoce el valor que tiene el trabajo en la vida de las personas, que lo que hacemos es lo que somos… ay muchacho”
Los invitados rieron en coro.
“No se trabaja para vivir- comentó un viejo alemán que estaba sentado a la derecha de Eagle, probablemente alguien muy importante para el negocio- se vive para trabajar. Me sorprende que viviendo con tu tío tantos años no hayas aprendido un principio tan básico”
Dickie sonrió de manera obviamente fingida, asentó de la misma manera, y continuó con su comida como si nada.
Una vez los invitados habían terminado su cena, Eagle se puso de pie y alzó su copa de vino, todos dirigieron su mirada hacia el, con excepción de Dickie que tenía sus ojos y todos sus otros sentidos ocupados tratando percibir si había algo o alguien extraño a su alrededor.
“Respetadas damas y honorables caballeros, es un placer contar con su compañía, les agradezco mucho el haber venido…”
Levantó su copa como brindando por sus invitados, de igual manera se levantaros las demás copas alrededor de la mesa, nuevamente con la excepción de Dickie quien recibió una de las miradas de “mas tarde hablamos de esto” que tan frecuentemente recibía de su tío.
“… Como ya saben esta cena no es solo una reunión social, aunque muy gratamente se prestó para brindarme el gusto de verlos de nuevo, sin embargo es sumamente importante que vean el nuevo proyecto en el que he estado trabajando, un proyecto que, modestia aparte- Eagle sonrió con su distintiva expresión de picardía encantadora - va a acercar aun mas a los hombres y mujeres de negocios de todo el mundo, además de atraer a gran cantidad de ellos a Buenos Aires, y optimizar nuestra capacidad de producir y el crecimiento económico de este punto de operación en proporciones…”
Pausó para efectos dramático, como tenía por costumbre cuando estaba dando uno de sus grandilocuentes discursos, Dickie siempre había pensado que era un descaro de parte de su tío emitir tantas criticas contra los políticos cuando sus tácticas de convencimiento eran prácticamente idénticas, ya fuera que se tratara de una gran reunión de negocios, una conferencia de prensa- en la época en que la prensa tenía media onza de valor, por decir mucho- o en la mas trivial de las conversaciones.
“…Bueno, para que darles uno de mis interminables discursos, cuando puedo dejar que las cifras y los datos hablen por mi, y mostrarles que estoy dispuesto a poner mi dinero donde esta mi boca. Damas y caballeros, por favor acompáñenme a la planta superior para que lo vean por ustedes mismos”
Los invitados aplaudieron con entusiasmo las palabras de su siempre elocuente y carismático anfitrión. Luego se levantaron de manera agraciada y dejaron el comedor.
Los invitados siguieron a Eagle y al joven Dickie- quien reacio acordó acompañar a su tío durante su presentación, después de todo un hombre de familia vendía mas que una presentación estrella, además Eagle veía en su sobrino una especie de apoyo moral -aunque Dickie rara vez representaba eso- a la sala de conferencias ubicada en el tercer piso de la townhouse. Entraron uno por uno y se fueron sentando alrededor de la mesa.
Por ultimo Eagle tomó su asiento en el centro de la sala y puso su mano sobre una lámina de fibra óptica inserta en la mesa y ubicada frente a la silla principal, activando la pantalla de plasma inserta en el centro de la mesa, sin embargo para la sorpresa de Eagle la proyección holográfica no era la que el había preparado, de hecho no había en nada dicha proyección.
Eagle miró alrededor apenado
“Mil disculpas… al parecer hay un pequeño contratiempo, permítanme un momento, por favor…” Se levantó de su silla e hizo señas a los camareros que aguardaban en las esquinas de la sala de conferencias al lado de bandejas de licor y aperitivos “… Mientras tanto, les agradezco se pongan cómodos y disfruten…”
Eagle hizo señas al joven Dickie para que lo siguiera, Dickie se levantó inmediatamente de su silla y corrió tras su tío.
“Esto no es nada típico de Sammy, ¿que estará pasando?”. Los invitados murmuraban extrañados sobre lo sucedido. Uno de ellos en una forma apologética comentó “Un error lo comete cualquiera, después de todo ¿Quién aquí no es humano?” Y sí, probablemente un error humano era la mejor explicación a lo que acababan de presenciar, pero ninguno de ellos podía encontrar sentido a esa explicación, después de todo Samuel Eagle no creía en los errores humanos y mucho menos se permitiría a si mismo uno de ellos.
