Cajas
Cajas de pensamiento
Germán Machado: Hendiduras
Germán Machado: Hendiduras (Montevideo, 2004), con prólogo de Luis Bravo
(Manual de Lecturas Rápidas para la Supervivencia) 15-02-2007
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Previa traición
por Luis Bravo
La poesía resultante de Hendiduras es de esas que cuando el lector cree
haberla cercado, se escabulle hacia un sitio que reclama una nueva expedición. Su
topografía está surcada de huecos --de significaciones-- que no se detectan a
primera vista; luego, éstos se abren, sigilosos, diminutos, en "precipicios del
lenguaje".
Cinco secciones estructuran la lectura con estrofas que separan y a la vez
dan continuidad al discurso. Esa continuidad está dada desde que cada poema abre
con minúscula, con prescindencia de puntos finales entre los textos, y desde que
ha dejado a los versos sostenidos en su propio columpio rítmico apartándose del
hoy tan frecuente "verso" que no es más que prosa cortada.
En lo compositivo, el trabajo del poeta apuesta a un equilibrio entre
sonoridad y significación. Son muchas las señales que apuntan a un rescate del
rigor formal (siempre es más fácil despreciarlo por prejuicio o para despistar
carencias), de allí la sentencia con que abre la segunda sección: "La severidad
puede ser bella / que la belleza sea severa". Pronunciamiento estético que esta
poesía se exige, para empezar, a sí misma. A la vez, esa autoexigencia queda tan
expuesta como parodiada en el "Memorando" que da paso a la tercera sección:
"acordarme mañana de escribir un poema/ que supere los que he escrito hasta
hoy/ y me ayude a olvidarlos".
Además de tales marcas metalingüísticas --hendiduras del propio
código-- estos poemas descarna lo anecdótico hacia reflexivo llevando los
referentes incluso hasta el límite de la incógnita. El discurso es más conceptual
que visualista, y de allí que le sean propias la paradoja, la antítesis, el oxímoron.
En ese sentido, la antinomia movimiento / inmovilidad está muy presente:
las naves van surcando el marrón del estuario
nadie llega ni parte
el mal es milenario
Así, ese "inmovilismo" aproxima una cala en lo identitario a contramarcha
del surcar de las naves, pues la negación de movimiento no es física sino de otra
índole: moral o económica en el mal, mientras lo milenario se debate entre el mito
y la historia.
El factor "tiempo", enunciado desde el epígrafe de Cesare Pavese ("Todo
lo que tocan se convierte en tiempo"), reafirma la antinomia:
en un bucle de tiempo todo vuelve
y todo está perdido
También en ese trompo que gira sobre sí mismo:
las horas traen
un círculo infinito
peonzas ciertas
A su vez, esta "entrampada" temporalidad que gira sin moverse, tensiona
la dicotomía espera / esperanza, la que se percibe como suspendida "en medio del
relato" que, si bien avanza, padece los condicionamientos de la detención. Son
muchas las paradojas ante las cuales el lector se ve obligado a transitar de adelante
para atrás, el campo de lectura.
Dos poemas ("Odiseo" y "Nunca y siempre") destacan en la doblez de lo
ambivalente. Allí se lee esa "escritura en clave" del bastón del ciego que trastoca
el "nunca" en promesa, y el "siempre" en mentira. Allí está la osadía de Odiseo
("nudo en el cabo/ atado al infinito") ese marido siempre viajero, ese aventurero
siempre de regreso al lar.
En fin, en esta poesía se hace patente una desgarradura que se estructura
desde el hilo hormigueante de los signos que la sintaxis asume.
Están ahí, de suyo, las contracorrientes desafiantes de la búsqueda poética:
"el canto/ el olvido"; la "divina suciedad/ el canto inefable", lo que transita y pasa,
lo que acaso quede como huella.
En el último verso del libro ("si no decimos nada") asoma ese doble filo
entre la suspensión del enunciado --íntimo mutis por el foro--, o ese decirse
desde una "palabra que valga" ante el "zumbido de motores letales".
Como dice la poeta chilena Verónica Zondek: "toda hendidura es una
invitación". Aquí la invitación está servida desde la secuencia que abre en clave el
texto todo: "Las palabras son hendiduras en la tierra segada/ los mitos tajos
hondos/ el silencio cicatrices olvidadas", he allí las capas que sedimentan esta
voz.
Sobre el cuerpo indomable del lenguaje, Germán Machado expone, surcos
arriba, unas raíces que dan al subterráneo de los mitos, aquí hondamente referidos.
Tierra cultivada por palabra laboriosa que el silencio abona con
cuerpo arraigado / lenguaje
hendido sedimento.
Que sea, entonces, a dos puntas la cosecha: lector, poeta
I
tres veces se ha ido
tres veces la esperamos
¿por qué lo ha hecho?
