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13 Oct 2008
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Vendo sonrisas de perra

Mi mundo, NO es el mundo.
Mis valores, NO son los valores del mundo
Mis sueños...
se los ha tragado el mundo.



Vendo sonrisas de perro, tres a veinte duros.

femefatal


Soy esfervescente,
no intentes
hablar de silencio en presencia del agua;
soy fluorescente,
no intentes
apagando la luz, mitigar mi brillo;
estoy incandescente,
no intentes
sin guantes ignífugos, huir de ampollas.

Soy un preso sin cadenas,
una máquina del tiempo estropeada,
soy un año esperando a que florezcas,
soy un rótulo en la puerta trasera de aquel pub de alterne;
soy un indicio de muerte prematura,
un ábaco con bolas de mercurio,
un estuche de veneno sin etiquetar,
en el mar solidificada, una lágrima de fuego,
soy la muerte del deseo ciego
y el nacimiento de las alas vírgenes al viento,
soy un cuento sin princesa
y una princesa sin cuento.


20/09/03

Ya tengo otra mañana que me espera
el miedo tras la esquina
y llega el viento, hablando de pintura,
de caricias vertidas en un cuenco.
No voy a hablar de lo que por tí siento,
no quiero, por ahora más palabras
que a ningún pensamiento encadenen mi alma .
Es un acto de fé, no lo neguemos
el atarnos a con mechas ardiendo las muñecas,
y sin decirme nada hiciste en un momento
que olvidase que toda mi fé ya estaba rota.
Perdona, soy pequeña, no sabía
que rasgando tu piel, dejaría mordeduras en tu alma;
ni alcancé a comprender hasta que fué evidente
que rompiendo tus esquemas caerías en los míos.
No importa, estoy dispuesta
a arroparte entre espinas si me dejas,
sumas y restas eternas se me antojan
productos negativos, adiciones externas
y entre las piernas una gota de vino
que resbala y tú bebes sin prever
que no eres precabido, y yo no soy eterna.
No importan espacios ni formas definidas
solo atañe lo que tengo y lo que falta
en esta oscura cómoda de cajones roidos
donde guardo los hilos que mueven mi existencia,
las mechas que nos atan los pies y las muñecas
y nos dejan mirarnos sin escuchar conciencias.
No sé ni lo que digo, te pido una disculpa
por estrechar mi mano frente a un espejo roto
que amenaza con cortarme y dejar fluir
una vez más, mi esencia.


06/10/03

He recogido las estrellas
que se cayeron del cielo
y frías,
ya medio muertas,
lloraban piedras que fueron chispas.

Están metidas en una cesta
de recio mimbre, donde las dejo
que recuperen, unas con otras,
aquella llama que brillantes las hacía.

No estoy pidiendo que me las cuiden,
ni estoy pidiendo a nadie que me traiga
pinturas de colores para reparar daño.
No estoy buscando ninguna manta
hecha de retales, que, mal cosida
deje pasar la escarcha por las rendijas.

Solo te pido que no derrames
la luz de estrellas que estoy guardando
alimentandolas, poco a poco,
con finos hilos de fantasía;
solo te pido que mientras miras
con ojos fríos no desparrames por las esquinas
el tiempo y el amor con que cuidadosamente las unjo de vida.



¿Hasta qué punto le importa
al sol cuando duerme yacer bajo mi lecho ?
Dime,
¿cuánto le preocupa arder
en lo más profundo de mi pecho?
¿Acaso tú sabes
si en cada caricia se destiñe el día?
¿o si en mi mirada tiene,
suave y protectora, su guarida?
¿Eres tú quien dice
si llora de noche, secando sus rayos?
¿o si escucha tras la puerta cómo nos miramos?
Cuando el día se vaya, ¿vas a contestarme?
¿o me he de quemar intentando saciarme?

Hola, clon de la alegría
¿puedes venir a buscarme?
¿Sabes? Maldigo los dias
que te esperé y no llegaste.
Pero te agradezco tanto
esos en los que mirarte
me quitaba de ver todo
lo que amaba y te llevaste...
Dime, clon del buen consuelo,
¿eres tú el que ha de salvarme?
¿o siempre seré consciente
de que eres solo el gaznate
de quien succiona mis sueños
y me lleva a disparates?



Benévolas campanas que componen
el suelo en que me muevo indiferente,
urdiendo elementales mecanismos
dotados de incontables desniveles.

Trescientos gigantescos y elegantes
señores ofreciéndote cordeles
para que amarres los tiempos que te queden
y planifiques las miradas pasionales
encaminándolas por sustanciales rieles.