Cuando Eagle y el joven Dickie dejaron la sala de conferencias la puerta- una de esas puertas electrónicas que uno encuentra en los bancos y supermercados- se cerró tras ellos. Lo que no sabían esa noche tardaría un buen rato en volverse a abrir.
Tan pronto las puertas terminaron de cerrarse los casi decorativos camareros sacaron armas de sus bolsillos, apuntando a los invitados desde cada esquina, y la proyección holográfica de la pantalla se activo por si misma.
“Por favor permanezcan en silencio- dijo en voz muy baja uno de los camareros- podemos prometer que nadie saldrá herido, siempre y cuando cooperen y no hagan nada que pueda alterar el orden, ¿Entendido?”
Los invitados entraron en pánico, de hecho aquella estirada dama porteña casi se desmaya. Uno de ellos, aparentemente el mas sabio, aconsejó a los demás con señas y miradas que mantuvieran la calma.
Ya un piso debajo de la sala de conferencias e ignorantes de todo lo que estaba sucediendo y de lo que estaba por pasar, Eagle y el joven Dickie entraron a la oficina, ubicada en el segundo piso de la townhouse, entraron con prisa ya que a Eagle no le gustaba hacer esperar a sus invitados, especialmente cunado tenía intenciones de hacerlos sacar sus billeteras.
De repente la puerta de la oficina se cerró de manera violenta, una silueta femenina emergió de la oscuridad.
Eagle se imaginó inmediatamente de quien se trataba, intentó abrir la puerta de manera desesperada, pero al parecer el sistema de seguridad había sido activado y todos los accesos y salidas estaban bloqueados. Era difícil de creer, había sido victima de ella tantas veces, y sin embargo era la primera que la tenía frente a el. Cuando pensaba en el día en que se vería con la “dama de la media noche” frente a frente, siempre se había visto en la posición contraria, aun así ahí estaba, el hombre mas poderoso en América del Sur, y uno de los mas poderosos del mundo, acorralado y sin salida.
La silueta avanzó lenta y cautelosamente hacia sus dos rehenes, mientras apuntaba un arma de fuego a ellos.
“Cuéntame gringo- la silueta habló de repente- ¿Pensabas que ibas a salir con una de tus gracias y yo no me iba a dar cuenta?- preguntó de manera capciosa- que mal… que poco me conoces…”
Su voz no era humana, usaba una especie de aparato de distorsión, bueno… era lógico, pensó el joven Dickie mientras observaba -con ambos brazos arriba de su cabeza- entre maravillado y muerto del miedo, después de todo sería demasiado arriesgado usar su propia voz sabiendo que el tío Sam contaba con la tecnología para identificarla inmediatamente.
“! Bueno ¡… ¿Me vas a decir que es lo que tienes planeado, o no?” Exigió la dama.
Eagle permaneció en silencio, lanzando una mirada prepotente a su asaltante, como queriendo decirle que de él no iba a sacar nada.
Al ver que Eagle no estaba dispuesto a cooperar, la dama de la media noche decidió que era hora de demostrarle que no estaba jugando…
“¡No jodas gringo! – Se acercó unos cuantos y apuntó su arma de manera amenazante- ¿Qué crees que esto es algún chiste?”
A pesar de las amenazas y el arma apuntando a su frente, Eagle permaneció erguido y en silencio. La bandera gringa que adornaba la pared de su oficina le servía de fondo, parecía algo salido de una película, como si Eagle fuera uno de esos “héroes” que abundaban en el cine de hollywood. - Claro, dirían los disidentes, si es que se puede llamar héroe a un cerdo imperialista que mata a un montón de chinos, árabes, rusos… y cuantos otros enemigos se hayan ganado los gringos, a sangre fría, usando a la libertad como excusa mal lograda, y con el único propósito de perpetuar el poderío de su país- .