--dinos--
tentar nuestro destino
y dejarnos
en medio del relato
II
aún conservan los colores
del cielo bajo el cual yacían
aquel azul cobalto
de la carne
un púrpura sangriento
de la tierra
el ocre de un abrazo
del sol
seminal en trigales
los amantes
III
han violentado el hogar
y ya no penan con la muerte
al que tala los árboles
las ramas
los troncos
las raíces
arrancadas de cuajo
las piernas
las manos
sus miradas
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(Manual de Lecturas Rápidas para la Supervivencia) 15-02-2007
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Previa traición
por Luis Bravo
La poesía resultante de Hendiduras es de esas que cuando el lector cree
haberla cercado, se escabulle hacia un sitio que reclama una nueva expedición. Su
topografía está surcada de huecos --de significaciones-- que no se detectan a
primera vista; luego, éstos se abren, sigilosos, diminutos, en "precipicios del
lenguaje".
Cinco secciones estructuran la lectura con estrofas que separan y a la vez
dan continuidad al discurso. Esa continuidad está dada desde que cada poema abre
con minúscula, con prescindencia de puntos finales entre los textos, y desde que
ha dejado a los versos sostenidos en su propio columpio rítmico apartándose del
hoy tan frecuente "verso" que no es más que prosa cortada.
En lo compositivo, el trabajo del poeta apuesta a un equilibrio entre
sonoridad y significación. Son muchas las señales que apuntan a un rescate del
rigor formal (siempre es más fácil despreciarlo por prejuicio o para despistar
carencias), de allí la sentencia con que abre la segunda sección: "La severidad
puede ser bella / que la belleza sea severa". Pronunciamiento estético que esta
poesía se exige, para empezar, a sí misma. A la vez, esa autoexigencia queda tan
expuesta como parodiada en el "Memorando" que da paso a la tercera sección:
"acordarme mañana de escribir un poema/ que supere los que he escrito hasta
hoy/ y me ayude a olvidarlos".
Además de tales marcas metalingüísticas --hendiduras del propio
código-- estos poemas descarna lo anecdótico hacia reflexivo llevando los
referentes incluso hasta el límite de la incógnita. El discurso es más conceptual
que visualista, y de allí que le sean propias la paradoja, la antítesis, el oxímoron.
En ese sentido, la antinomia movimiento / inmovilidad está muy presente:
las naves van surcando el marrón del estuario
nadie llega ni parte
el mal es milenario
Así, ese "inmovilismo" aproxima una cala en lo identitario a contramarcha
del surcar de las naves, pues la negación de movimiento no es física sino de otra
índole: moral o económica en el mal, mientras lo milenario se debate entre el mito
y la historia.
El factor "tiempo", enunciado desde el epígrafe de Cesare Pavese ("Todo
lo que tocan se convierte en tiempo"), reafirma la antinomia:
en un bucle de tiempo todo vuelve
y todo está perdido
También en ese trompo que gira sobre sí mismo:
las horas traen
un círculo infinito
peonzas ciertas
A su vez, esta "entrampada" temporalidad que gira sin moverse, tensiona
la dicotomía espera / esperanza, la que se percibe como suspendida "en medio del
relato" que, si bien avanza, padece los condicionamientos de la detención. Son
muchas las paradojas ante las cuales el lector se ve obligado a transitar de adelante
para atrás, el campo de lectura.
Dos poemas ("Odiseo" y "Nunca y siempre") destacan en la doblez de lo
ambivalente. Allí se lee esa "escritura en clave" del bastón del ciego que trastoca
el "nunca" en promesa, y el "siempre" en mentira. Allí está la osadía de Odiseo
("nudo en el cabo/ atado al infinito") ese marido siempre viajero, ese aventurero
siempre de regreso al lar.
En fin, en esta poesía se hace patente una desgarradura que se estructura
desde el hilo hormigueante de los signos que la sintaxis asume.
Están ahí, de suyo, las contracorrientes desafiantes de la búsqueda poética:
"el canto/ el olvido"; la "divina suciedad/ el canto inefable", lo que transita y pasa,
lo que acaso quede como huella.
En el último verso del libro ("si no decimos nada") asoma ese doble filo
entre la suspensión del enunciado --íntimo mutis por el foro--, o ese decirse
desde una "palabra que valga" ante el "zumbido de motores letales".
Como dice la poeta chilena Verónica Zondek: "toda hendidura es una
invitación". Aquí la invitación está servida desde la secuencia que abre en clave el
texto todo: "Las palabras son hendiduras en la tierra segada/ los mitos tajos
hondos/ el silencio cicatrices olvidadas", he allí las capas que sedimentan esta
voz.
Sobre el cuerpo indomable del lenguaje, Germán Machado expone, surcos
arriba, unas raíces que dan al subterráneo de los mitos, aquí hondamente referidos.
Tierra cultivada por palabra laboriosa que el silencio abona con
cuerpo arraigado / lenguaje
hendido sedimento.
Que sea, entonces, a dos puntas la cosecha: lector, poeta
I
tres veces se ha ido
tres veces la esperamos
¿por qué lo ha hecho?
--dinos--
tentar nuestro destino
y dejarnos
en medio del relato
II
aún conservan los colores
del cielo bajo el cual yacían
aquel azul cobalto
de la carne
un púrpura sangriento
de la tierra
el ocre de un abrazo
del sol
seminal en trigales
los amantes
III
han violentado el hogar
y ya no penan con la muerte
al que tala los árboles
las ramas
los troncos
las raíces
arrancadas de cuajo
las piernas
las manos
sus miradas
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