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09 Jan 2009
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Línea o modulación

Mi abuelo pez y otras, de Sebastian Vitola
... Que le vas a hecer si naciste
abajo del águila que abre el culo
y no hay paraguas para tanta mierda...





Álgebra

Dos por tres llueve adentro y se multiplica
la tristeza, se divide en cuatro la sombra proyectada
de un logaritmo de carne vísceras y verbo.
La geometría de alguien se extiende, se pliega
calcula los tildes del número negro,
la ventana y su perímetro la ecuación
de la azotea los centímetros del miembro.
Enumera si reirá los lunes, si morirá un jueves
hallando la cuadrada raíz del árbol que crece
en la circunferencia del hombro.
Suma empecinado en restar, suma en el ábaco
de huesos resta números rojos suma caídas.
Dos por tres alguien se acostumbra a morir
hallando el polinomio del infinito monomio
y es lógico calcular la aritmética del pájaro,
la trayectoria del puente la profundidad
de la torre el área del pozo donde tropezamos.
Piensa y razona bebe y respira midiendo
el día que falta, matemáticamente será padre
buen hombre vecino cristiano moral regla
de tres, clavos madera carne que camina
siguiendo sumando restando la falta balanza
la estafa al final de la cuenta.







gasolinera

El combustible que nos damos en la esquina,
la palabra que falta en tu mirada y un farol
lleno de bichos atónitos y perplejos,
es solo un espejismo del espanto.

Dice un amigo que todo lo que brilla duele,
que todo daño del pasado esta más adelante,
que mañana es ayer atragantado en el precipicio
y nos tienta y encandila.

Dice también que el pájaro de barro húmedo
en su nido de hierbas fumada por un viejo
sos vos recostado en el murito de tu casa y los escombros.

El combustible adulterando la vid,
una botella girando en la mano de los monos
y el vino que se traga en la mañana es el milagro
del agua y un pez acribillado en la vereda.

El combustible que nos damos en la cama,
llenar el tanque de hormigas blancas de hormigas.
Nos hace hijos parientes misma sangre,
piedra y humo coágulo y laurel,
nos hace bípedos los callos de la noche
la sarna que nos gusta llorar y hundir el filo.
Nos hace balbucear mover los brazos y entender
sin comprender la rectitud del aire y los puntos
suspensivos sin llenar.









Almanaque

Suponiendo que te vas como llegaste
martes junio treinta y nueve en que vereda
están tus manos,
en cuales pies tu esquina está y en que esquina
tu sombra llora.

Una jaula el placard la azotea tus libros.

Suponiendo que entran las moscas sin permiso
por la desdentada boca por la herida del costado
por la puerta del fondo,
suponiendo que están todos de acuerdo
en que la geometría de un toro viejo y en
el esternón del pavo atómico, proyectil
banal del tiempo están los que alzan la manito
y saludan la sotana,
espantapájaros y cuervos cantan bebiendo maíz.
En que la altura del piso donde salta la esperanza
el honor del indigente la risa del colibrí,
los que andan de alpargata los que andan
moldeando barro con las uñas de los pies
tienen pan y misma hambre,
mismos muertos fusilados sin sueño
está la distancia que nos damos y un océano.

Una jaula el placard  la azotea tus libros.

Suponiendo que vuelves como se fue tu sombra
sábado agosto mil novecientos setenta y algo
de que lado está tu omóplato,
tu ojo marrón tu esqueleto llevándote lejos
al mismo lugar de siempre y duelen
todos los muertos.

Una jaula un placard la azotea tus libros.

Volviendo a suponer dos mil algo odisea
en el espacio abunda la basura
y siguen guerreando los tristes hombres.








