El caldero
Luminaria
Low Cost“La magia del Capitalismo reside en hacer desaparecer aquello que más te importaba y sustituirlo por placebos, que van vaciando tu vida poco a poco, hasta que te das cuenta de que ya no eres dueño de tu propio destino. “
Hoy el desempleado, o el trabajador, trabajadora precaria puede permitirse el lujo de viajar por 20 euros a Londres, comerse un fish and chips y volver a otra vez a su tierra casi sin haber hecho la digestión. En su tierra seguirá siendo el mismo trabajador precario, el mismo desempleado de siempre pero habrá viajado por solo 20 euros a Londres. ¿A qué es maravilloso?
Que fantástica es la fiesta del “Low Cost”, la magia del capitalismo reside en esconder lo que no nos gusta y sustituirlo por purpurina. Pero sabemos inevitablemente que todo esto tiene un fin y un final, y que detrás de ese fantástico espectáculo hay otro trabajador precario, un avión precario, un derroche de combustible innecesario y seguramente una subvención pública que hemos pagado todos y todas con nuestro esfuerzo. Es como decir “que buenas son las Galletas Fontaneda” a sabiendas de que la empleada cobra una mierda y trabaja a destajo, y su vida esta supeditada a una famosa galleta. Además su marido trabaja en otra fábrica, esta del metal, trabaja unas cuantas horas más y cobra un poco más. Tienen tres hijos, y apenas pueden comunicarse con ellos, a duras penas consiguen ser sus padres. Y este año la mayor de sus hijos tendrá que encargarse de los dos menores porque no tienen otro recurso.
400 menores en Gijón en riesgo de exclusión
No se preocupen el sistema cuidará de ellos o le encargará a una Fundación sin ánimo de lucro, pero animosamente lucrativa, el papel que no desempeñaron sus padres. Si es que la culpa es de los padres que trabajan demasiado.
Nos indignamos con las consecuencias de una sociedad insostenible, con un ritmo de vida insostenible, menos mal, hoy, por fin, nos indignamos porque ya son muchos los que no miran para otro lado, porque el sistema ha cometido graves errores que tendrá que pagar. Pero quiere hacérnoslos pagar, y ya no miraremos para otro lado, o le echaremos la culpa al de al lado. No más comentarios del tipo, “si es que se veía venir, su madre prostituta, su padre en la cárcel y el niño en el reformatorio”. Nos rascaremos la cabeza y nos preguntaremos porque cada vez hay más casos de este tipo, y ya no solo en familias marginadas. Tantos errores del sistema, ¿en que hemos fallado? ¿Qué responsabilidad tenemos? Nuestra responsabilidad es haberles seguido el juego durante tanto tiempo, el no habernos negado a sacrificar nuestras vidas en nombre de un modus vivendi inviable, utópico, fantástico, espectacular, falso. Y el hecho de haber depositado toda nuestra confianza en una jerarquía obsoleta y caduca, que no funciona y perpetúa los intereses de unos pocos sobre el perjuicio de unos muchos.
Dirán que hay una contradicción y que he pasado de un tema a otro como quien no quiere la cosa. Sí, hay una contradicción, si el sistema se encarga de todo y nosotros no asumimos nuestras responsabilidades ¿Quién es el responsable? Reitero de nuevo.
Exacto, nos han hecho pensar que las consecuencias de nuestras vidas no recaen en nadie, que no debemos asumir esas responsabilidades, que con agachar la cabeza y trabajar es suficiente. Que la sociedad es individualista y que el egoísmo es el padre del deseo. Evidentemente nos han hecho depender unos de otros pero corriendo un tupido velo que dificultaba la comunicación y favorecía al individualismo más ciego, hasta que punto hemos dependido de un sistema productivo que produce fiascos, ficciones que poco o nada tienen que ver con la realidad.
Al parecer solo somos responsables de consumir, y mirar a otro lado para que la culpa no nos afecte demasiado pero ya no tenemos que ser responsables de ni de nuestras propias vidas, las multinacionales, los bancos, y el sistema se encarga de diseñarlas a la última moda. En el caso del “Low Cost” cuando haya un grave accidente porque su piloto lleva 24 horas trabajando, o porque alguna pieza del avión estaba más que obsoleta, nos dirán:
–“¡Qué catástrofe más inaudita!”.
Las personas somos responsables efectivamente y no entes impersonales, sin ánimo de lucro que gestionen “lo que hay”. Como si lo que hay no se pudiera cambiar con una sociedad más organizada, soberana y que otorgue el valor que se merece a lo público. Una sociedad capaz de mirarse al espejo, y que cada vez que la cuestionen sea capaz de asumir que va mal, que va realmente mal, y que algo falla. Que no hay recursos suficientes, que se agota el tiempo, y que uno de los valores incalculables de una sociedad es el empleo, o el autoempleo, o cualquier tipo de trabajo sea artístico, manual, intelectual que contribuya a una sociedad mejor pero que facilite una vida emancipadora, una vivienda digna, nuestros derechos universales y nuestras obligaciones como ciudadanos, que no son ir a votar cada cuatro años de nuestra vida.
No, no, no es eso lo que nos hace humanos y ciudadanos despiertos.
Yo también he comprado un billete “Low Cost”, también he comido Galletas Fontaneda, y comprado ropa hecha en Taiwan, o en China me da igual. Y me han hecho responsable de un montón de atrocidades en nombre del consumo desproporcionado y a costa de casi que todo lo humano y el entorno que le rodea. Pero el problema después de muchos años de sentir rechazo, repudio, culpa e incluso rabia es que nos han dividido, nos han distribuido por gremios concéntricos, por individuos con aspiraciones meramente competitivas.
Y hoy en lugar de tener todo en nuestra justa medida, después de tantos siglos, y siglos de evolución. Todo es desmedido, si trabajamos no nos da tiempo a vivir, sino trabajamos no podemos vivir. Producimos más de lo necesario, mucho más, y permitimos que deslocalicen los Centros de Producción, que permiten que los productos sean mucho más baratos pero que tengan un coste impresionante. Un coste que se paga en vidas, en contaminación, en explotación de los recursos naturales de otros países más débiles, y por la tanto conlleva también la explotación de sus habitantes. Y seguimos pensando que en el Capitalismo todo es más barato y accesible, todo es más fácil, y con ponerle un etiqueta de sostenibilidad ya lo hemos conseguido todo.
Low Cost señores, Low Cost. Por fin podemos permitirnos lo que nuestros padres nunca pudieron hacer, viajar en avión a un precio tan barato y a un coste tan desorbitado.
Dirán que divago si de este tema me voy a la Reforma de la Constitución que pone techo al déficit, diferencia entre gastos e ingresos, y aboca a nuestras autonomías a recortar peligrosamente sus gastos. Si es que divago demasiado. Una medida diseñada por las grandes potencias, y amparada por un sistema financiero que atenta contra la soberanía popular de un país introduciendo un cambio de sistema, el del Estado del Bienestar por el del MALESTAR CRECIENTE. Cuidado, no se indignen demasiado porque esto hace mucho tiempo que ha empezado.
Cuídense, cuiden a sus hijos y a sus hijas, y pongan los pies en la tierra que es la única que nos puede dar de comer. Y rebélense, o háganle el vacío a un sistema que se rellena de cifras macroeconómicas vaciando nuestras vidas y las del otro, el que ha cruzado el charco porque a su país de origen le han hecho demasiado daño ya. ¿Quién sería? El Low Cost o las Galletas Fontaneda.
Víctor José Cuetos González, Zarafobia, 2011
