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MartesMayo22 ,2012
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Retorno a la razón (o Duchamp y sus camaradas), Higinio Polo

Para Grazia Barbieri
Poco después del fin de la gran guerra, en una época difícil y desengañada, Francis Picabia se permitió afirmar que “el arte es un producto farmacéutico para imbéciles”. Era una frase provocadora, acorde con el espíritu nihilista y desengañado que surgió tras la guerra, y que hoy, noventa años después, podría servir para ilustrar la opinión (y para definir la actitud ante el arte) que tiene sobre el público buena parte de los críticos y sacerdotes de la cultura, y de los mercaderes y beneficiarios del gran negocio de las grandes exposiciones, museos y colecciones, y que hace posible timos para simples como los de Damien Hirst, capaz de colocar a precios disparatados un tiburón como una pieza artística o de vender un becerro conservado en formol, o los de Tracey Emin, ilustrada artista que nos coloca una “instalación” compuesta por su cama, sus sábanas manchadas de fluidos vaginales, condones utilizados, su ropa interior sucia, unas botellas y otras hierbas. Una soberbia estupidez. Pero ya se sabe que todo es posible en la época de las maravillas del capitalismo declinante, porque en ello hay millones y millones de euros en juego. Continúa

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