Sábado Mayo 18 , 2013
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Barkazas de Atunes

Los sonidos de la esperanza

Él miró por última vez a la mujer escuálida, de rostro sombrío, y atuendo ennegrecido. Esta sombra se dirigía sin rumbo, como alguien que ha perdido la cordura, y presa de alucinaciones, deambula sin certeza ni determinación. Iba vestida con ropajes antiguos, vetustos, de colores oscuros, y un collar de esmeraldas brillaba en su pálido cuello. A lo lejos parecía, un ser desconsolado, que iba (o parecía) sostenida por cuatro buitres, los cuales con sus aleteos y graznidos, la elevaban un poco y la volvían a bajar a la tierra quemada. Parecía que se encaminaban al sur, allá abajo, donde florecían en primavera flores azabaches, y rosas azules. Pero… todo era soledad, y abandono, en este momento. El polvo se convertía en un suave remolino, y se apreciaba que iba protegiendo a la fémina; mientras esta huía, desaparecía, sin ninguna prisa, sin aspavientos. La quietud tramposa, envolvía el entorno con sus brazos de yermo. Allá a lo lejos, muy retirado, hasta donde puede ver la vista, se observaba una casona antigua, derruida, llena de una infinita tristura, y tapizada del más terrible desamparo. Un agonizante pajarraco, lanzaba sus últimos chillidos, como buscando entre tanta destrucción; a su madre, ya muerta, por la mano de un cazador de infortunios…

Él quiso volver a mirar la imagen que marchaba como una poseída, y volteó su cabeza extraña, para tal efecto, pero se dio cuenta en ese preciso instante que no veía nada, en lo absoluto. Un niño esquelético, blanco, de ojos verdes, y pelo rubio rizado; que de inmediato se advertía que padecía un hambre ancestral, y una sed agobiante, abrió los labios y un hilillo de sangre brotó, al momento que exclamaba: ¡No tiene usted ojos! Un ave de rapiña furioso, delirante, y haciendo gala de su poderío, llevaba en su peligroso pico, los órganos de la visión, y la sangre le manchaba el plumaje negro del pecho.
  
La ciudad enferma se encuentra en cenizas; y los edificios lloran agónicos, las casas  sufren colapsos, los departamentos expiran, los lugares públicos aniquilados, y demás construcciones arrasadas, están descansado su estructura en la superficie carbonizada. Sólo se escucha el silencio, si es que se puede oír, cuando todo está muerto. Los cadáveres de los habitantes yacen por doquier, miles en las sucias calles, cientos en las frías aceras, y un número no acreditado entre los escombros de las viviendas. El viento se carcajea de semejante calamidad, mientras le mira el trasero a la luna…: Gritó lo anterior, un paciente esquizofrénico (de finos modales), como tratando de describir el estado real de la metrópoli; o pormenorizar la urbe de sus maniáticos ensueños. Mientras reseñaba las ruinas del entorno, se iba desmoronando todo, convirtiéndose en puro lodo ardiente. Un cuervo embravecido se afilaba el pico, entre sus fuertes alas, para tener presto el “sable” de su boca, e iniciar el cruento combate. Todo era como una visión, que confundía el entendimiento…  
  
Es como si estuviéramos malditos, y hoy por fin hemos pagado nuestros pecados: Volvió a alzar la voz el pequeño famélico, al tiempo que otro plumífero le picoteaba los ojos verdes, y dejaba sólo las cuencas sangrantes, como un recuerdo del más puro amor…
   --¿Cómo te llamas niño?
   -- Antonio.
   -- ¿Y usted?
   -- No recuerdo mi nombre, por más que trato de hacerlo, mi cabeza se llena de pura penumbra, y unos ecos terroríficos me atormentan todo.
   --Ven, tómame de la mano, tenemos que desaparecer de inmediato de esta desgracia. No te sueltes de mí, como no tenemos vista ninguno de los dos, tendremos que salir de este infierno, utilizando los sonidos de la esperanza…
   --¡Sí, señor!

El Seis
 

El AutoStopinguista

Estaba anocheciendo cuando me encontré con el autoestopinguista, antes de parar, miré por el retrovisor y me cercioré de que mi hijo Jorge estaba profundamente dormido,  parece mentira que ya haya cumplido los doce años, como crece el condenado.

El caso es que paré, no sé por qué, no suelo hacerlo por lo que pueda pasar, pero esta vez me salté mis normas, igual fué que el joven autoestopinguista, de unos 20 años de edad, me recordó a mi juventud, o tal vez me dió el puntazo, da igual.

