pintadaps
LunesMayo21 ,2012
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Ha sido visto, manuel uviedo

A primera hora de la tarde ha sido visto
según informan las agencias,
según se escucha en las reuniones
de padres,
en el cruce de la entrada del mercado
y en la calle de las tiendas.




Era él.



Siete equipos desplazados

al lugar o lugares de los hechos

reproducen la crónica directa:

relato de testigos presenciales,

informe de peritos especiales,

imágenes de archivos policiales,

difusas fotos ya rehusadas

por familiares solos como el frío

de una cuidada escalera.



Que era él se supo de inmediato

por la forma de sus pasos,

su silencio inobediente

y esa calma en la palabra.



Ocurrió sin más, sin razón y sin temor,

sin conocerse,

como suceden ciertas cosas bellas

en las estaciones y en los sueños:

un desmayo interior,

un gesto proyectado, apenas receptor

y apenas indolente,

pequeño impulso en hombro de padre firme,

afecto recogido de los mares y los aires

sin forma, estrepitoso,

dado en préstamo a las nadas

y devuelto a todo aquel y a toda aquella.



Era él.

Ignorante de renormas, permeable sólo a tí.

preguntándose civil e inquieto

lo que no se debe hacer

lo que no es posible omitir

lo que no sé saber:

natación estilo libre en la tinta de las leyes.



Y así marcha, debidamente custodiado,

señalado por mil dedos de mil manos

braceado por mil brazos

y no abrazado.



Ha sido visto, sí, también en el parque

donde todos juegan y hablan;

allí oiríamos su cuestión

se escucharía su amable verbo

(es verdad)
Se podría oír, lo prometo.










Acta de rendición


Estimados señores

estimados padres y madres de la patria y de la matria

redactores de partituras

-próceres de lo legal e ilegal;

estimados dueños de los papeles,

del dinero marcado y los baños de burbujas,

de todas las mesas reservadas

y de todas las últimas palabras:


Desde mi libertad condicional

declaro mi rendición

y en este acto solitario

depongo el armamento:

que la tinta se desparrame sobre la mesa

y las pantallas muden a negro.



Sabed que la sola dimisión

del modesto combatiente,

ventolera incorrección

de un humano militante,

es final

de trayecto



La poesía me buscaba y en la sombra

de un quiosco

-reflejada en el relieve de la acera

y la persiana de otro bar –

me acorraló;

Pidió cuentas, las di en mano

cacheó mis vestiduras

me entregué; no es personal

por tanto

por tan poco y tan frugal

lo que el día os reservaba.



Estimados señores

estimados campeones del trabajo y de los días

dueños de otros dueños

jefes de otros jefes

os saludo

otra víctima de la poesía

se os rinde en las narices.



manuel uviedo
barcelona
manueluviedo(0)gmail.com


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