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LunesMayo21 ,2012
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Tú, yo, el otro. Nosotros tres, Eterno

>My querido Men-Brillo te envío esta carta con la urgencia del que observa como una amistad se deteriora con el paso del tiempo y lo que antes frivolizábamos como niños desprovistos de cualquier escrúpulo o prejuicio hoy enturbia nuestra relación y la cercena dejándola huérfana de recuerdos y nostalgias varias. Creo que eres de los que piensan que la nostalgia además de pasajera es convencional y estrechamente conservadora, de los que se empeñan en pasar hoja y nuncajamás piensan que cualquier pasado fue mejor.  El presente no espera y el futuro esclavo del tiempo a penas nos deja margen de error.  No recuerdo ahora el momento de nuestro reencuentro cuando la transición era un grito frustrado y los fascistas se revolvían a tiro limpio para luego volver a sus escondrijos. 


En cambio nosotros salíamos de las madrigueras a las que nos condenó la clandestinidad, unos eran amnistiados y otros esperaban impacientes el rugir de un pueblo reprimido por una de las dictaduras más largas y cansinas de la historia. Al final todo quedó en concesiones, prebendas, retazos y remiendos que tejerían la estela de esta débil democracia en la que hoy se sigue rindiendo pleitesía a los estamentos más recalcitrantes y reaccionarios.                                                             En un chantaje en nombre de una paz en duermevela que nunca nos liberaría ni tendría la valentía de apuntar y condenar a aquellos que nos dejaron un pueblo sumido en el olvido y el miedo a que la historia no se repita de nuevo. Que aun hoy sigue sin saber muy bien en qué consiste la democracia y la soberanía.  Pero que vamos a esperar, eh, si sus principales representantes tienen la manía de actuar a espaldas de todos y a negociar desde la superioridad ideológica, algo que se reproduce hasta en las organizaciones más minoritarias. Desde el PCE hasta el PSOE, desde la derecha más recalcitrante hasta la más liberal todos pactaron una transición no traumática en aras de su poder. Sin analizar que tarde o temprano la democracia caería en desuso y su población se sumiría en el desinterés y la nula participación ciudadana.

De estos tejemanejes tu y yo, siempre hemos  pasado olímpicamente a sabiendas de que nuestro deporte preferido es la acción directa, sea como sea fuimos construyendo un grupo de afinidad envidiable para cualquier colectivo. Tú, yo y el otro  y todos los que se fueron arrimando por su eficacia, sus golpes de efecto. El secretismo y su irónico parloteo son jergas que atraen  a las féminas e incluso a ingenuos niños impacientes por ser como sus mayores.                                                                   Y así se nos unieron impresentables que no pueden mantener la boca quieta o que enseguida mezclan churras con merinas o auténticas relaciones de poder que mantienen en pugna a los artistas invitados.                                                                                                                                                       Para mí fue un craso error abrirnos en vez de perfeccionar nuestras técnicas y seguir por separado otros campos de acción social fuimos embriagándonos del poder que ejercíamos sobre los demás  y el aura que todos nosotros despertábamos. Nosotros tres tan distintos, y tan similares al mismo tiempo fraguamos una unión de las que muy pocos humanos pueden alardear.  Hasta que un 12 de Julio decidimos apoyar  una acción que en muy poco tiempo nos convertiría en adalides de una lucha  demasiado heterogénea para nosotros que no aceptamos que nos señalen con el dedo ni que nos guíen por vericuetos que no compartimos. 

Somos, hemos sido y seremos rebeldes dentro de los rebeldes, tanto que nuestra rebeldía puede llegar a ser un tanto cruel para mentes con escasa preparación.

Yo me perdí en lenguajes indescifrables que hoy me traen al pairo, en buscar significado en ciertos comportamientos humanos que no entiendo. Y así como un alumno aventajado en sus miserias recorrí las inmundicias desde mis carnes y llegue a este punto.  Abandone al colectivo antes que nadie y me convertí en el personaje que no era, transgredí mis propias reglas de comportamiento  y llegué a ser un manojo de nervios que tú con tu envidiable frialdad  supiste parar estando en el momento adecuado.  Que hubiera sido de mi Men Brillo si tú no hubieras aparecido con tu acelerado conducir y a veces un tanto convulso.  (seguro que nada, jajaja)                                                                                        Que hubiera sido de mí, amigo… Ahora que lo recuerdo con frialdad no puedo evitar el suspirar e incluso notar cómo se humedecen mis ojos que no mis labios, ¡capullo! No pienses mal que te conozco, jejeje…  Recordar la fidelidad que tuviste conmigo y que no supe agradecer por miedo a subyugarme a tus bajas pasiones y liadas nocturnas.                                                                                                                Sabes que no me hace ni puta gracia subyugarme a nadie ni dejarme llevar por sus inclinaciones por banales que sean.  Que soy indómito hasta en lo doméstico, y que el perro que hay en mí sigue latiendo como un sabueso jadeante.    

Pero he de decirte que he perdido aquello que me hizo titubear durante tanto tiempo y he recuperado la fuerza para volver a ser el inerme, el rancio ya sin su Hyde.  El juguetón y cariñoso cuando se precia, el sincero bocatrucha y agresivo transgresor cuando no le gusta la falsa purpurina que le rodea.                                                                                                                                                           Todavía en mi repiquetean las últimas palabras que me brindaste no sé si inventadas o no aquellas que apelan a bajas autoestimas porque por muy débil que parezca  lo soy porque me entrego a mis sentimientos y emociones. Sigo siendo el mismo eterno cabrón y mi ego está contraindicado para mentes carentes de nuestra  ubicuidad (1) y tan faltas de carisma. Y diles aquellos que no me conocen que mi valentía supera con creces su corteza cerebral, mi inteligencia  dobla las cortas miras, y que la unión de la que gozamos tú, yo y el otro nadie la puede describir más que nosotros  tres.

No sé lo que nos separó y lo que nos volverá a unir, si una mujer, si tus atrevimientos o los míos, si tus ofensas o las mías. Solo que en el fondo, muy en el fondo hay algo que nos hace del mismo  frío y vil metal.    

1.adj. Dicho de una persona: Que todo lo quiere presenciar y vive en continuo movimiento.



…de tu Eterno Cabrón



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