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27 Jul 2008
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Valor agregado, Elsa Calzetta |
Elsa Calzetta
I Mi corazón descalzo Tropieza con follajes y puertos. Esta mañana le dio un susto enorme a una luna salada.
Hay que poner más atención, le digo, pero sus caprichos se dispersan pero contagia sus caprichos a mi casa que ahora saca los retratos de sus marcos y enciende lámparas con sombras de palomas y de gatos.
Las ventanas me espían con ojos de puentes levadizos. Y como si fuera poco en el limonero se posó un velerito empeñado en que le haga cosquillas en el lomo. Qué es esto, me pregunto, de andar sembrando caracolas en pleno día.
II Y aunque amaneció lloviendo a mares se desbandaron los barcos sin respetar la hora de la siesta. Un bote saltó sobre las ramas y casi infarta al limonero. Las veletas se hicieron cruces para recordar su norte, pero nada detuvo la estampida, y a mitad del aguacero los pañuelos se hicieron a la mar. Un suspiro sacrificó su día libre para convidar mazapán a los vencidos.
Hay días en que mi patio parece incorregible. Elsa Calzetta
Hay una pena larga como vía láctea, que tiene mapas y ciudades por fundar.
Los puentes que dan al sur saltan de memoria en memoria y los del norte crujen, como muebles en la oscuridad.
Es una pena semejante a una mujer cayendo en el abismo.
Nosotras alcanzamos el humus de la noche donde el mar encalla y habitan los lobos.
Nosotras, madriguera y parto. El amor. Piel y deseo. Centro, nosotras. Alertas nuestros cuerpos inauguran el latido. Somos la estirpe del mundo, la fundación primera, el origen.
Antes me maten que resignar mi loca piel de loba. Sin mis fauces no encuentro almohada donde reclinar mi corazón.
Errante y al acecho nuestro olfato señala la guarida. Nosotras, el salvaje amor de los oficios y los días. Todas las llaves.
Descubiertos los misterio el mundo cabalga sobre ancas de mujer. Desbocada boca, mujer, tu boca. Desabotonada loba.
Nacemos del fuego, de la noche, del primer olivo.
Pase lo que pase tengo mi tristeza. Está domesticada y pide salir fuera cuando le vienen ganas de pi pí.
También conservo fuegos con hilvanes de mar, en la punta más alta de la mañana, como el que protegen las señoras de las vasijas cocidas.
La luna no se da por enterada y aunque la nostalgia aúlle a orilla de los puertos y yo planche los abismos y las hojas del naranjo, ella sigue perdida en los zaguanes de la noche o juega con los sueños cuando todos duermen.
VALOR AGREGADO A veces ni yo puedo creer todas las cosas que he ido amontonando. Algunas, heredadas como el reloj de pared, el frasco para dulce, las dos copas de cristal, el posillo de porcelana con florcitas rosas. Otras las conquisté con prudentes galanteos o cayeron a mis manos como hojas en otoño o postales con sellos y nombres de rostros amados. Sin discreción convirtieron mi casa, en un depósito de objetos incunables. Reconozco sus olores y puedo distinguir al tacto sus recuerdos: aquí el primer beso, en ésta, la mano que escribía tarjetas a la novia que después fue mi abuela, en aquella, el poema marinero de quien en algún puerto destejió el regreso. Chillan si las paso por alto o lamen mi mano exigiendo una caricia. No las lustro, ni les quito el polvo, ni les concedo ninguna preferencia, porque cuando muera, por una causa justa, espero, nadie se hará cargo de ellas, he decidido que no son mías, sino de todos, con la ilusión de que por fin hayamos roto con el asunto de la propiedad privada. Ellas me siguen de cerca y como las buenas intenciones no ocupan lugar. Por las noches mantienen fuegos encendidos para ahuyentar la soledad.
Elsa Calzetta
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felicitaciones - que hermoso trabajo,...
Bela Poesia - Poesia caudalosa, densa...
Varas de medir - Veo que te subleva l...
ay! - que experimento raro que es el ...
gracies - muchas gracias Diego, eso i...