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27 Jul 2008
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Resistir es crear
Aportes a una estética política
o la política como estética
o resistir es crear

BASTAFUERTE, COLECTIVOEDITORIALA



El miércoles pasado hablamos de un pensar-hacer-sentir la política desde el deseo, no desde el interés interesado o desde la verdad
Se trata de pensar a la política más como un arte que como una ciencia
El arte no trabaja desde parámetros de verdad, sino desde el afecto, la afección. Y lo que produce es afección, no adecuación con la verdad.

No se dice de una obra artística (una melodía, una mixtura de colores en un lienzo o un poema) que está en la verdad, sino que te afecta o no, es decir, que produce pasiones alegres, pasiones tristes o la infinidad de sentimientos que tienen los cuerpos.

Ya hemos hablado aquí que algunos filósofos pensaron a la filosofía como un arte. Es decir, que la actividad de crear conceptos tiene el mismo estatuto que crear una melodía: son creaciones humanas y por lo tanto afectan o no, producen pasiones, pero no se puede decir si están en a verdad puesto que son creaciones humanas de sentido.

Uno de los efectos que puede tener pensar de esta manera a la política y a la filosofía (y en todo caso a todas las acciones humanas) es decir, como creación de sentidos y no como búsqueda y adecuación con la verdad trascendente y no humana, uno de los efectos, digo, de pensarnos de esta manera, es la posibilidad de experimentar.

La política estuvo mucho tiempo ligada a las verdades de la ciencia política y a las posibilidades de lo establecido. Todos quienes intentan pensar otra democracia que la representativa parlamentaria, habrán oído decir:
“Si no es esto qué”
“Hasta ahora no se ha demostrado nada mejor”

Tal vez sea hora de experimentar, de crear otras maneras, en situación, con otros pero ahora, no cuando alguien lo “demuestre”, juntarse con otros y contagiarnos entusiasmo, una rebeldía creativa, que experimenta lo que propone e intenta producir algo inesperado.
Por eso decimos que resistir es crear.

Hace tiempo vivimos en muchos campos (científico, artístico, político, filosófico, moral) la destitución de las verdades abstractas y de os entes fijos, y en algunos casos se dio paso a una concepción del mundo como devenir, como aparente, es decir: muchos mundos y no un mundo verdadero.

Pero la fe en la verdad y la valoración de la voluntad de verdad como el impulso vital más propio de los humanos por sobre el deseo de crear es una valoración cuyo fundamento es mayoritaria, pues posee una voluntad de dominación.

Creo que en un sentido muy diferente están creando los indígenas zapatistas del sureste mejicano, como tantos otros, que buscan contagiar con sus experiencias y no “convencer”. La propuesta es: “inventen ustedes su propio modo de organizarse y de resistir, nosotros mostramos que se puede. No sumemos ni restemos, multipliquemos la multiplicidad de experiencias nuevas. Convivamos muchos mundos.

Esto es una ética de las minorías, una ética de la amistad.
A inventar.


Lo que pueden los cuerpos...

 Hablamos la semana pasada en medio de las posibilidades de un pensar-hacer-sentir la política como un arte. Una estética política, o muchas. No se trata de estar en la verdad sino de devenir políticamente artistas, verdaderamente creativos.

 Ahora saquemos el arte del medio y pongámonos a nosotros: todos los días (o casi) tenemos que producirle sentidos a nuestras vidas y, así con muchos sentidos, andamos creando una amistad y recorridos y palabras y un gusto, porque todo eso lo creamos y, a veces, lo creemos.

 Pero en las invenciones más institucionalizadas funciona también el poder y lo que el poder nos propone es estar en su verdad, ser esclavos de la voluntad de verdad. Pero acá decimos que nuestras maneras no están impulsadas por el poder y su voluntad de estar en la verdad sino con la potencia y la voluntad de crear.

 La potencia es el poder de los cuerpos y se multiplica la potencia cuando la multitud se reúne como multitud. El poder impone jerarquías que, sean ocupadas por quien sea, inhiben la potencia de la multitud y de los cuerpos cuando se ponen a inventar.