Dickie, con desespero y pavor, miró a su tío suplicándole que cediera ante las demandas de su captora. En esos momentos el joven Landaeta estaba más confundido que nunca, y no sabía a quien darle la razón- o más bien quien era el menor de dos males- . El tío Sam, que estaba mas que dispuesto a despojar a cientos de sus tierras y su pan de cada día con tal de ganarse unos cuantos centavos mas- bueno, eran en verdad millones, pero ¿Qué diferencia hacían para alguien tan pudiente y adinerado como el Samuel Eagle?-. O la loca que en nombre de la justicia, o de lo que fuera que ella luchara por conseguir jugando a Robin Hood, tenía dos hombres en cautiverio- y quien sabe que sería de las demás personas que ese encontraban allí esa noche- y estaba amenazando sus vidas, sin importar que tan inocentes o culpables fueran estos.
Eagle intentó acercarse con sigilo a un botón de emergencia que se encontraba a unos pocos pasos de donde el estaba, sin embargo no logro pasar desapercibido.
“Gringo…- dijo con tono de sermón- ¿Qué crees que haces?... por mucho que presiones ese botón nada vas a lograr… veras- dijo vanagloriándose de su supuesta astucia- en la sala de conferencias hay como 11 caras pálidas cautivos, aquí solo hay dos tristes gringos, lo que me da pie a asumir que el equipo de seguridad que tu querida corporación te asignó va a dar prioridad a la sala de conferencias, si mal no estoy…”
Eagle se quedó casi perplejo, no podía dar crédito a lo que escuchaba, si su amenaza era cierta entonces la dama de la media noche no estaba sola. Sus emociones se dividieron entre el alivio a su orgullo que representaba saber que no había sido burlado tantas veces por una simple mujer sino por una red de personas, y el pánico de saber que estaba a merced de sus adversarios.
“…Ahora, si tú hundes ese botón algo va a pasar en esa sala de conferencias, y para cuando tu equipo de seguridad llegue hasta esta oficina…”
Eagle mantuvo su mirada altiva y su postura erguida, aunque en verdad estaba muerto de miedo, de hecho estaba temblando cosa que se esforzaba por disimular, después de todo no podía mostrarse débil, no después de pasar una vida entera criticando a quienes aceptaban vivir con la debilidad como parte de ellos y no como un defecto que podía corregirse. Miró de reojo a Dickie, temía por la vida de su sobrino, pero era un sacrifico necesario- aunque le doliera incluso un poco mas que arriesgar la suya- pero no podía dejar que una vil ladrona destruyera en una noche lo que le había costado toda una vida construir, era demasiado orgulloso.
“¡De mi no vas a sacar nada!” exclamó con determinación.
La dama de la media noche se exaltó y finalmente se lanzo sobre Eagle y lo empujo con toda su fuerza, derribándolo. Al ver a su tío en el suelo, Dickie intentó acercarse a levantarlo, pero la dama de la media noche apunto a Eagle nuevamente advirtiéndole al joven que retrocediera.
“Deberías estar agradecido de estar todavía vivo gringo… pero créeme que puedo cambiar de opinión muy pronto si sigues dándome dolores de cabeza”
Dickie, normalmente demasiado despistado e ingenuo para leer a las personas, por primera vez en su vida intentó ver tras la mascara, algo le decía - no sabia que, después de todo era la primera vez que estaba frente a la dama de la media noche, y aun así ni siquiera sabía frente a quien estaba- que podía apelar al lado humano de su captora, así que decidió hacer un intento, aunque temía que el resultado pudiera ser peor que la situación actual.
Dickie levantó sus manos aun mas arriba en señal de rendición total y de manera suplicante se dirigió a su captora.
“Por favor no lo mates- imploró- no se que te habrá hecho, pero es la única familia que tengo, y cualquier daño que haya hecho tu estarías haciendo algo igual o peor, no se la verdad…- pausó por un momento al darse cuenta de que estaba a punto de comenzar a divagar- por favor, no lo mates…” terminó con lagrimas suplicantes en sus ojos.
Aunque los ojos de la dama estaban cubiertos por un par de lentes de sol, se podía notar una expresión reflexiva en su rostro, como si estuviese debatiéndose entre dos caras de la moneda. En realidad su plan nunca fue acabar con la vida de nadie, después de todo quería acabar con una corporación no con una persona, pero por unos momentos vio todos los males que combatía reflejados en un solo hombre, y teniendo el poder de acabarlo allí mismo… era una tentación difícil de resistir, y por un momento se vio a punto de tirar del gatillo, hasta que miró a los ojos del joven Dickie.
