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LunesMayo21 ,2012
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Ocurrió en la reunión del lunes:

Mientras nadie miraba, pronostiqué dos cosas:
que no llegaríamos a un acuerdo,
y que nos diluiríamos en café y teclas.

Supuestos de hecho meramente intuidos,
que se hicieron realidad, como los sueños a veces.

¿Cómo podía ser?
¿Cómo os lo podría explicar, con calma, en esta noche?

Para alcanzar tales conclusiones necesitaba una base
una premisa o punto de apoyo, un pilar conocido
y más que conocido.
Buscaba una especie de señal que periódicamente se deja percibir,
como una luminosidad que parpadea en los ojos
-también en los tuyos.

Según ciertas variables
reconocibles desde la antigüedad
(el color de ese resplandor, su intensidad,
y hasta su frecuencia)
es posible deducir, obtener, concluir
pautas conductuales,
parámetros, concordancias,
líneas que conducen a otras líneas
y datos que, oportunamente cruzados,
se encuentran en una cifra
en una conclusión indubitada.

Así llegué a entenderlo,
a elaborar una predicción precisa
fundada en visiones del pasado,
un pronóstico que, sin embargo,
volvió a perder su vigencia
cuando, hágase la luz, decidiste
volver a mirarme.

Manuel Uviedo

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