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Sala de espera en Trieste

Trieste es una extraña y decadente ciudad, recluida en los confines de Italia. Dice Claudio Magris que la exposición barcelonesa que le han dedicado a él y a su ciudad (La Trieste de Magris, en el CCCB), es la ficción de un lugar, un decorado, y también un arca, que navega, como si estuviéramos en los días en que el Lloyd Triestino viajaba a la China con buques de pasajeros y mercancías, como el célebre espresso Italia-Bombay-Shanghai. Trieste está en una lengua de tierra de apenas cuatro kilómetros de profundidad volcada al golfo, entre el mar y el territorio de Eslovenia a su espalda, aunque también este pequeño país, fruto amargo de las luchas fratricidas de Yugoslavia, tan relevante para muchos triestinos, se asoma a la península de Istria y al mar Adriático, con apenas quince kilómetros de costa, porque el resto de Istria pertenece a Croacia.

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Un cóctel de locura

He bebido de todo esta noche. Me he preparado un vodka, con algunos cubos de hielo, jugo de naranja fresca, una porción de cinco gotas de clonazepam,… y todo sigue igual. Busco entre los cajones de un moderno escritorio; encuentro cannabis, de buena calidad, la huelo, y me quedo con su olor, saco de entre las bolsas de mi pantalón de mezclilla, un poco de cocaína, me preparo con toda calma, un “primo”, lo enciendo, y lo inhalo, con un placer inmenso. Me miro un poco en el espejo de mi estudio; estoy lívido, pálido, cualquier persona diría: Es un (de)mente. Bebo con un gusto especial, cada trago de mi elíxir elevador del alma; mientras fumo suave, con calma, mi “cigarro cósmico”. Se escucha una melodía de blues antiguo, rudimentario, elemental, casi… como el sonido del dolor, el intérprete es blanco, y eso lo sé, porque, siempre me ha gustado más la música tocada por anglosajones. No soy racista, sólo es cuestión de gusto estético. Estoy que me devoro a mí mismo, en este momento, ahora, sólo es cuestión de lanzarse al vació, no es doloroso, adelante. Soy pura soledad,… en el sentido semántico de la palabra, “no soy”, aunque exista disfrutando del entorno. El tiempo a transcurrido, sin que me dé cuenta, cuando menos con precisión. Me preparo, como todo un maestro, un poco de mezcal, en un vaso escarchado, le deposito una porción de hongo enmielado, agua gaseosa, y jugo de toronja. Después se escucha: Sehnsucht, que invade todo el espacio, con sus bellas notas. Me siento en un sillón suave, limpio, cómodo, de color negro, mientras pruebo mi cóctel de locura, ¡oh!, está exquisito. No logro estar en mí, o si lo estoy, no lo sé, me siento, al borde del hastío. De pronto percibo una presencia, muy cercana a mi ser, alguien que se allega suave, como gata herida. ¿Quién será…?
--¡Hola, amor!
No pude contestar absolutamente nada.
--¿Cómo estás?
Iba a responder: me estoy muriendo, pero, mejor me quedé callado, como un muerto…
--Te puse música, para que estés alegre y feliz.
No era necesario, pero, es buena idea, pensé en lanzar las palabras, pero no lo hice.
--Te he estado esperando, tengo mucho tiempo aquí en este espacio, tanto, que hasta ya perdí la noción de todo.
--¿Eres la noche?
--No, soy Helena.
--¡Hola, querida!
--Te he estado observando un buen rato, cobijada en la oscuridad, y estás guapísimo. Pareces un ser etéreo, que viene de algún lugar donde sólo hay tristeza y abatimiento.
--Quiero no ser…
--¿Dónde estabas?
--En la metrópoli.
--Enciende un poco la luz.
Ahí está la dama bella; vestida con una bata transparente, blanca, sin corpiño, pero con unas bragas diminutas, de color rojo, medias blancas, y zapatos rojos. Es dueña de unas piernas perfectas, bien torneadas, que al moverlas es como una danza del placer eterno. Sabedora del efecto que me producen sus extremidades inferiores, me las muestra en toda su plenitud, ¿oh?, qué hermosa mujer. Me llevo a mis labios el vaso de cristal, para saborear otro trago del menjurje alucinógeno. Ella, retira de mi boca la “pócima”, y exclama: Dejemos para otro momento, tu bebida explosiva. Me besa suave, con calma, y sensualidad, primero, mis labios, después mi rostro, luego, mi cuello. Me quito la camiseta, es de color negro, hago lo mismo con el pantalón de mezclilla, y me quedo en puro calzón azul. Me lame todo el cuerpo, desde el rostro, hasta llegar al falo, donde se queda hechizada, por largo tiempo. Después se sube sobre mí, hacemos el amor, el coito, la cópula. Nuestros cuerpos son el vaivén mismo, el interminable movimiento, un temblor trepidante, hasta oscilante. Somos dos soledades en búsqueda, y una vez juntas no desean separarse jamás. No hablamos, ninguna palabra sale de nuestras bocas, sólo una magnifica sinfonía de gemidos, invade el todo. Es como llegar al Nirvana, sólo que nuestros vehículos son nuestros cuerpos, sanos, vigorosos, lozanos, llenos de sensualidad, y erotismo. Quedamos exhaustos, complacidos, como en estado de gracia, sólo nos miramos, como si hayamos consumido una droga deliciosa. Mi pareja bien sabe, que ella es mi única y mejor dosis, para elevarme hasta los pechos blancos de la luna.