“Dios mío- pensó al darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer- el dolor que me llevó a sentir tanto odio…”
Por su cabeza pasaron, como diapositivas en un proyector holográfico, imágenes de noticias televisivas y recortes de periódico, todas de veinte y tantos años atrás, referentes a la desaparición de un tal Renzo Valentí, reportero investigativo. Al final de la lluvia de imágenes, llegó el solitario recuerdo de una niña pequeña, más o menos de 6 o 7 años, llorando en un rincón de la extrañamente callada sala de redacción de un periódico.
“…ahora soy yo quien esta a punto de infringirlo.”
Miró nuevamente al joven Dickie y bajó lentamente el arma.
“Ya quisieras gringo…”
Dijo regresando su mirada al caído Eagle, todavía en el suelo e inseguro de si levantarse era una buena idea.
“… Pero no vas a morir como una pobre victima mas, no te voy a dejar… vas a acabar como la maldita culebra que eres…”
Disparó- un balazo que asustó a Dickie y Eagle quienes no se habían percatado de que el arma no estaba dirigida a ninguno de ellos- a la ventana rompiendo el único vidrio que no era de seguridad, un elegante vitral barroco, el favorito de de Eagle. Se dio la vuelta disponiéndose a salir por esa ventana, cuando Eagle se levantó violentamente y se abalanzó sobre ella e intentó arrebatarle el arma, los dos forcejearon por unos segundos, que para Dickie- desesperado en busca de una forma de separarlos- fueron eternos. De repente se escucho un segundo disparo, y unas gotas de sangre cayeron sobre el fino mármol del piso. Ambos retrocedieron, Eagle caminó hacia Dickie y continuó apuntando el arma que ahora sostenía en sus manos, era la ladrona quien había sido herida.
La dama de la media noche puso su mano sobre la parte inferior de su hombro- a unos pocos centímetros de su corazón, y para su horror se dio cuenta de que estaba empapada de sangre. Tal vez era el fin, quizás ese era el final que tanto había esperado, la resolución definitiva de su gran lucha, morir sin dejar mayor huella que la leyenda de uno ladrona- que en una sociedad tan acelerada no dudaría mas que unos cuantos meses, si era afortunada- con la bandera gringa alzada y orgullosa tras su desfalleciente cuerpo, y su gran adversario viéndola desangrarse lentamente. Vaya final heroico, pero la verdad sonaba hasta mejor que seguir luchando en vano y morir vieja y con el mal sabor del fracaso, después de todo era mejor ser un mártir que un perdedor.
“¡Muchacho! –Eagle gritó aterrorizado- ¿Qué haces ahí parado? Llama a seguridad”
Dickie miró a su tío fijamente cuestionando sus prioridades en una situación como esa.
“Y diles que traigan el equipo de primeros auxilios” aclaró.
¡Pero no! la dama de la media noche no iba a caer prisionera del gringo y la bestia, eso jamás, primero morir vuelta nada. Con la poca fuerza que le quedaba corrió hacia la ventana y se dejo caer, dejando a Eagle y al joven Dickie atónitos, estaba a solo dos pisos de altura, así que el daño normalmente sería mínimo, sin embargo en la condición en que ella se encontraba no tenía muchas posibilidades de sobrevivir aun a una caída tan leve.
El joven Dickie corrió hacia su tío y lo abrazo con todas sus fuerzas, Eagle le dio un par de palmadas en la espalda al muchacho y suspiró con alivio.
“Ves- dijo Eagle en el mismo tono con que comenzaba cada uno de sus interminables sermones- allí tienes a tu heroína, casi nos mata… ¿Todavía piensas que es alguien digno de admirar?”
Dickie soltó una leve carcajada, que muy inmediatamente se transformo en una sonrisa de simpatía, al parecer el por poco perder a su tío lo llevó a querer demostrar un poco del gran respeto que sentía por el. Aun así estaba en desacuerdo respecto a la dama de la media noche, ella pudo haberlos matado a los dos, y haberse llevado lo que quisiera sin mayor complicación, en cambio decidió escuchar sus ruegos y dejar vivir al tío Sam, eso demostraba que sin importar lo poco optimo de sus métodos, sus intenciones no eran del todo malas. El pobre Dickie seguía igual de confundido que siempre.
