El caldero
Barkazas
Las sandalias son para el verano, del eterno Dicen que la energía se genera con el movimiento y nunca mejor dicho.
Hoy caminé con “nuestras sandalias” como si fueran nuestras zapatillas
de andar por casa, pregunté más de una vez cual era la dirección
que debería tomar para tal o cual calle. Y recuerdo las calles pero no quiero
mencionarlas por eso de que me importa un comino en que escenario se
produce la crónica de hoy.
Me importan las gentes, sus cuerpos, sus voces, sus gestos, sus rostros...
Y he de decir que encuentro en la vejez, o en nuestros viejos un semblante
enérgico e incluso jovial, y en nuestros jóvenes la faz de la indiferencia
y cierta mueca de cansancio.
No sé si es por una cuestión económica o simplemente de responsabilidad y peso
pero mi realidad, hoy, es que prefiero que me guíe un anciano por los vericuetos de
una gran ciudad que no pierde sus viejas costumbres.
Un joven se cansa rápido de dar explicaciones y rehúye, un anciano se regocija por el mero
hecho de sentirse útil. Sí, es meramente generacional pero también va con los tiempos que
corren. Aunque no se lo tomen como una magnitud absoluta.
Si no fuera que el estrés se apodero de mí con tanto mareo burocrático, y ese espérese,
espere usted una semana, o incluso un mes. Espere usted que tenemos que comprobar
la vida laboral de su compañera vital, de vital importancia, y envíe usted su última
declaración de la renta a este número de fax, también debemos comprobar su ingresos
anuales, y no se olvide de la tarjeta de autónomos.
Espero yo que no comprueben también si estoy dado de alta o de baja, se encontrarían con
una sorpresa fatídica para mí.
Y todo para un puto piso y su consecuente contrato de alquiler, y todo en el caso de la
espera de un mes para pasar a formar parte de una bolsa de trabajo en el sector metal.
He pedido cita y pareciera peor que cuando la seguridad social te la da para una operación
, por ejemplo, de un quiste en la coxis.
Ah, aun me queda la voz que me despertó de plena siesta con tono amenazante y a través
de una llamada a mi teléfono desde un número privado.
-Es usted,Víctor josé.
-Sí, lo soy.
-Y cuando tiene pensado pagar las dos últimas facturas de vodafone.
-Pero.... ¿Cómo? Mi relación con Vodafone señor de voz amenazante
se ha extinguido hace tiempo. No pienso pagar nada, ustedes son los morosos.
Métanme en la rae, o en la real academia de las letras si quieren y hagan de
mi un número eternamente facturado.
-Pues aténgase a un contencioso-administrativo.
-¿Como? ¿Qué?. No me joda, el que tenía que denunciar soy yo, he estado tres años
con Vodafone siendo estafado y pagando cuotas para que me valiesen más baratas las
llamadas para en realidad pagarles incluso más. Y encima no habéis atendido una reclamación
que he hecho reiteradas veces.
-Yo solo digo que se atenga a un contencioso ¿Vale?
-Vale.
Ahí se acabo... Pero tampoco me ha afectado demasiado, y al final en el caso del
piso la propietaria por voluntad propia ha decidido que un seguro de alquiler es demasiado
costoso y burocrático para un simple contrato de arrendamiento.
Y a Vodafone no sé, supongo que les daré por culo, en su connotación negativa.
Moralina, al final las personas por encima de las voces metálicas y altisonantes,
por encima de los papeles, las clausulas muchas acaban siendo personas, y transgreden
muchas de las normas por las que se rigen para sobrevivir o defender su patrimonio. Se
arriesgan a ser benevolentes, todo un logro en esta época tan negacionista de todo.
Normal es que ocurra, lo anormal son las corredurías de seguros que se aprovechan de la
inseguridad del propietario y de la indefensión del inquilino para hacer su agosto.
Anormal es que Vodafone nos estafe cotidianamente haciendo de la comunicación un negocio,
un filón de oro.
Y normal es conocer a Norman,de Normando una persona fuera de toda esa lógica de mercado
y más cerca de la vida que muchos millones de millones de especuladores sin escrúpulos.