--¿Te gustó?
--Me encantó.
--Lo sabía.
--¿Por qué?
--Es evidente que lo disfrutaste.
Iba a decir que sí, pero preferí quedarme callado. Además ella bien sabe, que me vuelven loco, desquiciado, sus piernas magnificas.
--Sabes que te amo.
--Lo sé.
Se levanta mi hembra, y elige una canción: Sanjay Mishra, y la música hindú se hace presente. Mientras nos preparamos, para saborear un licor helado, lleno de sabor y locura. –Todavía sigues viendo a la adolescente, de un lunar en la comisura izquierda de los labios, creo… que se llama Nubia. Pienso que contesté en sentido afirmativo, porque, la imagen de la pequeña me invade todo. –No creo que sepa fornicar como yo, ¿o me equivoco? Si es que respondí (no lo recuerdo), dije que no. --¿Entonces porque la sigues visitando? Me volví a servir otro trago de baco, y hacía como que no la escuchaba. –Tengo seis mese contigo, y me fascina estar a tu lado, aunque tengas muchas amantes. Nunca te he visto con una fémina horrible, fea, vulgar, sé que tienes buenos gustos, hasta la exageración. Tomo un cigarrillo blanco, le prendo el cuerpo, y le empiezo a quitar la vida en cada inhalada. No tengo deseos de escuchar a mi amante en turno, bueno no de esos temas… --No te estoy reclamando nada, cuando te conocí, recuerdo que me comentaste: Yo tengo muchas chicas bellas, espero no te moleste. Además ya me habían comentado un poco sobre ti, y sabía perfectamente, como te comportas en la vida. La miré inquisitivamente, y se calló por un momento. Le entrego unas líneas de cocaína, y la invito a saborearlas. Pasó el tiempo, como jinete degollado, dejando en su cabalgar, sólo polvo añejo. Estamos como dos esculturas de mármol, esculpidas sólo por las manos de la orfandad. En ese preciso momento timbran en mi puerta de madera, se escucha como un anhelo, que desea llegar hasta mis huesos. Me extraña que Helena no abra, es más… estoy esperando. –Puedes atender, amor. Me levantó, sin prisa, y el sonido, como un violín desafinado, no deja de llorar. Quitó el seguro, y ¡ahhh!, ahí está ante mis ojos de miel, la entrañable mujercita, de falda corta, ojos tristes, cuerpo perfecto, y esa sonrisa enloquecedora. –Hola mi vida. ¿Cómo estás? La abrazo con mucha sensualidad, mientras le levanto la falda, para mirarle el trasero de ensueño, trae puesta una tanga de color rojo fuego. Le toco con un goce desmedido sus glúteos perfectos, diseñados por la pasión de sus padres. Me besa con todo su amor, y una enorme exaltación sexual. –Es bueno verte, me haces falta, mucha. Tenemos seis días que no hacemos el amor, te requiero, ahora. Le contesté que a mí todas me necesitan, siempre, toda la vida. Después, un sentimiento extraño, me hace sentir muy bien, perfecto, como un psicótico, recibiendo electrochoques. Llega al sillón, (ese cuerpo encantador) donde hace, algunas horas he fornicado, y se sienta, ya está en ropa interior. La desvisto toda, y la contemplo a mi entera satisfacción, ordenándole que asuma diversas posiciones, sólo para mí. La acomodo en forma ideal para iniciar el acto sexual, cuando se aparece Helena, y me explica: --La invité, considero que la necesitas, con urgencia. Siempre me preocupo de ti, bien lo sabes, querido. Inicio con mis actividades sexuales, con mi pequeña, disfruto de todo su lindeza. Ella si habla, suspira, gime, y hasta me rasguña la espalda. Mientras grita: Todas mis amigas te amamos, te deseamos, te admiramos, te adoramos, eres nuestro amor, el mejor de todos. Entretanto, cerca de la cama nos observa mi amada de piernas esplendentes. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos amándonos, lo que nunca se me olvidó fue el placer tan inmenso, de copular con semejante cuerpo. Fue exquisito. Ahora tengo a mi disposición (en este momento) a dos seres hechos para el amor total, y me pertenecen.
--Brindemos.
--¡Claro!, amor, exclamó Nubia.
--¡Salud!, querido, me dijo Helena.
--Las quiero a las dos, son muy hermosas.
--Nosotras somos tuyas, siempre.
 Allá afuera; la gente mediana, común, busca cuestiones tan absurdas, como incrementar su haber económico, su posición social, y hasta pierde el tiempo en lastimarse, en odiarse, y en llorar furias.
--Ja, ja, ja. Yo Alejandro, “sumo sacerdote” del hedonismo, me siento feliz, con mis dos lindas y exquisitas feligreses.
 