Para cuando el equipo de seguridad llegó, ya no había ni rastro de los intrusos- bueno, con excepción del vitral favorito de Eagle y las perdidas materiales que los invitados alcanzaron a sufrir antes que los perpetradores se vieran obligados a huir de la escena. Misteriosamente las gotas de sangre que la dama de la media noche derramó tampoco fueron encontradas, nada ni una huella, ni nada, aparentemente existían disidentes aun más cerca de lo que Eagle pensaba.
Afortunadamente, nadie había salido herido, bueno con excepción de la presentación en la que tanto esmero había puesto Eagle, eso y su orgullo, pero las vidas humanas estaban intactas- aunque la verdad es que ninguna de ellas, con tal vez una o dos excepciones eran vidas que gran parte del mundo querría preservar- .
Después de horas de duda y angustia, Patricia finalmente terminó de empacar todo lo que necesitaba para comenzar su nueva vida lejos de la Boca, y de su adorada Romi. Quiso despedirse de la cama en donde había pasado tantas noches, desde noches de pasión, hasta noches de llanto, y las que mas extrañaría noches en la que todo era tranquilidad y descanso- esa ultima le hacia falta desde mucho antes. Pero antes de que pudiera cerrar sus ojos por última vez, la nostálgica despedida fue interrumpida por violentos y desesperados golpes en la puerta de la pieza.
Patty corrió a atender la puerta, aunque no sabía si lo mejor era esconderse o huir aunque en una pieza tan pequeña no hubiera por donde, pero la verdad lo mejor a su parecer era finalmente enfrentar las consecuencias de las estupideces y locuras de Romina, después de todo también era culpa suya por no haberla dejado a tiempo.
Pero cuando abrió la puerta, sus pensamientos viraron en una dirección opuesta, a pesar de haber estado en vísperas de dejarla ir para siempre, sintió una horrible punzada en el centro de su corazón al ver a su Romi tirada en el suelo, ensangrentada y casi a punto perder el sentido.
“! No ¡…”
Las lágrimas empaparon su rostro mas rápido de lo que pudo terminar esa primera palabra.
“… no me vas a dejar tu a mi, no te lo voy a permitir”
Se apresuró a levantarla y a llevarla dentro, la puso sobre la cama y sacó del closet un botiquín de primeros auxilios. Ambas sabían que un día tendrían la necesidad de usarlo, pero solo Patty se imaginaba una situación tan grave, no era paranoia era solo cuestión de sentido común esperar que la otra vida de Romi viniera a perseguirlas a su propio hogar. Pero por muy conciente que hubiera estado de esa posibilidad, Patricia no estaba preparada para enfrentar esa situación.
Desafortunadamente la mejor opción posible – llevar a Romina a un hospital- podría terminar con ella en manos de WT Corp, y Patricia sabía que Romina escogería la muerte mil veces antes de caer ante sus adversarios. Aunque nunca había estado de acuerdo con los ridículos designios de Romina, Patricia consideraba poco honorable el deshonrar la voluntad de una persona en una situación tan grave, así que se armó de valor y se dispuso a salvar a Romi con sus propias manos.
“Por favor, no te me mueras Romi…” Le rogaba mientras intentaba sacar la bala de su cuerpo con un par de pinzas.
“… tu sabes que…” Intentó hablar.
Su llanto no la dejaba decir mucho, así que decidió concentrarse en lo que estaba haciendo, hablaría con Romi cuando lograra despertarse, o – rogaba que Dios no lo permitiera- cuando fuera hora de decirle adiós. Romi ya estaba inconsciente, y su pulso era demasiado bajo, Patty estaba desesperada, aun así continuó con la mayor firmeza posible, después de todo no le molestaba tener que fingir ser fuerte una ultima vez por Romi.
Finalmente, la bala Salió del hombro de Romina, Patricia presionó un paño húmedo sobre el pecho de Romi intentando detener el sangrado, no sabía si era demasiado tarde para hacer, Romi todavía tenía pulso pero era muy débil. Patty, sentada a su lado e ida en lágrimas la abrazaba con delicadeza, sobando su frente con una mano y susurrándole al oído, mientras con la con la otra mano presionaba el paño contra su herida.