Insistentes filamentos asentados
en cámaras del panal de tus miedos,
sujetos por el peso de los años
resurgen de un sistema indivisible
que se deduce quebrantable a veces
en ilusorios capitulos violados
por los presuntuosos movimientos
de quien sobradamente y de antemano
saborea, sabrosa, tu derrota.

Un sistema sinuoso y despiadado
que sustenta a la reina del obsceno
avispero donde el recelo habita
y alimenta a sus hijos con sueños que algún día
con esmero robó de tu sombrero.


26/10/03

Escaleras de colores descompuestas
entre los barrotes de oscuros tesoros
que me cantan vientos arenosos, cálidos,
y arrastran lascivas cartas asesinas.

Los párpados huelen a viajes, a tiempo
que empieza y termina y no espera por nada;
la cabeza cambia viñetas por cuadros,
y las manos guardan recuerdos tallados.

Escuecen los dedos del frío que estalla
entre las virutas de ausencia incrustada.
La sal no me ayuda a mirar hacia arriba,
y el margen me impide sustituir el aire.

Dime, ¿me concedes este baile?


29/10/03

Los ojos abiertos frente a aquel cristal de la melancolía
donde tus miedos revoloteaban y te susurraban "ven, ten confianza".

Los ojos cerrados frente a espejo viejo en el que te veías
cuando, aún inocente, virgen del caótico destierro, creías en hadas
y no reparabas más que en las palabras de quien tú pensabas digno de tus
mañas.

Los ojos abajo cuando paseabas junto al parque aquél
que un par de veces cruzaste llorando por chiquillerías que a nadie
importaban
más que a tí y tu ego
(quizá a algun poeta que en tí se inspiraba).

Los ojos girados y puestos en blanco cuando ya tu cuerpo,
extasiado y casi roto, suplicaba el fin de toda la agonía
que le estabas dando mientras le vendías
frutos secos que serían pasaporte al cielo,
(jamás le avisaste que granizarían cagadas de mosca).

Los ojos tapados por un fino velo que distorsionaba
lo que frente a tí se posaba dispuesto a disparar venganza
o a rasgar con tiento los restos de sal que dañaban tu frente intentando
sanarla,
y tú tan dispuesto pues no te importaba cómo era la herida
tan solo forjar pegatinas de heno en el que revolcarte como aquellos dias.

Los ojos sacados y mandados en conserva con paquete urgente
al piloto a marte que queria golosinas para el largo, largo camino.


04/11/03

Una cosa, dos cosas, tres cosas...
no hablo de sentimientos,
ni de emociones.
Hablo de amigas que se dejan pantalones,
hablo de chaquetones,
hablo de risas detrás de los colchones.
Hablo de ganas de sonreir a oscuras,
de amarguras
difusas en las manos,
de las cabalgaduras.

Hablo de niños ciegos,
de perros
perdidos en la noche,
entre cien mil lamentos.
Hablo de tiempo muerto
que a nadie le interesa,
de mantener la presa que sujeta la mesa
del suelo en el que bebes,
y de los cascabeles
que suenan en tu pelo.
Hablo del caramelo
que robaste a su boca la otra noche,
hablo de aquel reproche
que te callaste por no asustar al gato;
hablo de un reprimido asesinato
y de un sueño tirado en la cocina.
Hablo de la piscina
a la que te tiras cuando nadie te mira.

Hablo de despropósitos dispuestos
por las líneas del cuaderno que compraste ayer nuevo,
hablo de música saliendo
corriendo por balcones
y de migas llevadas por el viento.

Hablo de una botella de Fontvella
rellena con cacique,
hablo de alguna noche
cortada con cuchillo en mil pedazos,
hablo de cañonazos
al inmenso vacío,
hablo de un río bobo
que discurre hacia atrás
en vez de hacia delante,
hablo de amor los días de levante,
hablo de travesías
y de odio corrompiendo la ternura.

Hablo de hablar a veces,
y del resto bordarlo con silencios.


08/11/03


Siempre los mismos estúpidos lunares
sobre la pálida piel rayando el cuerpo,
evaporándose van las tentaciones
y caen las guias brillantes de un porrazo.

No calla el viento si pasa levemente,
ni te subsana los latidos aquél vaso
donde el hirlo va cambiando de sentido.

Láminas te presentan a ese niño
que nunca aprende a decir cielo sin estrellas,
y los pilares de vibrantes espejismos
se cuelan líquidos entre la tierra seca.

La superficie de tus dedos sueña ideas
llenas de tiento pero faltas de señales
que diligentes te acerquen presto al camino.