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El Niño Criminal

Jean Genet * fue novelista, dramaturgo y poeta. De padre desconocido y abandonado por su madre a los pocos meses de nacer, pronto fue entregado a una familia de acogida. Desde pequeño tuvo conciencia de no pertenecer al mundo que se le ofrecía y comenzó muy pronto a enfrentarse a él: cometió su primer hurto con diez años y, tras varios robos y fugas, fue encerrado en la Colonia Penitenciaria de Mettray. Fue desertor del ejército, vagabundo y ejerció la prostitución.  Empezó a escribir en la cárcel y más tarde sería apadrinado por autores e intelectuales franceses, entre ellos Sartre.

Con este revuelo que se ha armado con los disturbios de Londres me encuentro de nuevo con la figura de Genet, y me lo imagino regodeándose, enorgulleciéndose de sus niños a los que una y otra vez elogió en sus textos, en sus libros y en una de sus discursos en los que se reafirma en sus orígenes y rechaza la moral burguesa desde sus entrañas, “El Niño Criminal”.

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(1)

La hipoteca por pagar, la madre por llamar, la cena por organizar y la amante por cumplir. Aun no había puesto un pie en el suelo y ya debía demasiado al día. Cinco minutos más, cinco minutos más. Tardó un rato en despertarse del todo, pero su Blackberry insistía. Lo peor no era la alarma, sino el atasco de emails y mensajes cortos parpadeantes en la pantalla.

Esta vez no encendió la radio como solía hacer, ni preparó el café, ni la ropa. No encendió el portátil para leer superficialmente noticias que no le interesaban para poder luego comentarlas con sus compañeros en la oficina, no. La resaca inesperada le empujó a abrir la ventana, y pudo por fin respirar el aire puro de la ciudad contaminada.

Asomó la cabeza entre arcadas. Se quedó observando desde su séptima altura el parque de abajo. Entre los columpios y la zona canina unos yonkis se acumulaban en los bancos, fumando, bebiendo, tal vez pinchándose. Capitalizaban cada baldosa, cada papelera, de ese cementerio ajardinado diseñado para niños y perros sonrientes. Quiso sentir lástima, pero no pudo. Algo en su tripa subía y bajaba, además del alcohol; la puta envidia. Al menos ellos eran conscientes de que estaban enganchados a algo.

Diego Morales de Urioste
 

La fábrica del Sida. Eterno

Si me hubiera dormido hace dos horas al menos hubiera descansado cuatro, una pequeña tregua después de un vertiginoso día. Todos los días se parecen a este, y empiezo a tener la sensación de que no descanso, de que mi cuerpo es un amasijo de alambre con forma humana.  Guardo el equilibrio a duras penas, y no retengo mis pensamientos. Menos mal que me he acostumbrado a ello pues antes me producía una ansiedad de caballo que se hacía dueña de mí. Mi cuerpo se parece a uno de esos que ves en las películas sobre los campos de concentración nazi. Soy portador del VIH pero mi deterioro físico no es producto de mi posible enfermedad.

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Evocaciones de una ciudad agónica, El Seis

No es fácil morir, aunque siempre hay alguien que piense lo contrario”. Las calles estaban ardiendo; mientras caían del cielo ráfagas de aire hirviendo, y del suelo emergían burbujas de fuego. Las casas habían perdido su estructura real y una “nueva” visión virtual, reflejaba el paisaje urbano, como una maldición eterna. El cielo lleno de cólera se mostraba en todo su esplendor… y se desnudaba todo, con la finalidad de hacer del entorno un infierno. Llamaradas de odio candente invadían las avenidas principales, hasta llegar a los bulevares de la ciudad enferma. Todo era una caldera al rojo vivo… “Ojalá llueva hierro derretido, y se pegue sobre nuestras epidermis blancas, para sentirnos con algo de vida, vida”. El pavimento estaba llorando de calor, y sus lágrimas negras, eran chapopote. Las banquetas en otro tiempo firmes y fuertes de tanto concreto; hoy estaban endebles, débiles, y hasta parecía que serpenteaban todas y trataban de huir de semejante caos… Las alcantarillas salían volando sin rumbo fijo, cuál corcho de botella de champaña, y se creía que llegaban hasta las faldas de la luna decapitada. “Estoy agonizando todos los días, y lentamente me voy acercando a mi ataúd morado, para descansar mis huesos quebradizos”. Los árboles frondosos en otros tiempos, estaban extinguiendo su vida verde, y entregados al sopor, sólo esperaban ser cortados con serruchos eléctricos. Era un panorama de locura, todo se consumía entre los aires llameantes, que cubrían toda la urbe adolorida. Un perro lanudo y blanco, sacaba la lengua, como buscando con ahínco un poco de brisa fresca del mar ebrio, mientras su cuerpo estaba apunto de reventar todo. Un pájaro azul claro, con pecho amarillo, y cabeza escarlata, hizo algunas piruetas desordenadas y cayó muerto sobre las manos de una prostituta bella, hermosa, preciosa, agraciada, y esta dama, lo tomó en sus manos suaves, como si fuera su hijo. “Un hilo de sangre sale de mis labios, pero en lugar de preocuparme me siento agradecido y hasta me palpita el corazón de dicha como un condenado, aún existo”.