Habían pasado unas semanas después del infame asalto, Eagle- como cosa rara- había logrado recuperar a sus inversionistas, al parecer el ataque de la dama de la media noche le ganó “votos de simpatía”. El joven Dickie, aun preguntándose que sería de la misteriosa ladrona, si estaría viva o si había visto el fin de una leyenda contemporánea, le sirvió a su tío Sam -como siempre sentado en su escritorio buscando formas de ganar mas dinero- una tasa de su te. Eagle miró al joven Dickie con aprecio, y asintió como gesto de agradecimiento antes de proceder a tomarse la taza de te.
“Tio Sam- interrumpió el silencio con timidez- voy a dar un paseo… por ahí…”
“Bueno muchacho, esta bien… pero no te vayas a perder… tenemos un brunch importante mañana y te quiero sobrio y en una pieza, ¿OK?”
“Si, señor”
Dickie salió de la oficina mirando atrás por unos segundos para ver a su tío, por un momento lo miró como si el último día en que le vería estuviera a la vuelta de la esquina. Por supuesto Eagle estaba demasiado inmerso en lo que fuera que estuviese haciendo como para notar la mirada nostálgica de su sobrino.
Una igualmente nostálgica mirada y unas cuantas lágrimas brotaban de los ojos de Patricia, sentada en la cama sosteniendo y contemplando el retrato de ella y Romina que había adornado el nochero por tantos días y noches.
“Ay, Romi…” suspiró “no se que decir la verdad… nunca pensé que iba a ser tan difícil decirte adiós, pero como ves, ni todas mis fuerzas me han sido suficientes…”
Secó sus lágrimas y se levantó de la cama.
Dickie manejaba con la poca cautela que caracterizaba su actitud de niño sobreprotegido-de la cual Eagle era en realidad el culpable. Por mucho que tuviera el descaro de quejarse de ella, había sido el mismo tío Sam quien se encargo de malcriar a Dickie-. Sin embargo esta vez su paupérrimo desempeño como conductor no se debía a su falta de atención, sino a que su atención estaba demasiado centrada, solo que no en el camino, sino en lo que lo rodeaba.
Siempre que quería escapar del mundo, el mimado joven sacaba su costosa y moderna camioneta negra a pasear, pero esta vez parecía estar teniendo el efecto contrario. Desde el cómodo interior de su lujoso vehiculo último modelo, Dickie podía ver la gran pobreza de la cual el tío Sam culpaba a los mismos pobres, y sí, tal vez algunos eran demasiado perezosos para buscar las oportunidades, pero muchas de las personas que Dickie observaba… no estaba seguro de que era, pero algo le decía que su tío no estaba completamente en lo cierto.
Absorto por su refección, Dickie casi se lleva por delante a una mujer joven que cruzaba la calle, al parecer también un poco distraída. Dickie frenó de manera violenta. La mujer quedó inmóvil frente a la camioneta, sus ojos verde avellana se abrieron como los de un gato asustado, como por instinto puso la mano sobre la parte inferior de su hombro izquierdo, sobre el cual tenía un parche.
En ese momento, una imagen de la noche del asalto llego como el rayo a la mente del joven Dickie; la dama de la media noche, poniendo su mano de exactamente esa misma manera, sobre la herida de bala en la parte inferior de su hombro izquierdo. Dickie quedó perplejo por unos segundos, mirando fijamente a la mujer, hasta que un golpe en el vidrio lateral de su camioneta, lo despertó, o mas bien lo distrajo.
Era una mujer, más o menos anciana, suplicando por unos cuantos centavos, contra todas las advertencias y sermones del tío Sam, Dickie sacó un billete de su bolsillo y sin pensarlo dos veces se lo entregó, en parte por generosidad, pero mas que todo porque quería volver a poner su atención en la misteriosa joven, pero cuando Dickie quiso volver a mirar, ella ya se había ido. Dickie miró para todos lados con ansiedad, pero no lograba verla por ningún lado, los demás vehículos comenzaron a impacientarse y exigirle que se moviera. Al final le tocó resignarse y seguir adelante. Ahora algo mas iba a comenzar a dar vueltas por la cabeza del joven Dickie, de ese día en adelante- a menos que por un golpe de suerte volviese a ver a la misteriosa joven- iba a tener que vivir con la duda, constantemente pensando… “¿Podría haber sido ella?”
FIN
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corregido - ya está, amigo, 1 abrazo
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