 Pero ¿qué es lo que pueden los cuerpos? No lo sabemos. Siempre estamos en busca de lo que pueden los cuerpos. Y siempre vemos que pueden más, pero no en un sólo sentido, sino que siempre pueden abrir nuevos sentidos, no hacer evolucionar y sumar en una dirección, sino devenir y multiplicar.

 Por eso soñábamos la semana pasada que si podemos pensar-hacer-sentir a la política fuera de la verdad, pero verdaderamente creativa, y no sabemos lo que pueden los cuerpos y mucho menos cuando se reúnen y deciden juntos, podemos entonces empezar a EXPERIMENTAR.

 Pensemos en los días 19 y 20 de diciembre del 2001. ¿Quién habrá salido con la cacerola? Yo no lo sé pero no creo que se le haya cruzado por la cabeza lo que su cuerpo podía. Y no sé si alguien habrá pensado lo que podían esos cuerpos haciendo una multitud harta, festiva, burlona. Y no sabían los fogoneros de Cutral Co o Tartagal lo que sus cuerpos haciendo una multitud en una ruta y decidiendo defender su dignidad habían inventado. Porque las invenciones de una multitud, cuando son a favor de la vida y la dignidad, contagian y afectan a otros cuerpos y, mientras mantienen su potencia creativa y no se establecen los mismos poderes castrantes de siempre, esas invenciones, pueden ser donadas a cualquiera.

 En eso está nuestro optimismo: no sabemos lo que pueden los cuerpos.

 
7 de octubre – nuestro optimismo

Somos muy optimistas. Y no porque tengamos datos de un mundo bellísimo que está por venir; tampoco porque tengamos simplemente fe en que vendrá; ni porque haya alguien que la tenga más clara y la pinte para nosotros; ni mucho menos porque se estén haciendo las cosas bien o como nosotros quisiéramos.

Somos optimistas por todo lo contrario.

 No tenemos ninguna certeza ni datos de algún mundo que debería ser este pero no es.

 Creemos los optimistas del mundo, que si es posible un mundo más alegre debemos volver a crear, como lo hemos hecho antes.

Es, el mundo de los optimistas, un mundo de muchos mundos, estalla el mundo en muchos mundos.

No tenemos ni idea de lo que viene, pero sí deseo, y no es otra cosa que el deseo lo que inventa las ideas.

Y nadie la tiene más clara, aunque sí nos la puede pintar, cualquiera la puede pintar, porque como dijimos una vez, el arte es una creación singular que nos afecta y nos hace actuar o no, pero no impone.

La semana pasada pensamos, hicimos y sentimos que no sabemos lo que pueden los cuerpos, que siempre nos sorprenden mostrando un poder nuevo. Que alguien salió con la cacerola esa noche y otro cortó una ruta una vez y otro que es de estas tierras se alzó un día con otros hijos de la tierra y alguna propuso una asamblea en la plaza del barrio y muchas ocuparon la fábrica con sus cuerpos. Nadie, creo, sabía lo que podía hacer su cuerpo y menos lo que con otros cuerpos podían hacer.

Eso es conquistar un poder, lo que los cuerpos de la multitud pudieron hacer se convierte en un poder que le pertenece. Ahora saben que esto pueden hacerlo.

Pero ese nuevo poder le muestra a la multitud que puede siempre más de lo que sabe, que no se tiene que confiar tanto de lo que sabe y experimentar más. Le muestra además, que si se reúne puede más, pero si es una la voluntad que se realiza pierde poder, aunque la voluntad sea la del pueblo.

Y lo más importante para los optimistas, es que ese nuevo poder se nos contagió. Lo que hacen los cuerpos en algún lugar nunca se sabe a quién pueda contagiar de entusiasmo. Lo que hacemos los optimistas es tratar de pensar, hacer y sentir de otras maneras que las mayoritarias, que ya no alegran a nadie. Buscamos que otras y otros sepan en lo que estamos y se contagien de rebeldía y creatividad, para que el mundo de muchos mundos sea un poder que estamos construyendo. Muchas y muchos están mostrando que pueden, y muchas y muchos nos contagiamos de su optimismo


BASTAFUERTE, COLECTIVOEDITORIALA
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