El caldero
Avenidas
Huelga decirlo, Manuel Uviedo Se comportaban como señores
enardecidos de normalidad,
arrebatados de sus piscinas y pulgadas
o acompañándose en silencio
con sus propiedades y sus larvas.
Tú estabas equivocándote en la cama,
en el bosque de reproches conocidos;
Dormías mucho, de lado, de espaldas
otra vez de lado y otra más de espaldas,
como aquella mañana de septiembre
en que no quisimos despertarnos
demasiado bruscamente.
Integrantes de grupos prosistema
agredían tus sueños a golpe flojo de billete
enfriaban las calles, estudiaban con odio
y superaban pruebas inexplicables o místicas
como exámenes de rara dificultad
sobre tratados de escasez pronosticada
sobre temas evidentes de nuestro tiempo
-como las áridas reglas del mundo del vino,
el vino que vino a dar reglas al mundo,
árido mundo al que vino la regla.
Eran letras obtusas, torcidas, enormes,
también diminutas, con algunas cifras invisibles,
intuidas sólo, pero ciertas en palabras de la Gran Confianza:
en palabras obtusas, torcidas, enormes,
también diminutas, con algunas cifras invisibles.
No pude ver más, no pude más.
Se comportaban así, como dueños,
y yo que apenas sé si el hombro enfriado
en que poso mis dedos es tuyo
o es de tus sueños.
Manuel Uviedo
manueluviedo(0)gmail.com
enardecidos de normalidad,
arrebatados de sus piscinas y pulgadas
o acompañándose en silencio
con sus propiedades y sus larvas.
Tú estabas equivocándote en la cama,
en el bosque de reproches conocidos;
Dormías mucho, de lado, de espaldas
otra vez de lado y otra más de espaldas,
como aquella mañana de septiembre
en que no quisimos despertarnos
demasiado bruscamente.
Integrantes de grupos prosistema
agredían tus sueños a golpe flojo de billete
enfriaban las calles, estudiaban con odio
y superaban pruebas inexplicables o místicas
como exámenes de rara dificultad
sobre tratados de escasez pronosticada
sobre temas evidentes de nuestro tiempo
-como las áridas reglas del mundo del vino,
el vino que vino a dar reglas al mundo,
árido mundo al que vino la regla.
Eran letras obtusas, torcidas, enormes,
también diminutas, con algunas cifras invisibles,
intuidas sólo, pero ciertas en palabras de la Gran Confianza:
en palabras obtusas, torcidas, enormes,
también diminutas, con algunas cifras invisibles.
No pude ver más, no pude más.
Se comportaban así, como dueños,
y yo que apenas sé si el hombro enfriado
en que poso mis dedos es tuyo
o es de tus sueños.
Manuel Uviedo
manueluviedo(0)gmail.com