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El frigorífico ya no era tan blanco, Toño García Ibarra

2. Hola y Adiós. Ella.

- Y tú, ¿qué haces con tu vida? -preguntó la chica con una más que sincera curiosidad, casi preocupación, por culpa de una cara que reflejaba abatimiento y cólera a la par. Rabia y cansancio, y sueño, con toda probabilidad. Rabia hacia sí mismo, una rabia que brillaba en sus ojos cuando decía yo, o cuando le decían tú.

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Para quién se escribe?

Aldo Novelli. Empecé a escribir en la pubertad para mí mismo. encerrado en mi pequeña torre de marfil, una miserable pensión de una ciudad nefasta.
Un día abrí la puerta y salí al mundo y descubrí que nadie me conocía, que el mundo era inmenso y ajeno, entonces regresé a mi buhardilla y me puse a escribir para el mundo. Salía a caminar, hablaba con desconocidos y escribía sus historias de fracasos y deseos irrealizables.

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Con los perdedores hasta el fin del mundo

Mientras paseo por Independencia, con independencia de mi destino,  en busca de un libro de Pío Baroja, “El Mundo es ansí”, me imagino las calles tal y como las veo, con la misma música de fondo pero obviando el ruido de nuestro tráfico rodado.

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Carlos, de Eterno

Carlos es un captador de socios para ONGs, con una facilidad de palabra nada execrable. Hoy me ha detenido en plena calle solo porque a mi compañera le parecía atractivo y hemos tenido una extensa conversación primero sobre el papel de ACNUR y luego más en concreto yo le he cuestionado los créditos FAD y ciertos Premios Nobel de la Paz. Ha sido una conversación un tanto frustrante para mí, egoístamente he pensado que no eran horas para hablar de ciertos temas. Tengan en cuenta que eran las dos y media de la tarde y hay ciertas necesidades según la pirámide de Maslow que no estaban del todo cubiertas para empezar a hablar de arreglar el mundo con 10 euros al mes.

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Nit (noche)

¡Quién iba a decir a nuestra gata Nit, que su artículo, “Cuando un gato llora”, ha sido leído por más de diez mil personas! Este dato lo baso en las lecturas que registra Kaosenlared, aunque este escrito ha sido difundido por más publicaciones amigas. Por lo que me siento en deuda con todos los lectores y creo que Nit bien se merece que les narre cómo le ha ido desde entonces.

+ Barrio del Carmen
   

Sofía, de Eterno

Sofía ha encendido ya su segundo cigarrillo, camina por la misma calle una y otra vez, al mismo tiempo que con una de sus huesudas y temblorosas manos lleva el cigarrillo a la boca. Con la mano libre se quita el flequillo de su sudorosa frente.  Lleva un vestido negro, más bien corto, con un cinturón dorado rodeando su cintura. Parece una puta madura que no consigue ni un puto cliente,  con sus ojos inyectados en sangre, parpadeando y con el iris en alguna parte, en alguna parte del mundo, de su mundo.  

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La caída de la casa Morales. Eugenio Castro, Noé Ortega, Claudia

El 23 de agosto de 1940 Leonora Carrington, escritora y pintora surrealista fue ingresada en la Clínica Psiquiátrica del Dr. Luis Morales, en Santander. Varias circunstancias conducen a este encierro. La invasión nazi de Francia, que tiene a Max Ernst entre los millones de víctimas. Max Ernst y Leonora Carrington mantenían una relación amorosa. Por segunda vez él fue apresado y encarcelado en un campo de concentración, en  mayo de 1940. A partir de ese instante ella entra en un estado de alteración mental agudo que le conduje hasta Madrid y, considerado como loca, a Santander.
Grupo surrealista de madrid
  
   