Si son más rápidos no captan la salida
más luminosa y que calla a las vecinas.




El caso es que sus caras vibraban como antorchas, y cuando fibrilaba, nadie
visitaba a su mal amada madre. Sólo los cortesanos se preguntaban si ella,
siempre tan dispuesta, violaba a veces el estado oportuno. Y lo cierto era
que sí, pero todo estaba siempre tan bien disfrazado de rosa y malva, que
las gentes no eran capaces de hacerse conscientes de ello, dejaban
transcurrir los días entre maíz y fresas que jamás llegarían a comer.
El sol brillaba más fuerte ése dia. Nadie comprendía qué estaba ocurriendo,
solo la vieron correr en camisón, gritando como una loca calle abajo y
derramando lágrimas de plata. Iban rodando por su rostro hasta llegar al
suelo, entonces se convertían en bolitas de plata pura que los más atrevidos
recogían sin alcanzar a entender de dónde venían. Un niño, de unos 4 años,
tomó una, y con la inocencia infantil de quien no ha llevado en sus hombros
la carga de un ataud, la introdujo en su boca creyéndola un dulce. Su
primera reacción ante tan amargo sabor fue escupirla, ante los ojos de la
madre que, horrorizada, veía salir espuma amarilla entre las babas del
pequeño. Al momento, dejó de llorar. Sus ojos brillaban y una risilla
infantil resbaladiza se dibujó en su rostro y, cantando, fue a buscar sus
papeles para hacer un dibujo.
Ella seguía corriendo calle abajo, con el sol sobre sus hombros y los bajos
del vestido lleno de rastrojos que se le iban pegando por el camino. Los
pies llenos de tierra golpeaban el firme como si fueran a quedarse allí
estancados, y entonces, en una milésima de segundo, se despegaban para dar
paso al otro. Pasadas las casas del poblado, la vegetación se iba haciendo
más frondosa, y las piedrecillas más abundantes, aunque eso no parecía
importunarla. Solo corría y lloraba gotitas de plata, mientras en su pelo se
iban formando nudos entre los que caían hojas de los árboles.
Cuando llegó al árbol que durante su infancia tantas veces le había acunado,
se acurrucó en el hueco y allí dejó caer el peso de todos los cuentos que
había creído.
A la mañana siguiente la luz que se filtraba entre las cortinas la despertó.
Estaba en su cama, la habían duchado y aseado y su piel volvía a desprender
ese aroma que tanto agradaba a su padre. Antes de ir a clases del idioma del
pueblo vecino, garabateó en un papel que más tarde dejaría sobre la mesa del
comedor:

„Encogí la nariz como cuando tenía 5 años y sonreía. Muchas canciones, y
polvo. ¡Achís! No recuerdo cuando empecé a sentir esta especie de nudo en el
pecho, como si se me encogiera el alma en el punto de equilibrio del que mi
cuerpo pendiera, y a partir del cual caminar solo fuera el resultado de ir
flotando mientras mis piernas se movieran por inercia. No es cuestión de
darle un sentido concreto o un papel principal en esta obra al asunto, pero
en dias como aquel todas las canciones parecían tener más significado, más
profundidad, ser más intensas, tener más sentimiento, más .... Lo cierto es
que llamar a las cosas por su nombre era divertido mientras todo el mundo
fuera capaz de comprenderlo. Ahora, arriba... abajo... arriba... abajo....
mirarlo todo como si nunca lo hubieras visto y mancharte los dedos de
regaliz, eso era otra historia, más divertida, sí, pero más peligrosa. No
deberiamos subestimar el poder de los sueños, cuando dicen que la fé mueve
montañas, nadie ha inventado nada, os lo aseguro. Solo es que a veces... una
se cansa. No importa de qué ni porqué, sólo se cansa y necesita gritar y
sentirse completamente libre. Siento no gozar de oportunidades para
descargar el depósito de los sueños rotos, es cierto que nada importa pero
la ilusión es un motivo para seguir adelante que en mi vida no existe. Sé
que debo hacerlo y lo haré, pero no os asusteis si a veces veis gotitas
plateadas en el camino, quizá podais venderlas o haceros un collar, a mí me
pesan aquí dentro. „

Cuando salió a su paseo de las seis, todo el mundo por la calle actuaba como
si nada hubiera pasado. Al paso, una niña, sonriendo, le mostró a lo lejos
su colgante: una lágrima de plata traspasada por un hilito negro. Ella se
acercó, le acarició el pelo y la besó en la frente.




femefatal.

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