El caldero
Los rios
Gente que hace girar el mundo (yo tan solo)Yo no pedí jugar.
La sal el vello las agujetas.
Convertirme en golem de látex.
Siempre acabo perdido
entre tanto laberinto, tanto remolino
y tanto desagüe.
La promesa era tan grande
para tan breve recompensa.
El sexo era tan fácil:
dos cuerpos batiendo palmas.
Gente que hace girar el mundo (yo tan solo)
Ruego a Dios y el mazo dando, no más versos
de sirope y músculos que crujen,
no más versos
de parejas y tus ojos y tu cuerpo
que me llena de sombras y desguaces.
Fase dos
del poemario: la certeza
del utópico futuro del poetiso.
Lo que observas no es más cierto
que aquello que vislumbras.
Gente tan enamorada que rompe cosas, que hace daño
a otra gente.
Muebles bar que ocultan miedo
y el horrible palpitar de tus pupilas.
Gente tan sola
en los abrazos, tan incómoda
en las presentaciones que se dan la mano
como finlandeses que se ven
después de varios lustros.
Cigarros que no acaban
en mi cenicero, la señal de mi
celibato es la pulcritud del vidrio
y de las sábanas.
Y tus labios amarillos, la nicotina
que se pierde por tus lunes, tus armarios y tu sexo.
No hace falta que te diga que me has hecho
tanto bien,
tanto deseo. Tantas cosas
que me callo y aun así existen, tantas cosas.
Tanta gente enamorada y yo tan solo,
gente que se esmera y disimula.
Gente que me observa.
Que sonríen.
Gente.
Yo tan solo.
Cuánta gente.
Solo. Yo tan solo.
Muerte I
Es tan fácil
escribir
saltó al vacío
ingirió la dosis
apretó el revólver
es tan fácil
convertirse en asesino.
Es la tarea del escritor:
hacer de la muerte algo bello.
Laberinto
Yo no pedí jugar.
La sal el vello las agujetas.
Convertirme en golem de látex.
Siempre acabo perdido
entre tanto laberinto, tanto remolino
y tanto desagüe.
La promesa era tan grande
para tan breve recompensa.
El sexo era tan fácil:
dos cuerpos batiendo palmas.
Jose Alberto Arias
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