El señor senador, de José Luis Carretero Miramar

No tengo demasiados problemas ahora mismo. Tan sólo es que ya no me fían  en el Club de la playa. La visa oro ya no es utilizable, pero en el Palace todavía no me han dicho nada cuando voy a desayunar.
El otro día estuve hablando con el presidente del Partido. Por supuesto, lo grabé todo, no quiero que luego niegue hasta que me conoce. Voy abandonar el escaño, pero que ni sueñen estos que voy a devolver el carnet. Les he hecho de oro, ¿no? Pues que apechuguen.
La verdad es que era divertido. De aquí para allá con las maletas y las bolsas de basura. De casa de Pedro a casa de Pablo. Del Ayuntamiento a la constructora, por ejemplo.
Todo el mundo debería tener su oportunidad. Aunque conservador, soy lo bastante abierto para reconocer que la malhadada suerte no nos trata a todos por igual. A mí ahora, por ejemplo, me está jodiendo. Pero lo cierto es que estos últimos años me ha tratado de lujo
Acaricio a mi perro, que me lame la mano con mansedumbre. Acaricio a mi Ferrari rojo, que responde con un leve destello que sólo yo percibo. Acaricio a mi mujer, que aparta suavemente la mano. Acaricio a las chicas del Club, aunque ahora menos, porque ya no me admiten la tarjeta ni soy cliente VIP al que invitar.
Tengo una foto con el Rey. Y miles de horas grabadas de conversaciones con alcaldes, diputados, gerentes…hasta conserjes. Las tengo guardadas en una caja fuerte en un banco extranjero, adonde voy vestido de alegre funcionario de clase media, pues allí nadie me reconoce.
Soy un hombre feliz pese a todo. Pese a que la televisión se esté metiendo conmigo. Pese a los insultos de la gente del otro Partido (el otro día cené con ellos). Pese a que sospecho que mi mujer ha intentado envenenarme alguna vez (realmente no lo haría, soy demasiado productivo para ella).
Tengo un tigre en el jardín (dentro de una jaula, por supuesto), una cabeza de jirafa disecada en el salón, un equipo entero de colaboradores con mirada perruna y fidelidad acrisolada.
Y, sin embargo…

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En el río, Jose Luis Carrretero

Vivía entre basura. Latas, cartones, una manta vieja, Bricks vacíos de vino peleón. Dormía bajo un puente atravesado por el río Manzanares. Solo, sucio, con los nervios doloridos por el frío de la primavera que aún no se había resuelto en verano.

Les vio venir enseguida. Cuatro tipos de traje, aunque con zapatos baratos. Andando dificultosamente por el terreno escarpado y lleno de desechos. Les observó desde una distancia discreta, mientras iban interrogando a todos los seres humanos que había por allí: un pescador, otro mendigo, una toxicómana harapienta que dormía al otro lado del cauce.
Eran tres hombres y una mujer. Tres hombres jóvenes con traje y corbata. Uno llevaba un maletín de cuero marrón y otro uno negro. Pero no llevaban gomina ni relojes caros. La ropa no era de marca y era evidente que buscaban algo. Absorbían con ojos muy abiertos y gesto inquieto lo que les contaba la chica drogadicta, sin varios dientes, pero con una cierta belleza animal, que les señaló su dirección.

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La pelea por la mierda, Fernando Luis Pérez Poza

Recuerdo que en mi ciudad, Pontevedra, hubo un Alcalde, el profesor don José Filgueira Valverde, que pasará a la historia por haber permitido y autorizado que una papelera, una fábrica de papel, se instalara en la boca de la ría. La argumentación utilizada fue la misma que se emplea ahora, por parte de algunos regidores municipales españoles, para defender la construcción de un cementerio de residuos nucleares en su demarcación territorial: la creación de puestos de trabajo, revitalizació n de la comarca, etc.

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Desde la atalaya, Fernando Luis Pérez Poza

En esta atalaya editorial en la que vivo, a menudo me pregunta la gente qué es la poesía para mí. Y la verdad es que me resulta difícil elaborar una respuesta. ¿Qué será? ¿Lo sabe alguien? Pienso que, para la mayoría de los poetas, disconformes con la realidad material, es, principalmente, una válvula de escape, una manera de trascenderse a sí mismos y sobrepasar los límites de la realidad del ser.
Durante muchos años traté de ajustarme a los patrones de la existencia que la mayor parte de las personas que me rodeaban consideraban adecuados. Así ocupé cargos pomposos en numerosas administraciones, seguí los dictados que los oficios funcionarales me imponían como una disciplina laboral de ocho de la mañana a tres de la tarde, comulgué con las ruedas de molino con que la sociedad crucifica a los seres casados y con obligaciones familiares, pero no fui feliz. Ni los hoteles de lujo ni el desenfreno de un presupuesto disparatado para los compromisos protocolarios consiguieron que mi espíritu se sintiera sosegado.