Dedicado a Larra, y a Ele, mi importancia vital, y a Norman de Normando, el principio de una
amistad.
Eterno
Hoy caminé con “nuestras sandalias” como si fueran nuestras zapatillas
de andar por casa, pregunté más de una vez cual era la dirección
que debería tomar para tal o cual calle. Y recuerdo las calles pero no quiero
mencionarlas por eso de que me importa un comino en que escenario se
produce la crónica de hoy.
Me importan las gentes, sus cuerpos, sus voces, sus gestos, sus rostros...
Y he de decir que encuentro en la vejez, o en nuestros viejos un semblante
enérgico e incluso jovial, y en nuestros jóvenes la faz de la indiferencia
y cierta mueca de cansancio.
No sé si es por una cuestión económica o simplemente de responsabilidad y peso
pero mi realidad, hoy, es que prefiero que me guíe un anciano por los vericuetos de
una gran ciudad que no pierde sus viejas costumbres.
Un joven se cansa rápido de dar explicaciones y rehúye, un anciano se regocija por el mero
hecho de sentirse útil. Sí, es meramente generacional pero también va con los tiempos que
corren. Aunque no se lo tomen como una magnitud absoluta.
Si no fuera que el estrés se apodero de mí con tanto mareo burocrático, y ese espérese,
espere usted una semana, o incluso un mes. Espere usted que tenemos que comprobar
la vida laboral de su compañera vital, de vital importancia, y envíe usted su última
declaración de la renta a este número de fax, también debemos comprobar su ingresos
anuales, y no se olvide de la tarjeta de autónomos.
Espero yo que no comprueben también si estoy dado de alta o de baja, se encontrarían con
una sorpresa fatídica para mí.
Y todo para un puto piso y su consecuente contrato de alquiler, y todo en el caso de la
espera de un mes para pasar a formar parte de una bolsa de trabajo en el sector metal.
He pedido cita y pareciera peor que cuando la seguridad social te la da para una operación
, por ejemplo, de un quiste en la coxis.
Ah, aun me queda la voz que me despertó de plena siesta con tono amenazante y a través
de una llamada a mi teléfono desde un número privado.
-Es usted,Víctor josé.
-Sí, lo soy.
-Y cuando tiene pensado pagar las dos últimas facturas de vodafone.
-Pero.... ¿Cómo? Mi relación con Vodafone señor de voz amenazante
se ha extinguido hace tiempo. No pienso pagar nada, ustedes son los morosos.
Métanme en la rae, o en la real academia de las letras si quieren y hagan de
mi un número eternamente facturado.
-Pues aténgase a un contencioso-administrativo.
-¿Como? ¿Qué?. No me joda, el que tenía que denunciar soy yo, he estado tres años
con Vodafone siendo estafado y pagando cuotas para que me valiesen más baratas las
llamadas para en realidad pagarles incluso más. Y encima no habéis atendido una reclamación
que he hecho reiteradas veces.
-Yo solo digo que se atenga a un contencioso ¿Vale?
-Vale.
Ahí se acabo... Pero tampoco me ha afectado demasiado, y al final en el caso del
piso la propietaria por voluntad propia ha decidido que un seguro de alquiler es demasiado
costoso y burocrático para un simple contrato de arrendamiento.
Y a Vodafone no sé, supongo que les daré por culo, en su connotación negativa.
Moralina, al final las personas por encima de las voces metálicas y altisonantes,
por encima de los papeles, las clausulas muchas acaban siendo personas, y transgreden
muchas de las normas por las que se rigen para sobrevivir o defender su patrimonio. Se
arriesgan a ser benevolentes, todo un logro en esta época tan negacionista de todo.
Normal es que ocurra, lo anormal son las corredurías de seguros que se aprovechan de la
inseguridad del propietario y de la indefensión del inquilino para hacer su agosto.
Anormal es que Vodafone nos estafe cotidianamente haciendo de la comunicación un negocio,
un filón de oro.
Y normal es conocer a Norman,de Normando una persona fuera de toda esa lógica de mercado
y más cerca de la vida que muchos millones de millones de especuladores sin escrúpulos.
Dedicado a Larra, y a Ele, mi importancia vital, y a Norman de Normando, el principio de una
amistad.
Eterno
