El caldero
Avenidas
El último brindis, Manuel UviedoHasta el fin,
hasta que no podamos más,
hasta que seamos cuidadosamente expulsados,
mientras no se derrita todo hielo ni sea desvelada toda imagen,
hasta que las rutas dibujadas oculten el mapa, y hasta que ese mapa sea el último mapa;
hasta que todo llegue y el poema final sea recitado,
hasta entonces y sólo entonces,
hasta que ese día se presente, por la mañana muy temprano,
con su pequeña noche de cada minuto y su recipiente vacío,
y el peso de las horas en tu hombro
y el dolor de tus manos en el mío,
con estas palabras vagando en todos los andenes de todas las estaciones, y puertos, y portales desiertos de calles sin nombre.
Entonces:
Acabado el discurso oficial, las canciones oficiales y los conocidos silencios oficiales;
como quien no quiere ni la cosa, ni la risa ni el humo...
haríamos bien en mirarnos a los ojos con que nacimos,
acercar las que, por esa sola vez, sean nuestras sillas,
y empuñar (hacia el cielo) los que siempre serán nuestros vasos
sucios por el llanto de los años.
Sólo entonces -victoria sobre el tiempo-
sabremos que llegó el último brindis .
Manuel Uviedo
manueluviedo(0)gmail.com
DIEZ VECES VENCEREMOS
Pd.Quiero enviar un fuerte y sincero abrazo. Y unos versos, que quisieran convertirse en realidad.
hasta que no podamos más,
hasta que seamos cuidadosamente expulsados,
mientras no se derrita todo hielo ni sea desvelada toda imagen,
hasta que las rutas dibujadas oculten el mapa, y hasta que ese mapa sea el último mapa;
hasta que todo llegue y el poema final sea recitado,
hasta entonces y sólo entonces,
hasta que ese día se presente, por la mañana muy temprano,
con su pequeña noche de cada minuto y su recipiente vacío,
y el peso de las horas en tu hombro
y el dolor de tus manos en el mío,
con estas palabras vagando en todos los andenes de todas las estaciones, y puertos, y portales desiertos de calles sin nombre.
Entonces:
Acabado el discurso oficial, las canciones oficiales y los conocidos silencios oficiales;
como quien no quiere ni la cosa, ni la risa ni el humo...
haríamos bien en mirarnos a los ojos con que nacimos,
acercar las que, por esa sola vez, sean nuestras sillas,
y empuñar (hacia el cielo) los que siempre serán nuestros vasos
sucios por el llanto de los años.
Sólo entonces -victoria sobre el tiempo-
sabremos que llegó el último brindis .
Manuel Uviedo
manueluviedo(0)gmail.com
DIEZ VECES VENCEREMOS
Pd.Quiero enviar un fuerte y sincero abrazo. Y unos versos, que quisieran convertirse en realidad.