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Dos rompetechos en apuros, Fernando Luis Pérez Poza

Había pensado pasar el fin de año en Sardegna, en compañía de mis amigos Gabriel Impaglione y Giovanna Mulas, pero las cosas casi nunca salen como uno espera o planifica y circunstancias ajenas a mi voluntad me obligaron a cancelar el desplazamiento previsto. Tal vez por eso, abandonada la opción italiana, acepté sin rechistar la oferta que me hacía la poeta gallega, residente en Valencia, Mila Pérez Villanueva, para viajar a la capital del Turia, o del exTuria, ya que dicho río ha sido desviado de su cauce y ahora ya no cruza la ciudad, y hacerle una visita. Y tengo que decir que no me arrepiento de que las cosas hayan discurrido así, porque los cuatro días pasados allí han sido tremendamente enriquecedores, como casi todo lo que me sucede últimamente. Realmente me siento un ser privilegiado y considero que todo lo vivido hasta ahora supera ya con creces lo que esperaba de la vida.

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El barón Hausmann sube a los cielos, Grupo Surrealista de Madrid

¡No, todas las cosas extrañas, inquietadoras y escalofriantes del barrio Chino barcelonés, como los del Chinatown londinense o los del barrio neoyorkino su tocayo, no existen sino en la leyenda!... No;  estas cosas para poder ser han de poseer clandestinidad. Os aseguro que para poder acabar con él no hay mejor sistema que tolerarlo y... vigilarlo. Un barrio sospechoso donde todo el mundo haga lo que quiera, pero donde al primer delito (...) esté la policía allí, dejará de ser pecaminoso y será inocente como un baile benéfico de damas catequistas.
Antonio de Hoyos y Vinent, 1930

Puesto que Lavapiés es un barrio poblado por mahometanos, beduinos, cabileños, cafres, zulúes, pigmeos, patagones, mayas, mohicanos, esquimales, coolíes, mongoles, tasmanios y canacos, por no hablar de algunos indígenas residuales que muchas veces son los peores, la autoridad competente ha decidido decorar sus calles con adornos, tecnológicos por supuesto, pero que por su apariencia sin duda recordarán a estos salvajes su terruño natal. Por eso se han levantado unos airosos soportes de metal sobre los que descansan cual ídolos pánicos unas utilísimas cámaras de vigilancia, a la manera de un tótem del siglo XXI que deberá ser adorado y temido como los tótems del pasado...

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Pira funeraria y otras, el Seis

PIRA FUNERARIA
Capítulo I

Cuando él estaba muriendo dijo: Deseo ver a Marta. La dama llegó con ese cuerpo de diosa hindú, moviéndose, contoneándose, dejando en cada paso, algo así como: un suspiro de amor. Ella era dueña de un cuerpo diseñado por algún “artista cósmico”, donde dejó plasmado todo su talento: era una obra de arte. Lo que siempre llamaba la atención del divino cuerpo, era sus piernas largas, perfectamente formadas, y ese olor de mujer apasionada, que brotaba al cruzar sus extremidades inferiores. Tenía unos labios tatuados en su rostro, de color rojo carmesí, que cuando hablaba cualquier frase, parecía que salían nubes ebrias de su preciosa boca. La bonita (así le decían algunos) sólo tenía un amor, no le interesaba nadie en este planeta, que no fuera su siempre amado, su “hombre loco”... Semejante hembra (hecha de flores grises y exóticas) deambulaba, por el cuerpo del globo terráqueo, era hasta natural, que levantara las más vivas
pasiones de los hombres, que al verla, quedaban sometidos, hechizados, ante tanta belleza. De singular y exclusiva forma de relacionarse con sus “iguales”, era la dificultad misma (gritaba el coro mundano) ya que en realidad no le interesaba para nada, tener amigos, y mucho menos intimar demasiado. Y cualquier diosa muerta, (desde su tumba inexistente) se sentía inferior, ante la prodigiosa beldad.

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Tú, yo, el otro. Nosotros tres, Eterno

>My querido Men-Brillo te envío esta carta con la urgencia del que observa como una amistad se deteriora con el paso del tiempo y lo que antes frivolizábamos como niños desprovistos de cualquier escrúpulo o prejuicio hoy enturbia nuestra relación y la cercena dejándola huérfana de recuerdos y nostalgias varias. Creo que eres de los que piensan que la nostalgia además de pasajera es convencional y estrechamente conservadora, de los que se empeñan en pasar hoja y nuncajamás piensan que cualquier pasado fue mejor.  El presente no espera y el futuro esclavo del tiempo a penas nos deja margen de error.  No recuerdo ahora el momento de nuestro reencuentro cuando la transición era un grito frustrado y los fascistas se revolvían a tiro limpio para luego volver a sus escondrijos. 

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Crónicas y epístola de un eterno cabrón, Eterno

Mi querido Pichón te escribo con la esperanza de qué respondas a alguna de mis cartas o llamadas. No es mi intención obligarte o forzarte a hacer algo contra tu voluntad. Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos y creo importante mantener el vínculo que nos ha unido.
Recuerdas nuestros últimos días en París cuando el gobierno de Vichy tocaba a su fin y las tropas de los aliados anunciaban con su marcha la liberación de la Francia colaboracionista. Nosotros entre nerviosos y algo temerosos realizábamos los últimos preparativos del que sería el fin de la Resistencia y el comienzo de una nueva etapa llena de ilusiones pero también incertidumbres. No, no sería esta vez ni tampoco la siguiente, nosotros nunca triunfaremos simplemente ganamos pequeñas batallas que dan fin a la guerra y paso a lo que el pueblo decida libremente con la ayuda del siempre omnipresente estado.

