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JuevesFebrero09 ,2012
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Alimento para ratones, José Luis Carretero Miramar

Refulgimos en el límite,
iluminando las planicies.
¿Qué más da
si nos abrieron la cabeza?



ALIMENTO PARA RATONES.


SI NO ME QUIERES BIEN.

Si no me quieres bien
vete al diablo.

Gente errabunda,
perdida, gastada,
gris en traje gris.
Gente resentida y reseca,
lamiendo el polvo,
adorando el polvo,
siendo el polvo.

Gente sumergida
en un océano de tristeza,
de odio, de negrura.
Gente pidiendo cabezas.
Gente absorbida,
Dirigida, anhelante
de desbordar, pero contenida.

Gente rendida y temerosa,
agresiva y desahuciada.

Si no me quieres bien
vete al diablo.


SEÑOR DIPUTADO.

Óigame, señor diputado:
He descubierto
que vivo en el infierno,
que los balones de fútbol
de mis hijos
los cosen niñas ciegas y humilladas,
que usted me miente siempre,
que el riesgo-país,
la deuda externa,
los CDOs,
los derivados financieros,
que los corruptos somos todos.
He descubierto la alargada sombra,
la mano que mece la cuna,
el Big-Bang de mis angustias,
la razón final de mis desvelos.
Pero nada de eso importa,
señor diputado.
No se crea que me voy a enfadar.
Hoy ha ganado La Roja.



BUSCA EL SOL.

Busca el sol.
Huye de Tánatos,
de las estatuas renegridas y sucias,
del espíritu de la pesantez.

Mira tras el cristal que te encierra
y observa el día soleado,
el vestido rojo pasión,
las flores blancas bordadas
dibujándose en las curvas vibrantes
de la paseante.

Busca el tiempo.
Tu tiempo.
El sueño que soñaste
aquel día que te despertaste
sonriendo.
Busca ese amor fugaz
que pudo ser eterno
y tan sólo fue por un instante
para siempre.
El transeúnte que regala rosas.
El poeta que se sube a una escalera.
El obrero que pinta nubes perfectas.
Búscate a ti.


ABRAZADOS.

Abrazados.
Muslo sobre muslo,
sexo sobre sexo,
la respiración entrecortada.
Abarcando el universo
entre las manos,
entre la luz y la suavidad,
rotundo y pleno.
Esperando
sin temor ni ansiedad
al clímax,
a la ternura febril,
al amor sin castigo,
a la esperanza.

CAMINAMOS.

Caminamos
un día y otro día,
entre el sol y el asfalto.
Recorrimos las distancias
que separan
las ciudades con murallas
de los prados deshabitados.
Alcanzamos la línea leve y sutil
del horizonte.
Oteamos más allá,
gritando al viento fresco
versos tenues
y arrullos intensos.
Refulgimos en el límite,
iluminando las planicies.
¿Qué más da
si nos abrieron la cabeza?
El primer rayo solar
en el amanecer lento y rojizo
duda si vencer la oscuridad.
Tiembla,
se retira,
pero siempre vuelve.

AL ALBA.

La noche helada
anega mis párpados
entre las esquirlas de tu piel irrepetible.
Nunca volveremos a encontrarnos,
en este punto amnésico,
más allá de toda moral,
labio contra labio.
La mujer más bella del mundo,
dislocada e irradiante,
navegando en el marasmo.
El hombre más llameante de esta noche,
vencido y anhelando recordar
lo que el olvido más tenaz
matará en el rocío de la mañana.
Tus ojos se escaparon
y tu abrazo huyó
más allá de lo probable.




LA CLASE INDÓCIL.

La clase indócil
ronronea entre vaharadas
de sopor.
Rompe, a veces,
en una fría algarada.
Se derrama,
como una ola ahíta,
encuentra su cauce
entre el espliego
y los calambres.
La clase indócil
busca el futuro o muere
en un repaso vertiginoso
a la lección
del látigo y la sombra.
La clase indócil
irá al paraíso,
asaltará el cielo,
quizás,
uno de estos días,
o quizás,
sólo quizás,
lo hará dos veces:
Una por ella misma     
y la otra por la aurora.


EL UMBRAL.

Cruzamos un umbral
en las coordenadas ignotas
de un mar agitado y desconocido.
Atravesamos el estrecho paso
que conducía más allá
de las latitudes ordenadas de los mapas.
En el espacio en blanco,
descubrimos donde pacen los leones
y donde las jirafas devoran carne humana.
Estuvimos al otro lado
de las verdades, las mentiras y los sueños,
y de la febril esperanza
hecha retoño.


MINUESA.

Las llamas lamen con avidez
las paredes del bidón oxidado,
en el patio,
iluminando la noche
gélida y fantasmal.
Un bramido atronador
recorre las paredes desconchadas
de la nave.
Las guitarras desgajan con furia
cuerpos ateridos
que entrechocan en una danza
paroxística.

Oímos los rumores
de la caída de un muro
y acudimos a esta casa despeñada
a levantar nuevas banderas perdedoras.
Abrumados de ira y esperanza,
con mirada tenaz y gesto abrupto,
fundidos en el mar de oscuridad
del Madrid mortecino
en el que las ululantes sirenas
de los coches policiales
anunciaban el Nuevo Orden.


LA TERNURA TIENE CUERPO.

El cálido pliegue de las pieles
ahítas de alearse
y vibrar.
El exuberante festival
de murmullos,
suavidades,
húmedos roces.
La voraz oleada
de estremecimientos
y susurros.
Es decir,
el dibujo fatal
de tu mirada entre las sábanas.


José Luis Carretero Miramar.
joseluis.carretero(0)yahoo.es

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