Gregorius blatta orientalis

Habla Gregorio y es cucaracha frívolo y nonato espina escucha y cartón, valiente casi
sordo del ojo izquierdo y tose amor por todos los agujeros de la cara. Gregorio despierta llorando sin el crujir de las antenas, esa piel no le combina repitió toda la noche, repitió el ajo eructando cañerías, no hay consuelo dijo, incluso llora. Fuma Gregorio repelentes espirales, viscosas son sus manos mordidas extrañando las cloacas, extrañando el oscuro rincón, tuberías turbias son las venas sus antenas blátidas y su mamá también hinchada
en el desagüe. Gregorio bebe fumigándose del frasco de la abuela teje los sueños en la cama donde muere cada día un centímetro más. Un centímetro más cada día se hunden los pies del cascarudo, hecho hombre horror que pena.










paraguas


Que pensarás  del karma, el hilo de plata
 y la escafandra en el abismo.
Que pensarás de que, que crees en algo
que no sabes como se nombra.
Que tiene pólvora y un abrazo al puto mundo.

Si la canilla funciona bien en casa y en la noche.
Si hay buen olor en la punta de los dedos.

Quien escribirá sobre accidentes,
esos que no vemos ni olvidamos,
lo que duerme al lado y no entendemos.
Si lo que llamamos casa es un nicho
donde nos enterramos lentamente,
porque seguimos creyendo en lo que brilla.
En el disturbio de la raya de la mano,
la orquesta banal, triunfante en la pantalla.

Si de la nevera  caen las calorías y el champú.
Si el koala que apadrinamos nos librara de la culpa.

Que le vas a hecer si naciste
abajo del águila que abre el culo
y no hay paraguas para tanta mierda.








Aeroplano

Canción para un aeroplano que es cartílago
y huesitos proyecto enamorado de la vida
en otro barrio más lejos.
Canción para un aeroplano vuelo tierno
entre las calles mugrientas despacito hay muchas nubes,
nubes te verán crecer sorteando
el bache enjaulado y seguirá creciendo
desde el pie tu sombra hasta el cráneo.
Sorteando calle empinada sin asqueando rascacielos
pinta tu mano rayitas formando ceniceros de luz,
formando agujeros y espacios donde encontrarte
en la noche en la vereda de enfrente.
Friega el pie plano el asfalto la gris baldosa enlutada
manto negro maga noche, la cruz es sólo de estrellas
y hay un sur siempre esperando.
Orgullo de ser sudaca sin complejo sólo amor
sólo ternura sin máscara.
Mientras caigan asteroides gordos del techo cansados
bombo platillo y nuez, merluza fariña en escarcha
el cimarrón y la espuma la hierba y el candelabro.
Canción para un aeroplano serpenteando el plástico
tropezando hay muchas nubes,
tropieza todo tropieza reconoce el hombre
sin ojo sin faro y hay luz para sobra
adentro de los niños, por suerte igual que el árbol
retorcido en el esternón y en el talón una espina
latiendo ceniza y fuego.


Áridos sin pájaros

“ y no llueve en este desierto que inventamos..”
Mabel Valero

En el desierto que inventamos no llueve
pájaros, ni fusilados amigos
no llueve el día que electrocutamos
al crucificado pez sangrando por una branquia.

Inventamos la duna al camello y su turbante,
a la joroba sin agua arena del último cielo.
Inventamos precipicio y más arena abajo
del dedo gordo del pie, otro camello pitando
en el portal hombro y timbre, paralelos
tienen hambre perpendicular al sueño. 

En el desierto que inventamos plantando
piedra y ventisca, coyote del desconsuelo
aguardiente en los ojos y cactus
en la garganta arena y plomo en el aire.

Inventamos la intemperie y es un cine
y no hay refugio ni nido donde parir
otro verso donde enterrar la placenta.
Inventamos un  horizonte infinitamente
cansado y ebrio desde la médula
a los postes del teléfono, desde el principio
a la puerta de emergencia...   y sigue la arena y no llueve pájaros…








Vallejo blues

Anestesiado aire copula en la narina,
en la marina nariz del desconsuelo
en el orificio azul de los pulmones.
Vallejo abre la ventana de mi cuarto
y duele el sol apenas estirar el brazo y duele
el cuarto las cortinas transparentes,
duele la casa, toda su cimiente el ladrillo
atroz de alguien que ya no almuerza.
Vallejo abre la ventana de mi cuarto
y el sol es sol, es un círculo amarillo
un hueso redondo incendiado hombre astroso de fuego,
tiernas muertecitas manchas y el sol
tiene cara de pobre, de estufa de querosén.