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Las sandalias son para el verano, del eterno

Dicen que la energía se genera con el movimiento y nunca mejor dicho.
Hoy caminé  con “nuestras sandalias” como si fueran nuestras  zapatillas
de andar por casa, pregunté más de una vez cual era la dirección
que debería tomar para tal o cual calle. Y recuerdo las calles pero no quiero 
mencionarlas por eso de que me importa un comino en que escenario se
produce la crónica de hoy.
Me importan las gentes, sus cuerpos, sus voces, sus gestos, sus rostros...

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Cyrano viaja a la Luna, M.J. Barriobero

El sabor salado entre sus muslos, el ligero contoneo de su cadera que va acelerándose suavemente, el gemido quedo y penetrante que orada mi cabeza como un derrame de leche caliente…
Al subir a la casa me crucé con la vecina: evidente mala cara, ¿qué haré yo por allí a estas horas? A lo mejor es que sube mucha gente, o a lo mejor es que nunca sube nadie. El chirrido seco de las escaleras de madera bajo mis pies, los desconchones de la pared encalada hace ya muchos años, y esa mirada fija que persigue tus talones cuando se despegan del suelo.

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Crónicas despiadadas de un Eterno cabrón

I. Gijón y los Mentaguays.
"Todo sigue igual, igual que siempre.
Los niños vestiditos de azul y las niñas redecoradas para la ocasión. Los niños sacan pecho mientras ellas sonríen y murmullan en la barra de un Pub.
Todo aderezado con la embriaguez o la ebriedad que nos proporciona las
drogas, inclúyase alcohol. El espectáculo va comenzar ya han elegido ustedes su rol social. Estamos todos esplendorosos y joviales...

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Guardia del capital, de José Luis Carretero Miramar

No me gustan las comisarías. Odio los oscuros pasillos con olor a lejía y paredes malamente encaladas que conducen a la sala de interrogatorios. Una mesa vieja y un par de sillas, a lo más un ordenador grisáceo y mate, un par de estanterías repletas de expedientes sumergidos en una caótica vorágine. Ese suele ser el atrezzo, pobre e inundado de un gris lechoso, que decora el inframundo policial. Al menos como yo lo he visto.

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Sol de maig

De cop i volta fa calor, MOLTA calor. Ara mateix estic sense samarreta. m'estic traient els pèls de les aixelles ahhaha amb aquelles cremes depilatòries rares, que de cop ja no tens pèls. Avui portava una d'aquelles samarretes màniga curta, que són gairebé sense mànigues, però no arriba, i se'm veien els  pèls rossets, ara ho estic remeiant. Sigue...
   

Los muertos que nacen, Benjamín Lajo

... Fuerte, con ancho corpachón de campesino que recuerda la robusta y poderosa humanidad de Durruti. Un semblante enérgico y aderezado, ligeramente marcado por la viruela, los ojos vivos, la frente despejada. Un aire un poco selvático y tímido. Un hombre simple, modesto, aún hoy absolutamente inconsciente de que es un héroe.Continúa
 

Un instante, de José Luis Carretero Miramar

    Sus dedos se rozaron un breve instante. Un contacto nítido en una milésima de segundo. Una descarga eléctrica entre dos polos opuestos.
    El se ruborizó. No sabía donde colocar las manos, apoyando la espalda contra la puerta. Miró a la nada, dejó la mano muerta colgar a su lado como un fardo pesado. Clavó los ojos en el techo metálico del vagón.

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El segundo propicio, Felipe Andrés Pino Pardo

Abrió la puerta, ¿y qué encontró?… ¡nada!, era sólo su imaginación la que le jugaba una mala pasada, pero ¿es la imaginación producto de una verdad latente? ¿De algún deseo? Su vida siempre había sido lo bastante aburrida como para pensar que cualquier día vendrían por él, pero aún así lo sabía… inconscientemente lo sabía.

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Ah de la vandalía, M. Jesús Fuentes

Descifrado el último mensaje del enemigo, interceptados por las filtraciones espías en el mundo alano, se ha descubierto que vienen días de descanso y que la amenaza de palabras inusuales puede desequilibrar bandos.

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Ah de la vandalía, Mª Jesús Fuentes

Descifrado el último mensaje del enemigo, interceptados por las filtraciones espías en el mundo alano, se ha descubierto que vienen días de descanso y que la amenaza de palabras inusuales puede desequilibrar bandos.

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