El caldero
Luminaria
Guardiana de sueños, Benjamín Lajo Cosido A través de sus ojos se puede ver su vida dedicada a la docencia. Amparo Martí Vallbona, pertenece a ese grupo selecto de maestros y maestras que ejercen su trabajo sin creerse demasiado el significado de la palabra, Jubilación, pues, voluntariamente, sigue alentando y alimentando las mentes del porvenir. Dos veces a la semana, abre la biblioteca de Algimia de Almonacid. Un pueblo del Alto Palancia, en la Sierra de Espadán, Castellón. De aproximadamente trescientos habitantes. Con un bajo presupuesto (por supuesto) para cuestiones culturales, pero que goza de un Fondo Bibliotecario admirable y un espacio amplio, a pesar de las dificultades económicas.
Sus frecuentes Bandos Municipales, en los que insta a los niños (y no tan niños) a que vayan a la biblioteca a escuchar por la tarde uno de sus mágicos cuentos; como el que anunció días atrás este agosto: “El cuento del gato de la Señora Manolita”, que oí anunciar desde un bancal con mi azada “Callejana”. Me arrancó una sonrisa e hizo que detuviera lo que estaba haciendo para así poder enterarme qué es lo que había discurrido esta vez su desbordante imaginación y llamar la atención de vecinos, pequeños y mayores.
En la biblioteca, hay un rincón, un universo dedicado a las marionetas, donde Amparo deleita y transporta a aquellos que congrega. No importa si son cincuenta o dos. Ella, con su férrea voluntad, representa a los protagonistas de sus obras.
Continúa en barriodelcarmen.net
Sus frecuentes Bandos Municipales, en los que insta a los niños (y no tan niños) a que vayan a la biblioteca a escuchar por la tarde uno de sus mágicos cuentos; como el que anunció días atrás este agosto: “El cuento del gato de la Señora Manolita”, que oí anunciar desde un bancal con mi azada “Callejana”. Me arrancó una sonrisa e hizo que detuviera lo que estaba haciendo para así poder enterarme qué es lo que había discurrido esta vez su desbordante imaginación y llamar la atención de vecinos, pequeños y mayores.
En la biblioteca, hay un rincón, un universo dedicado a las marionetas, donde Amparo deleita y transporta a aquellos que congrega. No importa si son cincuenta o dos. Ella, con su férrea voluntad, representa a los protagonistas de sus obras.
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