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07 Aug 2008
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De la lucha sindical y obrera a finales del siglo veinte, comienzos del ventiuno
Conceptos generales que no entiendo, se amontonan uno a uno frente a la puerta de mi reserva en el infierno.
Y el cartero de la soledad - Sociedad Limitada - va firmando por mí los recibos que han de presentarse al gran empresario de la existencia, al gran señor neoliberal, que me tiene en nómina y eso le da derecho a expoliarme la vida.
Mientras que los camaradas del sindicato venden mi puesto vacante, quizás a algún desgraciado con nuevasviejas ideas por la cabeza.
Claro que la debilidad en mi entereza contribuirá a que me desespere en la construcción del socialismo de mi entorno.
Y como tantas veces se repite a lo largo de la historia, los analistas y eruditos filosofarán sobre si mi lucha es acorde con los principios marxistas o por el contrario no soy más que otro militante de la puta base, de la puta existencia.
Aunque no sea esto lo peor, que aún está por llegar, sino que sirva para que cuatro salvapatrias iluminados abran debate sobre la significación de palabras ¡que ni siquiera guardan armonía!.
Claro que no la guardan, porque forman una rima macabra como la vida.
Las leerán al revés, de derecha a izquierda, hacia arriba, y/o en arameo.
Y los congresos que surjan de sus disquisiciones servirán para amargarme un poco más, …sí, si cabe, la puta existencia.
[quién dijo, si es que alguien alguna vez lo hizo, que la poesía sean bellos versos encadenados]
Tornasol
Envuélveme un regalo en tus bragas, chata, cándida luz del candelero.
Regálame un tornasol pintado de tus labios cándidos.
No seas tan rácana de pasión, entrégame algo profundo, insondable, preciado valle o encantada taberna, dónde saciar de sudores de sedes malas consejeras.
Sé espléndida, muéstrame tus bondades, que sólo quiero ver luces, redes de colores sobre los cielos.
Los cálidos mensajes de nuestros ojos entrecruzándose en las marañas de las incertidumbres.
Y tu mirada tornada, tus párpados, salvajes ventisqueros.
Tu dulce reclamo, lujurioso sonajero.
Agazapada en las cumbres de las nubes, observas las encrucijadas de los bellos objetos. De tus alter egos. De tu pálida mirada, la tranquilidad recogida de las dudas planteadas. De la sana belleza y de puros y siempre bellos objetos. Los verdaderos emblemas de la existencia. Sentada en tu pedestal de inocencia. De verdad comprimida, rota la esencia de la mentira. Sin suerte coagulada, la única presencia requerida, de tu no me faltes mi vida.
Daviz
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