El caldero
Avenidas
Ha sido visto, manuel uviedo A primera hora de la tarde ha sido visto
según informan las agencias,
según se escucha en las reuniones
de padres,
en el cruce de la entrada del mercado
y en la calle de las tiendas.
Era él.
Siete equipos desplazados
al lugar o lugares de los hechos
reproducen la crónica directa:
relato de testigos presenciales,
informe de peritos especiales,
imágenes de archivos policiales,
difusas fotos ya rehusadas
por familiares solos como el frío
de una cuidada escalera.
Que era él se supo de inmediato
por la forma de sus pasos,
su silencio inobediente
y esa calma en la palabra.
Ocurrió sin más, sin razón y sin temor,
sin conocerse,
como suceden ciertas cosas bellas
en las estaciones y en los sueños:
un desmayo interior,
un gesto proyectado, apenas receptor
y apenas indolente,
pequeño impulso en hombro de padre firme,
afecto recogido de los mares y los aires
sin forma, estrepitoso,
dado en préstamo a las nadas
y devuelto a todo aquel y a toda aquella.
Era él.
Ignorante de renormas, permeable sólo a tí.
preguntándose civil e inquieto
lo que no se debe hacer
lo que no es posible omitir
lo que no sé saber:
natación estilo libre en la tinta de las leyes.
Y así marcha, debidamente custodiado,
señalado por mil dedos de mil manos
braceado por mil brazos
y no abrazado.
Ha sido visto, sí, también en el parque
donde todos juegan y hablan;
allí oiríamos su cuestión
se escucharía su amable verbo
(es verdad)
Se podría oír, lo prometo.
Acta de rendición
Estimados señores
estimados padres y madres de la patria y de la matria
redactores de partituras
-próceres de lo legal e ilegal;
estimados dueños de los papeles,
del dinero marcado y los baños de burbujas,
de todas las mesas reservadas
y de todas las últimas palabras:
Desde mi libertad condicional
declaro mi rendición
y en este acto solitario
depongo el armamento:
que la tinta se desparrame sobre la mesa
y las pantallas muden a negro.
Sabed que la sola dimisión
del modesto combatiente,
ventolera incorrección
de un humano militante,
es final
de trayecto
La poesía me buscaba y en la sombra
de un quiosco
-reflejada en el relieve de la acera
y la persiana de otro bar –
me acorraló;
Pidió cuentas, las di en mano
cacheó mis vestiduras
me entregué; no es personal
por tanto
por tan poco y tan frugal
lo que el día os reservaba.
Estimados señores
estimados campeones del trabajo y de los días
dueños de otros dueños
jefes de otros jefes
os saludo
otra víctima de la poesía
se os rinde en las narices.
manuel uviedo
barcelona
manueluviedo(0)gmail.com
según informan las agencias,
según se escucha en las reuniones
de padres,
en el cruce de la entrada del mercado
y en la calle de las tiendas.
Era él.
Siete equipos desplazados
al lugar o lugares de los hechos
reproducen la crónica directa:
relato de testigos presenciales,
informe de peritos especiales,
imágenes de archivos policiales,
difusas fotos ya rehusadas
por familiares solos como el frío
de una cuidada escalera.
Que era él se supo de inmediato
por la forma de sus pasos,
su silencio inobediente
y esa calma en la palabra.
Ocurrió sin más, sin razón y sin temor,
sin conocerse,
como suceden ciertas cosas bellas
en las estaciones y en los sueños:
un desmayo interior,
un gesto proyectado, apenas receptor
y apenas indolente,
pequeño impulso en hombro de padre firme,
afecto recogido de los mares y los aires
sin forma, estrepitoso,
dado en préstamo a las nadas
y devuelto a todo aquel y a toda aquella.
Era él.
Ignorante de renormas, permeable sólo a tí.
preguntándose civil e inquieto
lo que no se debe hacer
lo que no es posible omitir
lo que no sé saber:
natación estilo libre en la tinta de las leyes.
Y así marcha, debidamente custodiado,
señalado por mil dedos de mil manos
braceado por mil brazos
y no abrazado.
Ha sido visto, sí, también en el parque
donde todos juegan y hablan;
allí oiríamos su cuestión
se escucharía su amable verbo
(es verdad)
Se podría oír, lo prometo.
Acta de rendición
Estimados señores
estimados padres y madres de la patria y de la matria
redactores de partituras
-próceres de lo legal e ilegal;
estimados dueños de los papeles,
del dinero marcado y los baños de burbujas,
de todas las mesas reservadas
y de todas las últimas palabras:
Desde mi libertad condicional
declaro mi rendición
y en este acto solitario
depongo el armamento:
que la tinta se desparrame sobre la mesa
y las pantallas muden a negro.
Sabed que la sola dimisión
del modesto combatiente,
ventolera incorrección
de un humano militante,
es final
de trayecto
La poesía me buscaba y en la sombra
de un quiosco
-reflejada en el relieve de la acera
y la persiana de otro bar –
me acorraló;
Pidió cuentas, las di en mano
cacheó mis vestiduras
me entregué; no es personal
por tanto
por tan poco y tan frugal
lo que el día os reservaba.
Estimados señores
estimados campeones del trabajo y de los días
dueños de otros dueños
jefes de otros jefes
os saludo
otra víctima de la poesía
se os rinde en las narices.
manuel uviedo
barcelona
manueluviedo(0)gmail.com