Anestesiado oxigeno los insectos
terodáctilos ambiguos del mal tiempo,
los hijos desayunados a vapor que pare un río en París.
Vallejo abre la ventana de mi cuarto
y el árbol duele apenas el viento
duele su cara de obrero, su corteza savia su pinocha
y anida el árbol en un pájaro y es un hombre de madera
doliendo la astilla la rama del jueves.
Vallejo abre la ventana de mi cuarto
y en las claras orejas de su burro peruano del Perú
perdono su tristeza, a la amarilla madre su hermano, también
perdono a su prisión, a su terrible ternura
abril Paris del treinta y ocho triste y azul
emocionado lo abrazo.








Tranquilo y limpio


Si el aire volviese a ser tranquilo, limpio.
Si se llenaran los zapatos de carne nueva,
dos talones de acero sosteniendo un puente entre el cielo y el cielo.
Si el mamífero sólo tuviera la gripe
y no leyera el horóscopo deteniéndose
en el cangrejo que produce la calvicie.

Un pájaro estornuda,
tose el alpiste transgénico
que lo convertirá en caníbal
y nunca sabrá que la jaula está abierta
y en la intemperie hay tierra para todos.
Si las vértebras fueran de madera,
la columna sería un rojo árbol,
un faro en la noche, un astrolabio
calculando el azufre de las estrellas,
un camino de migas para no perdernos.
Siempre hay, arriba de un muerto un ciprés verde,
soberbia que enluta la tarde de melancólica luz.
Si la espera no tuviera tantas agujas ni arena,
los bancos de las plazas no serian tan largos
y las palomas no rapiñarían la viruta de un pan duro.

Salada negra catarata,
atrae  libélulas que pronostican
con su  aleteo el automático llanto
del cielo
que
se cierra.

Un río atraviesa la mejilla,
sordomudo y sin brazos cae quemando la mandíbula,
avisando o recordando que vivimos
en un ascensor sin espejo
que
desciende.









Bolchevique love

Toda el agua que nos queda en el pecho
lloverá más adelante compañera,
lloverá casi en la noche derramando
peces vadeando la utopía.
Somos la grieta que más tose la ternura,
en el áspero día  nido de abrazos,
trinchera invisible entre las balas y el vendaval.
Bastión aguantando el peso, el metal que se oxida
acribillada esquina de amor , giran farolas
revoloteando en el cielo luciérnagas de azufre.

Todo el miedo que ingerimos por las venas
compañera sanará más adelante,
sanará aunque late cicatriz, aunque sea noche
la noche aunque nadie este mirando el cielo.
Somos pájaros humanos vuelo torpe y volvemos a caer
contorsión en las baldosas, extendiendo
los huesos de la mano para mendigar el amor
que se nos debe.

Dale luz a los ojos pálidos y amarillos,
dale luz, tu frente es un sol vivo en la carne
peregrina del misterio.








Una mujer

Una mujer que es mía y no…
porque tiene hambre y sed por si sola,
sencilla sombra los kilos de hermosura
agarrando al fémur, mutándome a caníbal.

Una mujer que es mía y no,
porque tiene su silencio…  su soriasis.

Una mujer que duerme en mi costado
gata ronronea negra y nos miramos 
hundo la balsa y vos das aire.









Mi abuelo pez

El llanto en la azotea secándose al sol,
junto al almanaque amarillo tachado con crucecitas.
Mi abuelo sosteniéndose el esófago,
la septicemia latiendo al lado del perro
que cayó de la escalera.

Un pescado estúpidamente gris,
de ojos estúpidos y redondos parió la espina.
Una espina negra después del pan,
después del vino, entró en silencio
en la mitad de la niñez.
Guardando desde entonces, abejas en el frasquito
del pecho y el caballo del Guernika
desbocándose en la calle.

Ahora mi abuelo desde la casa del fondo
boquea los pinceles que quiero y  sangran.




Sebastian Vitola nace en Montevideo, Uruguay el 17 de Octubre de 1975, nieto de inmigrantes españoles e hijo de la dictadura






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