¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según qué periódico lea, pueden ser gamberros “sin nada que hacer” o parte de una siniestra “multinacional del terror”. Pero hay algo más siniestro: además de sembrar la destrucción, los manifestantes “usan internet”. ¿Qué clase de criatura surgida de los abismos se encuentra bajo la capucha? Tras el estallido social en Grecia, y como si se tratase de una película de Spiderman, la prensa de masas ha puesto en marcha su maquinaria deductiva para averiguar la verdadera identidad de los “antisistema”, una palabra que conviene pronunciar con un efecto de truenos y relámpagos. Continúa

